Diario de campo

Delitos al granel

Una función ineludible del Estado nacional es la de garantizar la vida y la seguridad de todos los integrantes de la sociedad sobre la que rige. Esa seguridad es lo que da la razón primera para la propia subsistencia de la formación estatal, pues lo único que condujo a las personas a vivir en comunidad fue el deseo de abandonar el estado de naturaleza donde las diferencias se dirimen por la fuerza, e impera el interés particular sobre el general.

Vivimos un momento inquietante y peligroso en nuestro país. Ya no sólo en los espacios geográficos donde se gestó el ambiente de violencia social y criminalidad, como respuesta a décadas de crisis económica que ha hundido en la miseria a millones de mexicanos. Resulta que otros territorios que se habían considerado “tranquilos”, como el estado de Guanajuato, se ven salpicados por eventos delincuenciales que tienen resultados fatales para las víctimas. Delitos patrimoniales de poca cuantía, como los asaltos a mano armada en espacios públicos o privados, se traducen en tragedias que sacuden la conciencia social y que nos llevan a preguntarnos, como hace décadas lo hizo un comediante famoso, “¿qué nos pasa?”

Me movió a esta reflexión el absurdo asesinato de la joven doctora Paulina Méndez Ruiz, médico residente del Hospital General Regional de León, perpetrado el domingo pasado en el interior de una pizzería frente al parque Hidalgo de esa ciudad. La joven profesionista trabajaba con su laptop confiada en la “seguridad” que brinda saberse en una zona céntrica de la populosa urbe del Bajío. El ordenador despertó la codicia de un sórdido joven al que se le hizo fácil arrebatar el aparato de las manos de la chica; pero ésta se resistió, y el delincuente le atravesó el pecho con una navaja de horrible aspecto. Con seguridad lo que la doctora quería preservar era el producto de su trabajo intelectual, y no tanto el valor de un aparato que se deprecia fácilmente.

Por suerte para la justicia, el malhechor buscó ayuda para desbloquear el aparato, y acudió a un negocio especializado para tal efecto. El técnico tuvo el buen juicio de informar a las autoridades, y el probable responsable fue apresado en su domicilio y enfrenta ya un proceso legal. Pero algo que llama la atención es que el criminal de 21 años es de origen guerrerense, que trabajaba de cargador de mercancías en León. Sin embargo el hombre había sido estudiante de licenciatura en su estado natal, pero terminó enviciado y deambulando en las calles de su ciudad adoptiva, sin esperanzas y con tendencias auto destructivas, feisbuquero que adoraba a la Santa Muerte. Una tragedia humana que condujo a otra, victimizando a una inocente en un acto irracional.

Lo más triste es que este es sólo uno de los casos de violencia criminal movidos por un interés pecuniario de poca monta, como el también reciente asesinato del joven Miguel Ángel Castro Quiroz, cerca del parque de ciencias Explora, por robarle sus pocas pertenencias. Crímenes poquiteros pero al granel que han sembrado el miedo en las calles de León y de otras ciudades “tranquilas” del Bajío, incluyendo Guanajuato capital.

Por eso no me sorprende que la sociedad regional esté despertando y se lance a manifestarse a las calles de nuestras ciudades. Estos días recientes han sido inusualmente activos, como apunta Pablo Carrillo en Milenio: “La semana pasada marcharon los comerciantes que están en contra del SIT [Sistema Integral de Transporte]. El jueves fue la marcha de los estudiantes [por Ayotzinapa]. El martes la de los ciudadanos [por la inseguridad]. Y el miércoles la marcha de los doctores [por el asesinato de su colega]. La mayoría son ciudadanos comunes, alejados de los partidos políticos y la grilla.” Y en efecto no es cuestión de colores partidistas, pues gobiernos de todos los partidos se ven rebasados por una anomia social que reta al Estado mexicano en su conjunto.

Guanajuato reacciona y hace a un lado su aparente placidez; su sociedad se reconoce como partícipe de una problemática mayor que nos afecta a todos los mexicanos, que mayoritariamente rechazamos la violencia como vía de reacción a la escasez de oportunidades en un modelo económico infuncional. Falta ahora que los gobiernos reaccionen en consecuencia.

Antropólogo social. Consejero electoral del Instituto Electoral del Estado de Guanajuato. Profesor ad honoremde la Universidad de Guanajuato.

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