Diario de campo

Minas de muerte, I

La política neoliberal que ha imperado en nuestro país desde que Carlos Salinas desmanteló el aparato de medios de producción del estado mexicano, ha conducido a la desnacionalización de grandes sectores de la economía nacional. La minería es uno de ellos. El sector minero está en manos de oligopolios nacionales y extranjeros, que están sometiendo a las regiones mineras a una explotación intensiva y depredadora del medio ambiente y de las poblaciones locales.

El afán de ganancia y la introducción de tecnología que permite la extracción masiva de minerales y el desplazamiento de mano de obra, se están reflejando en el deterioro de los entornos y geografías regionales, pero también han afectado patrimonios simbólicos y sociales, como sucedió con el histórico poblado de Cerro de San Pedro en San Luis Potosí, que fue afectado profundamente por los trabajos de la minera canadiense Metallica Resources Inc. hoy New Gold, hace 10 años, y que desató una resistencia ciudadana que tuvo repercusiones nacionales (proyectocerro.blogspot.mx/). 

O el caso del complejo minero de Peñasquito en Zacatecas, la mayor mina de oro de América Latina, en manos de la también canadiense Goldcorp, que en 2010 se apoderó de 600 hectáreas ejidales mediante contratos de ocupación temporal y falsificación de títulos agrarios (nota de Georgina Howard en reporteindigo.com/reporte/mexico/lejos-de-el-dorado).

Esta fuente afirma que “A nivel mundial su fama [de Goldcorp] es de ‘depredadores’ del medio ambiente, del entorno económico y social a donde llegan a establecerse. Gastan millones en las demandas jurídicas que les realizan en todos los países a donde llegan a extraer metales preciosos.”

La misma fuente afirma que existen 210 empresas extranjeras en el sector minero metalúrgico mexicano, principalmente canadienses. Por otra parte, el reporte “Panorama Minero del Estado de Guanajuato” publicado por la Secretaría de Economía en 2010, reporta que las principales minas del municipio de Guanajuato son explotadas por las empresas canadienses Endeavour Silver Corp., Gammon Gold Inc. Y Great Panther Silver LTD, cada una trabajando respectivamente los complejos de Bolañitos, El Cubo-Las Torres y Valenciana-Villaseca, con producciones diarias de mineral de  mil 100 toneladas, 480toneladas y 720 toneladas.

Éste último complejo está compuesto por las minas más antiguas de Guanajuato: Rayas, Cata, San Vicente y Valenciana, más otras 28 minas menores. Se trata de filones que antes explotaba la Cooperativa Minera Santa Fe de Guanajuato, que se vio obligada a rematar sus bienes en 2005 por 7.25 millones de dólares, luego de una asamblea que desde entonces ha sido fuertemente cuestionada en su legalidad por muchos de los antiguos asociados (nota de Patricia Muñoz en La Jornada, 16 de noviembre de 2005). A lo largo de estos años, los ex cooperativistas opositores a esta enajenación se han manifestado de diferentes maneras, hasta incluso ser remitidos a los separos de la policía, sin que los gobiernos hagan mayor caso de sus reclamos.

En las últimas semanas se ha desatado una problemática inquietante en el complejo Villaseca: la creciente irrupción de “lupios” –ladrones de mineral- en los socavones y galerías de las minas.

Desde tiempos coloniales el robo de mineral ha sido común, e incluso afectó a la cooperativa minera en su momento, pero su incidencia se ha acentuado mucho en la actualidad. La empresa de Vancouver contrató a una empresa mexicana de seguridad, “Grupo de Inteligencia Armado”, con sede en Guadalajara, para vigilar sus instalaciones.

El problema es que son auténticos Pinkertons, “guardias blancas” de la empresa, que reaccionan draconianamente ante las incursiones de los mineros que por desesperación se cuelan en la mina para extraer costales de mineral, cuyo valor yo supongo es moderado, ya que la ley de plata en Guanajuato es baja.

Este cuerpo armado ya ha abatido y muerto a dos lupios en las últimas dos semanas. Luego se enfrentaron a los familiares de los rateros en su comparecencia ante el ministerio público, y uno de estos pitbull detonó su arma en plena calle.

Es claro que sus reacciones son excesivas, ya que los lupios son cacos que actúan en situación desesperada. Puede que sean mineros desempleados, o son los trabajadores activos de la empresa que, ante los bajos salarios y prestaciones ofrecidos por su empleador, caen en la tentación de robar, por lo que dejan preparados los sacos con mineral para su incursión posterior por ingresos clandestinos que sólo conoce un minero experimentado.

Es un trabajo mal pagado e inseguro. Yo ya perdí la cuenta de la cantidad de accidentes que han ocurrido en las minas de la Panther, muchos de ellos mortales; lo sé porque soy vecino del mineral de Mellado, y muchos de mis colindantes son trabajadores en esos filones. Las compensaciones económicas suelen ser ridículas: 100 mil pesos por deceso.

Eso vale una vida humana. Por eso entiendo y justifico la reacción de los ex cooperativistas, que han ocupado la hacienda de Cobos, el antiguo corazón de la cooperativa minera más importante que hubo en México, para demandar la restitución de los bienes de la mutualidad.

Seguiré desgranando esta mazorca la próxima semana…

Antropólogo social. Profesor investigador de la Universidad de Guanajuato, Campus León

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