El camaleón peripatético

El topo y el elefante

EL NOMBRE DE Primo Levi quedará ligado a su destino como sobreviviente de Auschwitz y los libros que escribió al respecto, pero aquí lo recuperamos como autor de poemas que forman un singular, simpático y empático bestiario

Este invierno presenció —le digo al camaleón peripatético en el cuarto donde escribo— el regreso de Primo Levi (1919-1987) al menos con la edición simultánea en italiano y español de Así fue Auschwitz. Testimonios 1945-1986 (junto con Leonardo de Benedetti), y sobre todo con la salida de sus obras completas en inglés. El nombre de Levi quedará en efecto ligado a su destino como sobreviviente de Auschwitz y los libros que escribió al respecto. Damos aquí a otro Levi, el autor de poemas. Pero dentro de ellos no los de tema o ecos de Auschwitz sino los que inadvertidamente forman un singular, y simpático y empático, bestiario. Los encontré hace años en Primo Levi. Collected Poems (traducción de Ruth Feldman y Brian Swann, Faber and Faber, Londres, 1988). Van versiones de dos de ellos y dos notitas previas. El título del primer poema remite a Hamlet, acto I, escena 5: "viejo topo". En el segundo poema el "hombre torvo y ciego" es Aníbal, quien según la tradición contrajo una enfermedad en los ojos mientras cruzaba los Alpes.


'Viejo topo'

¿Qué tiene de raro? No me gustaba el cielo,

De modo que escogí vivir a solas y en lo oscuro.

Mis manos fueron hechas para cavar,

Cóncavas, retorcidas, pero sensibles y correosas.

Ahora viajo, insomne,

Imperceptible bajo las praderas,

Donde no siento frío ni calor,

Ni viento lluvia día noche nieve,

Donde los ojos de nada me sirven.

Cavo y encuentro raíces suculentas,

Tubérculos, madera podrida, filamentos de musgo,

Y si una peña me cierra el camino

Le doy la vuelta, laborioso pero sin prisas,

Porque siempre estoy seguro de hacia dónde quiero ir.

Me encuentro gusanos, larvas, salamandras,

A veces una trufa,

Otras una víbora —buena comida—

Y tesoros enterrados quién sabe por quién.

En otros días fui detrás de topos hembras,

Y cuando oía a una rascando,

Cavaba mi ruta hacia ella.

No más. Si eso ocurre ahora, cambio de dirección.

Pero con luna nueva me estimulo.

Entonces, a veces me divierto:

Me salgo, intempestivo, del hoyo a espantar perros.


'El elefante'

Excaven y encontrarán mis huesos,

Algo absurdo en este lugar lleno de nieve.

Estaba cansado de la marcha y las cargas;

Extrañaba el calor y la hierba.

Encontrarán monedas y armas púnicas

Sepultadas por avalanchas: absurdo, ¡absurdo!

Absurda mi historia y la de la Historia.

¿Qué eran Cartago y Roma para mí?

Ahora mi fino marfil, nuestro orgullo y alegría,

Noble, curvado como la luna creciente,

Yace roto en astillas entre las piedras del río.

No fue hecho para agujerear petos

Sino para extraer raíces y complacer hembras.

Solo peleamos por nuestro apareamiento,

Sabiamente, sin derramar sangre.

¿Les gustaría oír mi historia? Es breve.

El indio mañoso me atrapó y me domó,

El egipcio me puso grilletes y me vendió,

El fenicio me cubrió con armadura

Y puso una torre en mi espalda.

Fue absurdo que yo, una torre de carne,

Invulnerable, gentil y terrible,

Forzado aquí, entre estas montañas enemigas,

Me resbalara sobre este hielo suyo nunca visto por mí.

Cuando uno de nosotros cae, no hay salvación.

Durante mucho tiempo un hombre torvo y ciego

Trató de hallarme el corazón con la punta de su lanza.

He lanzado mi inútil bramido moribundo

En estas cimas,

Lívido al ocaso: "Absurdo, absurdo".