El camaleón peripatético

Que vuelva la flor fluyente

El “espectáculo” fue, nuevamente, el atropellamiento de los rudos a los talentosos, de los troncos a los hábiles; el triunfo de los surtidores de "foul-play" contra los posibles surtidores de "beautiful game".

Es que no puede ser —dice el camaleón peripatético en el cuarto donde escribo—. Cada nuevo Mundial de futbol resulta lo mismo. Qué digo lo mismo: cada vez peor. Por casualidad tienes aquí registrado lo siguiente de cuando el Mundial de Alemania 06: “Una nota de El País consigna que el promedio por tarjetas en este Mundial ha sido de una por cada 6.5 faltas. Es el promedio más alto puesto que en los mundiales anteriores se precisaron más de ocho faltas por sanción”.

—Y conste que previo a ese Mundial el presidente de la FIFA, Joseph Blatter, avisó que habría penas severas para los jugadores que trabaran a otro con violencia o propinaran codazos; mencionó también los jalones de camiseta y los empujones y brazoteos en el área. Pura piña. Y no tengo el registro de cómo no hubo corrección al respecto cuatro años después para el Mundial de Sudáfrica 10, pero una imagen persiste, elocuente: la patada de karate que el holandés De Jong le propinó al español Xavi Alonso en la final. El score, desde hace años: la interrupción faulera le gana por goleada a la fluidez del juego.

—Y aún así, en mundiales recientes yo no había visto lo que ocurrió en este Brasil 14 durante el juego de los locales contra Colombia. Fue un juego de 54 fáules, 31 cometidos por los brasileños, 14 de ellos en el primer tiempo; y de los 15 primeros, 6 contra el talento colombiano James Rodríguez sin que el árbitro, “persuadido” por la FIFA “en aras del espectáculo”, sacara una tarjeta amarilla.

—De modo que el “espectáculo” fue, nuevamente, el atropellamiento de los rudos a los talentosos, de los troncos a los hábiles; el triunfo de los surtidures de foul-play contra los posibles surtidores de beautiful game, del futburdismo sobre el futbol. Y por lo pronto tengo en mi lista corta de cerdazos (perdón, pobres cerdos: de humanazos) al brasileño Fernandinho y al holandés Martins, impunes fauleros seriales que han llegado hasta los últimos partidos de Brasil 14 sin suspensión deportiva o cárcel futbolística algunas. ¿Y qué decir, camaleón, de aquello ya conocido o “naturalizado” como “fául táctico” o “técnico”? El fául, no necesariamente violento, que un jugador le hace al contrario en cuanto “presiente” el peligro “que se cierne sobre su portería”, y corta el avance. Quién lo dijera: el fául —el “faulecito”, para mayor gloria eufemística— es ya una “jugada”.

—Ah bueno, de las humedades de la casa luego hablamos. Pero pasan los mundiales y a la FIFA solo se le ocurre ponerle un chip al balón para ver si traspasa o no la línea de gol. Diera la tecnología un mejor servicio al y en el futbol si —no más de una o dos veces por juego— los entrenadores pudieran solicitar al árbitro que reconsiderara su decisión luego de ver nuevamente alguna jugada dudosa en el monitor televisivo. Y estaría dentro del reglamento: mientras no se haya reanudado el juego, la decisión arbitral no es irreversible.

—Pues llevo años anotando posibles cambiecillos en las reglas del futbol; algunos, mira por dónde, inspirados en el deporte de conjunto más violento: el hockey sobre hielo, que aun siéndolo exige a sus jugadores que no se pasen. Entonces, para el futbol asociación, irían algunos “implementos”. Me limito a dos, entre los posibles. 1) Seis fáules por equipo, de la índole que sean, acarrearían un castigo: un shoot-out, es decir un mano a mano con el portero en jugada libre con el cobrador avanzando con el balón hacia el arco rival desde un tercio de la cancha; o bien, un tiro libre, sin barrera, como un para-penalti, desde un segundo manchón colocado en la media luna del área grande. 2) A las tarjetas rojas y amarillas, añadir una tarjeta azul: 25 minutos de “congelamiento” al jugador que cometa tres faltas. Durante ese tiempo, por faulero, dejas a tu equipo con un hombre menos. Si el “fául” ha de ser “jugada”, el faulero habrá escogido el “mal menor”, sin embargo, en la suma, la acumulación de fáules no gozará de impunidad. Fáules violentos o fáules “inteligentes”, fáules con rabito o fáules muy rabones, fáules lampiños o fáules bigotones: no habrá fául sin consecuencia. De otro modo, fair is foul and foul is fair como dicen las brujas de Macbeth. Los genios ingleses que en 1863 inventaron las reglas del futbol y, con ellas, la aspiración al juego limpio, se revolcarían hoy en sus tumbas. Entonces: que cada fául cueste. Y que vuelva, camaleón; que vuelva la fluida flor fluyente del fair-play.