Diario de campo

Calidad ciudadana, 2

Comentaba en mi colaboración pasada que el Instituto Nacional Electoral recién dio a conocer el Informe País sobre la Calidad de la Ciudadanía en México, basado en una encuesta cuyo método muestral permite su representatividad en diez entidades del país, incluyendo Guanajuato. Decíamos que la participación activa y organizada del ciudadano es un indicador claro de la calidad a la que se refiere el informe. Por eso es importante conocer en cuántas organizaciones (asociaciones, clubes, partidos, cofradías, gremios, etcétera) pertenece en promedio el ciudadano, para evaluar su participación en asuntos públicos.

Ya lo anotaba Alexis de Tocqueville (1805–1859) en su libro La Democracia en América (1835): el secreto de la sobrevivencia y vitalidad del joven régimen democrático de los Estados Unidos en esa época residía en la cultura del asociacionismo ciudadano. Los norteamericanos acostumbraban asociarse para todo, y no esperaban a la intervención del gobierno en la resolución de los problemas de su comunidad inmediata. Dijo Tocqueville: “Norteamérica es el país del mundo donde se ha sacado mayor partido de la asociación, y donde se ha aplicado ese poderoso medio de acción a una diversidad de objetos.” (p. 239) Y en efecto, ellos inventaron los “clubes de servicio” que luego exportaron a México y a otros países, como son los “Leones” o los “Rotarios”.

Los mexicanos somos muy diferentes: apenas y nos asociamos. La encuesta arrojó un promedio nacional de 1.2 asociaciones por entrevistado, prácticamente nada si consideramos que el promedio internacional se ubica diez veces por arriba. En un informe de la Agencia para el Desarrollo Internacional de los EUA, “Las organizaciones de la sociedad civil en la legislación mexicana” de la autoría de Ireri Ablanedo Terrazas (2009), se menciona que en México existían alrededor de 20 mil Organizaciones de la Sociedad Civil (OSC), mientras que Argentina con menos de la mitad de la población se tenían 120 mil OSC; en Chile con un sexto de nuestra población se contaban más de 106 mil, y en Brasil con el doble de población, 338 mil. Los EUA cuentan con más de dos millones de OSC. En otros términos, en México se tienen 5,724.3 habitantes por cada OSC; en Chile 156.6 hab./OSC, en Argentina 340.9 hab./OSC, en Brasil 587.9 hab./OSC, y en EUA 153.6 hab./OSC

Los guanajuatenses encuestados pertenecen a un promedio de 1.4 organizaciones. Superior al índice nacional, pero inferior al de 1.9 de los ciudadanos del DF. Son números muy bajos, que reflejan el poco interés por el trabajo grupal en beneficio de la comunidad, así como con el compromiso activo con la autogestión. Se evidencia que aún no se ha podido desterrar la apatía en buena parte de la ciudadanía.

Otro indicador de la participación es el altruismo, el desprendimiento de algún bien o recurso en favor de otros. En ese capítulo, Guanajuato se ubica en una posición superior al promedio nacional en cuanto a donativos a la Cruz Roja y la donación de sangre. Pero en general somos poco solidarios con los otros, lo que debe relativizarse porque hemos testimoniado cómo los mexicanos somos capaces de un gran despliegue de solidaridad cuando se padecen desastres naturales. Fue muy clara esta situación durante los sismos del 19 de septiembre de 1985, fecha que es considerada como la del nacimiento de la “sociedad civil” organizada de México. A partir de entonces ha habido un acelerado crecimiento de la conciencia cívica y la auto organización, pero aún no suficiente. Pero podemos afirmar que cada vez es más clara la solidaridad en situaciones extraordinarias; pero tal vez nos falte mucho por evolucionar en el altruismo cotidiano, el de alcance breve e individual.

Continuaremos reflexionando la próxima semana, ahora sobre las percepciones ciudadanas sobre la calidad de su democracia…

(*) Antropólogo social. Profesor investigador de la Universidad de Guanajuato, Campus León.

http://twitter.com/riondal

www.luis.rionda.net

www.rionda.blogspot.com