Tribuna futbolera

Secuelas del torneo para el Santos

En lo personal, y lo he escrito muchas veces, el equipo nunca terminó por convencerme. Santos hizo gala durante la competición de sus múltiples facetas, de su variada personalidad en los terrenos de juego y de su extremismo tan característico: Saben ser muy buenos y, también, muy malos. Eso es lo que terminaba desesperando a la afición. Hubo partidos en el TSM dignos para el bostezo porque los jugadores no divertían, no daban su 100%, no peleaban con la intensidad necesaria ciertas jugadas y balones divididos, etc. Todos esos detalles, señores futbolistas y cuerpo técnico, son los que se supone no deberían presentarle a su gente.
Estos “puntos finos” cobran fuerza y saltan a la palestra de la crítica (y si no, deberían) cuando en la semifinal de vuelta en el TSM el Santos genera un despliegue de intensidad y entrega total ¿Por qué no jugaron así todos los partidos del torneo? ¿Por qué hasta que tuvieron el agua en el cuello (o la garra, mejor dicho) le metieron todo el esfuerzo? ¿Por qué fueron a dar lástima al Estadio León? ¿Será a caso la típica mentalidad del mexicano que solamente actúa cuando la situación es crítica? ¿O simplemente sucumbieron ante un mejor equipo que ellos en prácticamente todos los sentidos? Quedémonos con lo último. Es una salida más sencilla y menos cuestionable. Por aquello de que el club siente como una gran ofensa que se les cuestione algo.
Obvio también hubieron partidos fabulosos que divirtieron a la gente; ahí aparecieron las mejores pinceladas de Quintero, Peralta y compañía. Es innegable el talento, pero cuando el talento a veces no puede, o no quiere, o comete constantemente errores puntuales (Quintero o es brillante o es muy bruto en el campo, por ejemplo) es cuando el Santos se desdibujaba a lo grotesco. Sí, todos los equipos tienen errores, podrá decir Caixinha en su típico tono encrespado, pero cuando su equipo se maneja bajo mensajes de presentar “una propuesta atractiva de juego para agradar a nuestra afición”, entonces debe dejar de incomodarse y simplemente decirle a sus dirigidos que en este equipo y en esta región se debe jugar con el corazón por delante, como lo hace el León.
Tal vez, si lo hicieran, el TSM estaría siempre lleno, sin huecos, y la gente ya lo tendría rebosante desde 1 hora antes del partido. Para que la afición asista con alegría y entusiasmo a llenar el estadio, es necesario cristalizar ese eslogan tan pronunciado por la directiva. Que se note que en este equipo nunca nadie se rinde en ningún partido, sea de la fase regular o de la liguilla.