Diario de campo

De medias verdades y medias mentiras

Como consejero del Instituto Electoral del Estado de Guanajuato (IEEG) no puedo dejar de referirme a la serie de acusaciones a las que nos ha sometido la prensa local en esta última semana. Una filtración malintencionada nos quiso colocar ante la opinión pública como rapaces avariciosos que deseamos depredar el erario en beneficio personal. Yo lo niego, y deseo exponer mi posición personal.

Algunos medios han informado que en el presupuesto 2015 incluimos un incremento salarial para nuestras personas del 47%, aunque otras fuentes señalan un 42% o un 35%, lo que evidencia el oscuro origen de la información. Nuestro consejero presidente Mauricio Guzmán ya ha explicado en varias entrevistas que no hay tal, que se trató de una partida de previsión para ajustes salariales en el año próximo, porque tenemos la intención de revisar a profundidad el actual tabulador. Debemos evaluarlo a partir de las nuevas condiciones que impone la reforma electoral de este año, que significó una refundación del IEEG, la transformación de las funciones institucionales y la mutación de la figura del consejero ciudadano –de tiempo parcial y no profesionalizado- en la del consejero electoral –de tiempo completo y dedicación exclusiva. También cambian las funciones y responsabilidades de otros trabajadores del instituto, que de igual forma habrá que ponderar. Se definió esa previsión presupuestal un tanto “al bulto”, porque a 20 días de haber juramentado el cargo no teníamos precisión sobre lo que nos exhibiría el necesario estudio de funciones y cargos a realizar en enero, que debería someterse al consejo general para justificar una reorganización tabular.

No mentiré ahora, pues no acostumbro hacerlo: sí se habló de la necesidad de ajustar los actuales salarios de los consejeros –que dejan de percibir una dieta de asistencia y se transforma en salario excluyente de cualquier otro-, pero nunca se expresó proporción o porcentaje alguno, pues no se le veía el caso ante la carencia de información en el momento. Acordamos discutirlo el año próximo, con más elementos. Y así presentamos el proyecto presupuestal a la consideración de los representantes de los partidos y a la del ejecutivo estatal. Luego se desataría el escándalo, basado en medias verdades y medias mentiras, y nos sorprendimos por la proporción señalada por la prensa, sencillamente desproporcionada y ostentosa. Nunca, lo juro, nunca se definió tal desmesura en mesa de consejeros.

Pongo ante mis lectores mi palabra, mi honor: nunca buscamos ofender a nuestros conciudadanos con una pretensión desproporcionada. Sí planteamos, es de bien nacidos reconocerlo,  la necesidad de que el ingreso compensara las diversas proscripciones a las que estamos sujetos, pues no nos pareció justo que se nos retribuyera al mismo nivel que antes, cuando las mismas no existían. Pero la dimensión se plantearía con sustento en información objetiva, y ante la vista de los representantes partidarios.

Considero que las responsabilidades, dedicación y restricciones legales a los que se enfrenta la actual figura del consejero electoral deben ser consideradas dentro de este debate. Ninguno de nosotros estamos aferrados a un monto específico, pero sí creo que el asunto debe ser analizado con seriedad por parte del ejecutivo, el legislativo y los partidos políticos. No me parece justo que se nos descalifique a priori a partir de una previsión que obligatoriamente teníamos que hacer para anticipar el incremento de todos los salarios del instituto en función de la inflación y de las nuevas responsabilidades que han asumido algunos de sus miembros.

Amigos lectores: les garantizo que no nos hemos hecho cargo del instituto para servirnos del mismo. Mis compañeras y compañeros consejeros representan una nueva generación de funcionarios profesionalizados en la función electoral, con dedicación plena a la misma y con un compromiso expreso y comprobable hacia el fortalecimiento de nuestra democracia local. Puede sonar retórico, pero juro que no es palabrería. Espero que podamos comprobarlo en los hechos por venir. Por esos hechos sí estoy dispuesto a someterme al juicio de mis conciudadanos, pero no por chismes.

(*) Antropólogo social. Consejero electoral del Instituto Electoral del Estado de Guanajuato. Profesor ad honorem de la Universidad de Guanajuato.

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