Diario de campo

UG: 20 años de autonomía, 1

Este miércoles 21 pasado se cumplieron los primeros 20 años de autonomía para la Universidad de Guanajuato. No es una conmemoración menor, dado que la institución fue la penúltima de las últimas universidades públicas estatales en recibir ese privilegio. La última fue la Universidad Veracruzana, que recibió su estatuto de autonomía dos años después de la UG, el 30 de noviembre de 1996. La primera había sido la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, que obtuvo esa calidad al mismo tiempo que era elevada a categoría de universidad en 1923.

Mucho se tardó la UG en obtener la plena libertad para ejercer su autogobierno y mantenerse libre de influencias políticas o de los factores de poder. En buena medida se puede explicar esto porque, primero, costó no poco trabajo que se le otorgaseel carácter de universidad. En 1925, por ejemplo, la nueva Ley Estatal de Educación Pública ordenó que el Colegio del Estado, antecedente inmediato de la UG, dependería administrativamente de la Dirección General de Educación, como cualquier otra escuela o establecimiento oficial que recibiera financiamiento del gobierno de la entidad. Eso ocasionó no pocas molestias entre la comunidad colegial, y comenzó a incubarse el deseo de buscar la independencia de la casa de estudios. Eso fue evidente durante las conmemoraciones del centenario de la fundación del Colegio del Estado en 1928, cuando el prominente político y académico José Natividad Macías, constituyente de 1917, declaró públicamente su deseo de que la institución buscara la categoría de universidad lo más pronto posible. Al año siguiente, el movimiento que logró la autonomía para la Universidad Nacional, inspiraría a muchos integrantes del colegio guanajuatense para explorar esa vía.

Los distintos gobernadores, sin embargo, a pesar del apoyo que muchos de ellos otorgaron a la institución, vieron con recelo las aspiraciones soberanistas. Además el conflicto que se desató entre la Universidad Nacional y el gobierno federal en los primeros años de la autonomía no ayudaba para que el ejemplo cundiera, ya que a la universidad se le cortó el subsidio del Estado. El presidente Portes Gil, y detrás de él Elías Calles, no creían en la obligación del gobierno de “favorecer a los ricos” financiando la educación superior, sino la básica para los obreros y campesinos. Fue hasta 1933 que se reintegró el subsidio, y a regañadientes. Algo similar sucedía en las entidades.

En octubre de 1941 hubo publicaciones y una manifestación estudiantil demandando la conversión del colegio a universidad (León Rábago, 2007). La presión de la opinión pública, en particular de los egresados del colegio que se reunían periódicamente para celebrar los “concursos fraternales”. En ese año se realizó su quinta edición, y nuevamente se planteó el tema, que fue retomado por el maestro Armando Olivares Carrillo, quien se convertiría en su teórico e impulsor principal. En 1944 sería designado director de Educación Superior por parte del gobernador Ernesto Hidalgo, quien lo hizo subalterno del director general de educación, el profesor Rodolfo Lozada. Éste quiso aplicar literalmente la nueva Ley Estatal de Educación, y hacer del Colegio del Estado una dependencia más de su oficina; así comenzaron los conflictos. Las protestas de la comunidad y la amenaza de una huelga de estudiantes obligaron al renuente gobernador a recular y a impulsar la emisión del decreto Nº 82 del 30 de diciembre de 1944, la primera Ley Orgánica de la Universidad de Guanajuato. Entre los motivos explicaba el gobernador: se trata de “defender de la riqueza espiritual y cultural de Guanajuato; contrarrestar la atracción que ejerce la capital de la República sobre la juventud, y que el Colegio del Estado había demostrado ser merecedor de estímulo y respeto.”

La nueva ordenanza otorgaba autonomía parcial a la nueva institución en su primer artículo: “La Universidad de Guanajuato gozará de autonomía en su organización, funcionamiento y gobierno, sin más limitaciones que las contenidas en la presente Ley y su Reglamento.” Eso se tradujo en un amplio margen de libertad interna. Sin embargo, la principal limitante para una auténtica autonomía residía en su artículo sexto:“Los nombramientos y remociones del personal docente y administrativo de la Universidad de Guanajuato, serán expedidos por el Ejecutivo del Estado a propuesta del Rector.- El Rector será nombrado y removido libremente por el Ejecutivo del Estado.”

Con esta última facultad que se reservaba el gobernador, se pendía una espada de Damocles sobre cualquier miembro de la comunidad universitaria, desde el Rector hasta el último empleado de la institución, profesores incluidos. Esto fue muy evidente cuando se desaparecieron los poderes en la entidad poco tiempo después, el 8 de enero de 1946, como resultado de la matanza de opositores en la plaza principal de León el 2 de enero anterior. Los trabajadores de la UG se quedaron temporalmente desempleados, unos pocos días en lo que se les volvía a contratar por parte de las nuevas autoridades estatales.

Seguiremos analizando el proceso de maduración de la autonomía de la UG la próxima semana…



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