Diario de campo

Calidad ciudadana, 3

Con esta colaboración culmino la serie de tres en las que abordé el tema de la calidad de la ciudadanía en México, ahora que recientemente se dio a conocer el informe que sobre el tema elaboró un equipo de investigadores sociales por encargo del Instituto Nacional Electoral.

Muchos factores influyen sobre las percepciones que construye el ciudadano promedio sobre el régimen de gobierno bajo el que se desenvuelve en su cotidianidad. En particular si su calidad de vida y los satisfactores que debe garantizar el Estado son adecuados, oportunos y suficientes. El régimen democrático puede ser bien ponderado si es acompañado de efectividad en el ejercicio del poder y la representación. Si no es así, por más prácticas democráticas que se desplieguen, como el realizar elecciones transparentes y competidas, los ciudadanos no van a estar satisfechos al final del día. Es evidente que en México vivimos en situación de déficit en lo relativo a efectividad gubernamental, con fuertes carencias en rubros tan básicos para la buena convivencia social como son el acceso a empleos formales y bien remunerados, la seguridad pública, una educación de calidad, acceso a justicia efectiva y expedita, y muchos otros. Los actores políticos, por su parte, padecen de dos grandes males: la incompetencia y la venalidad. Todo un coctel que socaba la legitimidad del Estado nacional y lo torna odioso para buena parte de los ciudadanos.

Yo lo puso en evidencia la reciente Encuesta Nacional sobre Cultura Política y Prácticas Ciudadanas (ENCUP 2012): casi la mitad de los mexicanos (49%) perciben a la política como “muy complicada”. A un 84% le interesa poco o nada la política. Hay una clara indiferencia hacia los asuntos públicos, y eso es aprovechado por los detentadores del poder.

La apreciación que tienen los mexicanos sobre la democracia está en crisis: aunque todavía una mayoría (58%) prefiere vivir bajo un sistema democrático, un inquietante 21% manifestó que preferiría un sistema autoritario si éste fuera efectivo, y a un 17% le da lo mismo. Esto según la ENCUP. Según el informe del INE, los mexicanos y los guanajuatenses se encuentran divididos en sus apreciaciones. Los que prefieren un sistema democrático empatan con los que optarían por uno autoritario, en alrededor del 25% de los encuestados, mientras que a una apreciable mayoría de 50% se manifestó indiferente. Esto también plantea inquietudes fundadas sobre los niveles de compromiso e interés que tiene el ciudadano común por la preservación de un régimen democrático.

El autoritarismo va de la mano con la intolerancia, la discriminación y el desprecio por los derechos humanos.El mismo informe confirma que estas actitudes forman parte todavía de la actitud política de los habitantes del centro occidente del país, donde se ubica Guanajuato, ya que en diferentes reactivos de la encuesta se indagó sobre el respeto a las ideas ajenas, a la diversidad y al disenso. En su sección conclusiva el informe menciona que: “Cuatro de cada 10 mexicanos expresaron su desacuerdo con puntos de vista diferentes del suyo, y en estados como Aguascalientes, Guanajuato y Veracruz la cifra llega a 50 por ciento.” Esto es sumamente inquietante, ya que la participación ciudadana dentro de un sistema democrático debe darse en un ambiente de aceptación de las diferencias y el recurso del debate respetuoso para dirimir diferencias.

Lo interesante de estos estudios es que nos indican en dónde se ubican los problemas y carencias en la construcción de una nueva ciudadanía. Una verdadera democracia debe construirse sobre los fundamentos que otorgan la educación cívica y los valores positivos para la convivencia y armonía sociales. Hacia allá debemos avanzar. No hay de otra.

(*) Antropólogo social. Profesor investigador de la Universidad de Guanajuato, Campus León

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