TRIBUNA FUTBOLERA

Hasta que suena el despertador

El partido del viernes fue como un entrenamiento de tiro al blanco por parte de Santos. Hacía mucho, muchísimo tiempo que no veía a un Monterrey tan minimizado. Santos hizo lo que quiso con los Rayados; en pocas palabras los Guerreros los trajeron de arriba para abajo y por todos lados. Soy muy sincero: el peor Monterrey de los últimos años que yo he visto. Pero Santos hizo lo que tenía que hacer. Castigó cuando pudo y le metió cachetadas constantes a su rival que estaba en estado de coma. Aunque al final el visitante resucitó, ya no tuvo el tiempo necesario para remediar las cosas.

Lo de Santos es curioso. El primer tiempo fue un tanto apesadumbrado; parecía que ni Santos ni Monterrey tenían bien definido lo que querían. A veces uno no sabe si Santos se anima o no se anima, si se atreve o no se atreve, si pega o no pega… y bueno, en lo que se decide (el Santos) nos tiene con el bostezo en la boca. Pero una vez que toma la decisión más atrevida, termina siendo un verdugo sin piedad. Monterrey sufrió eso y pudo ser más cruel su castigo. Santos es como una persona somnolienta que cuando escucha el sonido de su despertador por las mañanas se levanta, lo apaga para que deje de sonar y se echa a dormir un ratito más, pero luego, cuando se da cuenta que ya es tarde, abre los ojos por completo y de un brinco se levanta para pegar con puño de hierro.

Para eso tiene también a su ángel exterminador: Peralta. Ese no es un hombre, tampoco es un Santo. Sí, es un ángel exterminador. Hoy Peralta mide al tamaño de todo un país. Ya no solamente es la luz radiante del Santos, porque también es hoy la esperanza viva de millones de mexicanos que ven en él al salvador de la hecatombe de la Selección. Y no sólo juega él: hace jugar a los demás y los hace mejores futbolistas. Hasta eso sabe hacer Oribe; es tan generoso que de su esencia emanan gestos de generosidad que terminan contribuyendo al mejoramiento de quienes le rodean.

Victoria merecida y contundente. La afición se fue feliz y satisfecha. Hacía tiempo que necesitaban un partido así: con autoridad y calidad. Ayer su equipo se los otorgó. Lo del viernes es un triunfo que revitaliza el ánimo, la confianza y la certeza de que este equipo puede y sabe jugar muy bien. Este es el camino de la mejora. Muchas felicidades por el triunfo.