El camaleón peripatético

Un tuit de Rubén Darío

Los versos de la estrofa del poeta, si extraemos el primer signo de admiración, las comas y el punto y coma, cuéntalos bien, 140 caracteres son.

Según mi humilde ver (u oír), esa sola estrofa de cuatro versos —le extiendo al camaleón peripatético en el cuarto donde escribo— bastaría para dar cuenta del genio verbal de Rubén Darío, quien por cierto nació hoy hace 150 años.

—Es necesario contextualizarla. Viene en un poema titulado “Era un aire suave…” (que es también su primer verso: “Era un aire suave, de pausados giros”) y abre el libro de Darío Prosas profanas (1896; con otros poemas, 1901). Baste decir que el personaje central del poema es la marquesa Eulalia (del griego, “buena habla”), quien con “risas y desvíos” reparte descolones entre sus pretendientes durante una fiesta. Más aún, la marquesa es toda risa al grado de que un verso se repite a lo largo del poema: “la divina Eulalia ríe, ríe, ríe”. (O: “ríe, ríe, ríe, la divina Eulalia”.) Risa fina, igualable a la alegre música de un pájaro. Y ella misma es un pájaro en la estrofa aludida (creo que esta vez y las que siguen la estrofa amerita citarse aparte y sin separar los versos en diagonales, como lo hacemos habitualmente):

¡Amoroso pájaro que trinos exhala

bajo el ala a veces ocultando el pico;

que desdenes rudos lanza bajo el ala,

bajo el ala aleve del leve abanico!


Una vez leída, es imposible no regresar a la estrofa, no desear repetirla.

Volvámosla una especie de juguete fónico para que la variación desmonotonice la recurrencia. Destaquemos sus sonidos en a:

¡Amoroso pájaro que trinos exhala,

bajo el ala a veces ocultando el pico;

que desdenes rudos lanza bajo el ala,

bajo el ala aleve del leve abanico!


Sus sonidos en o, observando que la emisión del sonido nos hace poner la boca en pico, palabra al término del segundo verso:

 ¡Amoroso pájaro que trinos exhala,

bajo el ala a veces ocultando el pico;

que desdenes rudos lanza bajo el ala,

bajo el ala aleve del leve abanico!


Los sonidos en e:

¡Amoroso pájaro que trinos exhala,

bajo el ala a veces ocultando el pico;

que desdenes rudos lanza bajo el ala,

bajo el ala aleve del leve abanico!


Los sonidos en s/ce/z:

¡Amoroso pájaro que trinos exhala,

bajo el ala a veces ocultando el pico;

que desdenes rudos lanza bajo el ala,

bajo el ala aleve del leve abanico!


En b/v:

¡Amoroso pájaro que trinos exhala,

bajo el ala a veces ocultando el pico;

que desdenes rudos lanza bajo el ala,

bajo el ala aleve del leve abanico!


Por último, en l, y notando que en el último verso, en la parte donde dice “el ala aleve del leve”, la ele al elevarse sobre las otras letras hace que el ojo lector se eleve también, y es el efecto visual tanto de un movimiento de ala como del subibaja de un abanico:

¡Amoroso pájaro que trinos exhala,

bajo el ala a veces ocultando el pico;

que desdenes rudos lanza bajo el ala,

bajo el ala aleve del leve abanico!


—De salida, camaleón. Curioso que los versos de la estrofa de Darío, que habla de trinos y pájaro, dan, levemente editados, un tuit. Si extraemos el primer signo de admiración, las comas y el punto y coma, cuéntalos bien, que 140 caracteres son. Como los tuits van de corrido, pondríamos mayúscula al principio de cada línea para indicar que ahí comienza verso. Va pues el tuit no sin el gusto final de repetir la estrofa entera:

Amoroso pájaro que trinos exhala

Bajo el ala a veces ocultando el pico

Que desdenes rudos lanza bajo el ala

Bajo el ala aleve del leve abanico!