El camaleón peripatético

La rumia

Mi rezongo en cada posmundial no va nunca a esos momentos sino a uno en especial: el momento en que se empezó a perder, o en que se empezó a dejar de ganar.

Después de cada derrota de México —le digo al camaleón peripatético en el cuarto donde escribo— viene la rumia.

—Claro, rumiar el fracaso, rumiar los momentos que nos arrebataron el triunfo. Equivale a un si hubiera. Si en México 86 el árbitro no le anula al Abuelo Cruz ese gol contra Alemania. Si en Estados Unidos 94 Marcelino Bernal no teme tirar su penalti con potencia, como los tiraba, por temor a volarla igual que García Aspe en el penalti previo contra Bulgaria; lo tira con suavidad y el portero rival se lo ataja. Si en Francia 98 a Raúl Rodrigo Lara no se le hubiera hecho bolas el balón dentro de su área. Si en Corea/Japón 02 hubieran marcado el penalti que con un puñetazo a la pelota cometió de modo flagrante el defensa estadunidense contra México. Si en Alemania 06 el argentino Maxi Rodríguez no hubiera metido aquel golazo en tiempos extras, como no lo volvería a meter en su vida. Si en Sudáfrica 10 el árbitro le hubiera marcado el fuera de lugar a Tévez en el primer gol de Argentina. Si en Brasil 14 el árbitro no marca ese penalti al clavadista o (así lo exhibe la prensa inglesa) al robber Robben.

—No, camaleón, mi rumia en cada posmundial no va nunca a esos momentos sino a uno en especial: el momento en que se empezó a perder, o en que se empezó a dejar de ganar, el partido. Los trazo rápidamente. En el 86 México empieza a perder el partido cuando Javier Aguirre se hace expulsar contra Alemania que jugaba con uno menos. En el 94, cuando Luis García se hace expulsar contra Bulgaria que jugaba con uno menos. En el 98 cuando México gana por un gol a Alemania y Luis Hernández tiene el segundo; en lugar de pegarle duro intenta bombeárseala al portero, y se la entrega en las manos. En el 02, luego de la derrota 2-0 contra Estados Unidos se difunde un video (supongo que grabado a escondidas) donde el entrenador Javier Aguirre les dice en el vestidor a los jugadores mexicanos con varias mentadas de estímulo que prácticamente México ha ganado el juego antes de jugarlo porque es contra los gringos. En el 06 México le va ganando 1-0 a Argentina. Poco después del gol mexicano el novato Andrés Guardado comete una falta absurda cerca del área mexicana. Cobra la estrella argentina Riquelme y la barrera mexicana debe ceder un córner. Cobra Riquelme el córner y la defensa mexicana debe ceder otro córner. Cobra Riquelme y Argentina empata el juego de inmediato. En el 10, México empieza a perder el juego cuando, en efecto, no le anulan el gol en fuera de lugar a Argentina; pero no por ese gol sino porque el equipo mexicano se distrae y sigue el regalo del defensa mexicano Osorio al delantero Higuaín para el segundo gol argentino. En este 14, el Maza Rodríguez le da un gran pase a Van Persie por el intento de dárselo sobradamente y sin ver a Rafael Márquez; Van Persie se la da a Robben y sucesivamente Márquez y Moreno le hacen dos penaltis al holandés que el árbitro no marca; pero ahí, en la lesión de Moreno que la jugada desata, empezamos a perder por obligar a uno de los tres cambios que son oro molido cuando se juega a los 33 grados de temperatura, y Holanda ya tenía un cambio menos por la lesión de De Jong desde el inicio del partido.

—Junto a la rumia va aparejado esto: te sumes en “el espíritu” o “el tono crepuscular” que se le reprochaba a la poesía mexicana del siglo XIX; la “vieja lágrima” de Luis G. Urbina (“aquí, en mi corazón oscuro y solo,/en lo más escondido de la entraña,/oigo caer, desde hace mucho tiempo,/lentamente, una lágrima”) vuelve a ser lo tuyo.

—Pues sí, camaleón. O no me queda sino aplicar al futbol, al desempeño nacional en futbol, este poemita igualmente “crepuscular” de Amado Nervo: “Nací de una raza triste,/ de un país sin unidad/ni ideal ni patriotismo;/mi optimismo/es tan sólo voluntad;/obstinación en querer/con todos mis anhelares/un México que ha de ser, /a pesar de los pesares,/y que yo ya no he de ver…”

—Pero siempre es lo mismo contigo: al cabo, nada de que permanece la vieja lágrima de Urbina ni la tristeza-país de Nervo. Ya veo con qué cosa vas a salir.

—Así es, camaleón. Esto es personal y de ningún modo se va a quedar así. Venga mi revancha, lo antes posible: nos vemos, carones, el próximo verano en la Copa América de Chile 2015. Y les advierto que iremos completos, con los jugadores Luis Montes y Carlos Vela. Para abrir boca rú-rú: rumbo a Rusia 2018.

—Pues abur y vuelvo al peripato: no tienes ni escarmiento ni remedio.