El camaleón peripatético

La taza de té y el ruiseñor

HAY OTRO MAIAKOVSKI, y con él me quedo: el que describió la unión de pareja con un violín o novia de madera “algo nerviosa”, el que escribió “La flauta vertebrada” o el que pensó en el poeta como una “nube en pantalones”

No he podido ir —le digo al camaleón peripatético en el cuarto donde escribo— pero al leer el artículo "Fábrica de realidad: vanguardia rusa" de Ana Sofía Rodríguez (Nexos en línea, 1/10/16), sobre la exposición Vanguardia rusa: El vértigo del futuro en Bellas Artes, y notar que termina su texto con unos versos de Vladimir Maiakovski (1893-1930), quien de modo ineludible aparece en la exposición, recordé que en inglés acaba de publicarse la primera biografía postsoviética de Maiakovski debida a un autor sueco, Beng Jangfeldt.

Es lo más reciente en una operación que podría llamarse Resucitar a Maiakovski.

—Cosa difícil porque murió dos veces. La primera al pegarse un balazo en el corazón con un revólver que había usado doce años antes como utilería en una película; el suicidio se debió, según el poeta y antólogo Yevgueni Yevtushenko (Plata y acero. Poesía rusa del siglo XX, Doubleday, 1993), lo mismo a su desaliento por asuntos personales como a su desengaño con la Revolución rusa. El poeta y autor de Doctor Zhivago Boris Pasternak llamó la segunda muerte de Maiakovski al hecho de que en 1935, cinco años después del suicidio, José Stalin impuso: "Maiakovski fue y sigue siendo el mejor, el más talentoso poeta de nuestra época soviética. La indiferencia ante sus obras y su memoria es un crimen". Esa segunda muerte creó a un Maiakovski "sanitarizado" y metido a la fuerza en las dietas literarias rusas, juzgó Pasternak, "como las papas bajo Catalina la Grande". (Por cierto que Maiakovski le dijo así a Pasternak la diferencia entre ambos: "A usted le gusta el relámpago en el cielo, a mí en los cables eléctricos.)

—Pues sí. Los "varios Maiakovskis" que el mismo poeta celebraba (pizcador de algodón, tractorista, aviador, director de teatro, locutor de radio, cartelista, publicista, perro ladrador a las multitudes, etcétera) quedaron reducidos a uno solo: el nombrado por Stalin "Modelo Obrero de la Poesía Número Uno". Se bautizaron con su nombre plazas, calles, estaciones del Metro y pueblos. Se erigieron estatuotas en su honor, donde la proverbial energía de su cara acabó más bien en una brutalidad amenazante. Generaciones de ciudadanos soviéticos tuvieron que zamparse al Maiakovski oficial desde la niñez, sobre todo su extenso poema a Lenin. En los salones de clase se volvió obligatorio su panegírico "Versos sobre el pasaporte soviético" cuyo final dice (en versión de su primera traductora al español desde 1942, Lila Guerrero (Maiacovski. Antología poética, Losada, 1973): "¡Leed,/ envidiadme!/ Yo soy/ ciudadano/ de la Unión Soviética". Qué segunda muerte por anquilosamiento para un poeta tan elástico y divertido.

—¿Llamas así a quien escribió "Somos iguales/ camaradas de la masa obrera,/ proletarios de cuerpo y alma"? ¿O a quien escribió: "¡Silencio, oradores!/ Tiene la palabra/ el camarada máuser"? ¿Y a quien escribió: "El mundo viejo/ nació de escombros./ ¡Hacedlo trizas!/ ¡Al viento!/ El comunismo/ es la juventud del mundo,/ y para crearlo/ hay que ser joven y fuerte"? ¿O incluso a quien escribió: "Hoy,/ la rima/ del poeta/ es caricia,/ consigna,/ látigo/ y bayoneta"? Con razón llegó a decirse que había vendido su talento al poder soviético por un puñado de kópecks. Y con razón a su muerte un grupo de escritores rusos emigrados en París, entre quienes estaba Vladimir Nabokov, declaró en un mensaje: "Sin importar qué matices de apreciación pudiera uno aplicar al talento poético de Maiakovski, nosotros que, como escritores rusos estamos mejor informados de la situación actual de nuestra literatura, afirmamos que Maiakovski no fue nunca un gran poeta ruso, sino un mero compositor de versos sujetos al Partido Comunista y al gobierno de la URSS".

—Sí hay otro Maiakovski, camaleón, y con él me quedo. El que describió la unión de pareja con un violín o novia de madera "algo nerviosa" (el violín es de género femenino en ruso); el que escribió "La flauta vertebrada" ("tocaré en la flauta/ de mi propia columna vertebral"). O el que pensó en el poeta no como un hombre sino como una "nube en pantalones". O en fin. Durante años me di a recolectar lunas según se me iban apareciendo en lecturas. Al final hice un poema-lista o poema-catálogo titulado sin más "Lunas". No encuentro el poema o el sitio donde se me apareció una luna encantadora. La incluí de este modo: "La luna taza de té de Maiakovski con un ruiseñor que bebe en ella".