Diario de campo

¿Y dónde está el maestro?

Este año cumplo 30 de ser profesor. Nunca me preparé para la docencia, sino para la investigación, pero pronto me di cuenta de que una cosa no va sin la otra: la generación de conocimiento es insustancial si no se acompaña de la enseñanza. Por eso durante todo ese tiempo debí complementar mi formación con numerosos cursos de didáctica, estrategias en el aula, modelos educativos, gestión y administración educativas. Al final, creo que puedo presumir de ser, al fin, un buen maestro. Por eso me interesa el tema magisterial.

Además soy padre de familia, y debí lidiar con todo tipo de profesores y directivos de escuelas públicas y privadas. Unos, la mayoría, buenos; otros regulares y algunos pocos realmente malos. La profesión de la enseñanza refleja lo que somos como sociedad, y hay de todo, como en botica de pueblo.

Al final el profesor de banquillo, el de aula y gis, es el alma del sistema educativo, en todos los niveles. Por eso me duele tanto el desastre en que se ha convertido buena parte del sistema de educación básica de nuestro país. Décadas de depredación por parte de líderes venales y burócratas corruptos nos han llevado a un auténtico desastre nacional, donde la educación es el campo de batalla de intereses políticos y sindicales, y no catapulta para el desarrollo humano del país.

Los resultados del Censo de Escuelas, Maestros y Alumnos de Educación Básica y Especial (CEMABE), recientemente dados a conocer, siguen arrojando indicadores de ese desastre. Su información ha sido analizada y cruzada con otros datos del INEGI y de la SEP por parte de especialistas del Instituto Mexicano para la Competitividad A.C. (IMCO). Su informe está disponible en: blog.mejoratuescuela.org/mapa-del-magisterio-de-educacion-basica-en-mexico/

Primero destaca que cuatro entidades negaron la información de sus nóminas magisteriales (Nuevo León, Quintana Roo, San Luis Potosí y Tamaulipas), lo que hace sospechar que sus registros ocultan situaciones inconfesables, que sólo despiertan desconfianza. Otros ocho estados entregaron información incompleta o en reportes vacíos. Más de un tercio de las entidades sencillamente incumplieron con el requerimiento de información. ¿Por qué?

La plantilla profesoral (preescolar, primaria, secundaria y educación especial) está envejecida, con un promedio de 42.4 años. Eso evidencia la carencia de una política de incorporación de generaciones de reemplazo, y que los mayores de 65 sean beneficiarios de un retiro bien remunerado y estimulante. Los programas de retención y la desconexión de los estímulos de la carrera magisterial al salario base, desestimulan la jubilación de los profesores, que prefieren mantenerse activos antes de perder ingresos transitorios. Otra consecuencia es que los jóvenes profesores no encuentran acomodo en las escuelas, y engrosan el desempleo y la economía informal. Un dato extremo: mil 442maestros activos son centenarios –sí: con más de cien años de edad-, y todos excepto uno laboran en el estado de Hidalgo. Algo huele muy en esta concentración geriátrica.

Y una novedad: contra lo que creíamos los maestros de México están bien pagados, con un sueldo promedio de $25 mil 153 pesos mensuales, más que muchos profesionistas. Y 91 mil 129 profesores (4.7% del total de trabajadores de la educación censados) forman parte del decil (10%) más rico del país, gracias a que ganan más de $44,335almes. Y 7 mil 183 de ellos superan los cien mil pesos mensuales. Se encontró un caso que ojalá sea investigado a profundidad: el del profesor A. Ramírez Z. de Oaxaca, que se embolsa más de $603 mil pesos al mes, tres meses más de lo que gana el presidente de la República, a pesar de que su puesto es de “profesor investigador titular de enseñanza superior”, una plaza similar a la mía (o tempora, o mores!). Evidentemente estos nombres son monigotes, no personas reales; los dineros han de ir a parar a la CNTE o a los líderes del corrupto liderazgo magisterial en ese estado. Y no olvidemos que la nómina la controlan ahora los gobiernos estatales, que no deben estar ajenos a este desbarajuste. ¿A cambio de qué?

Y mientras tanto existen 536 telesecundarias sin electricidad (diez en Guanajuato), donde “laboran” mil 436maestros, que seguramente se pasan el día papando moscas. Y 677 maestros de 93 de esas escuelas están inscritos en el programa de “Habilidades Digitales para Todos” (¡recórcholis!, dijo Torombolo). Se intuye que esas habilidades se practican con los dedos, como hurgarse la nariz… al fin que son digitales.

El colmo: se detectaron mil 906 escuelas “fantasma”; es decir que existen en los registros y el presupuesto, pero no en la realidad. Ahí “laboran” 24 mil 230 profesores que, eso sí, cobran $343 millones 190 mil pesos al mes. El presupuesto anual completo del municipio de Guanajuato. Y el campeón es el estado de Guanajuato, con 812 escuelas “abducidas” por los ovnis, con 4 mil 724 profesores virtuales que cobran $98 millones 252 mil muy reales pesotes.

¿Y dónde está la escuela?

(*) Antropólogo social. Profesor investigador de la Universidad de Guanajuato, Campus León.

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