El camaleón peripatético

El nuevo escudo de Aquiles

Se me quedaron grabados desde la primera vez que los leí los versos donde el poeta dice de Hefesto y de los motivos que va incluyendo en su escudo: “Que violan a las muchachas,/ que dos niños apuñalan a un tercero,/ eran axiomas para él”

Uno de los grandes momentos de la Ilíada —dice el camaleón peripatético en el cuarto donde escribo— es, sin duda, la forja del escudo de Aquiles, fabricado por “el artífice” Hefesto a pedido de Tetis, la madre del héroe. En el escudo, grande, fuerte, brillante, con abrazadera de plata y cinco capas (en ese orden) de bronce, estaño, oro, estaño, bronce, Hefesto va grabando imágenes o escenas diversas, desde una fiesta nupcial a un litigio monetario, desde faenas agrícolas a combates por una ciudad sitiada, desde unos ganaderos sorprendidos por dos leones que han atacado a uno de sus bueyes a un baile con todo y acróbatas. Al final nos damos cuenta de que en el arma de Hefesto no asistimos nada más a la forja de un escudo sino a una representación del mundo.

—Así es, camaleón. En las escenas cotidianas del escudo de Aquiles podemos ver la experiencia misma, la vida entera pasar ante nuestros ojos. Y cuando pienso en ese escudo pienso en un segundo escudo; éste, moderno: “El escudo de Aquiles”, que el poeta W. H. Auden escribió en el centro del siglo XX y publicó por primera vez la revista Poetry en 1952. Y en el centro del siglo XX lo que pone Hefesto en el escudo son escenarios yermos, cielos de plomo, alambradas de púas, fusilamientos, “nada que comer y ningún sitio para sentarse”, multitudes ininteligibles. El comentarista de Auden John Fuller dice que Tetis (“Ella miró sobre el hombro de él”: Hefesto va ilustrando el arma) busca en el escudo virtudes clásicas, el orden, el buen gobierno y el arte, y solo encuentra sus imágenes negativas, el totalitarismo y la violencia sin objeto. Pero de tal escudo se me quedaron grabados desde la primera vez que los leí o los vi los versos donde el poeta dice de Hefesto y de los motivos que va incluyendo en su escudo: “Que violan a las muchachas,/ que dos niños apuñalan a un tercero,/ eran axiomas para él”.

—Para aclarar lo de axioma vamos al Diccionario de uso del español de María Moliner: “Axioma: Afirmación tan evidente que es admitida por todos sin necesidad de demostración”. Es un Hefesto que no se hace ilusiones; alguien que “nunca había oído/ de un mundo en que las promesas se sostuvieran/ o donde alguien llorara porque otro lo hacía”. Ahora: lo de las muchachas violadas se nos haría más axioma que la parte siguiente del verso.

—Por eso, sobre todo lo de “que dos niños apuñalan a un tercero” no he dejado de recordarlo y repetírmelo cada vez que encuentro algo alusivo en los periódicos. Incluso los he ido archivando. El último clipping que hice al respecto es un cable fechado en Londres 23/01/10 bajo la cabeza: “Dos niños torturaron por diversión ‘hasta que les dolieron los brazos’”. Se trataba de dos hermanos que golpearon a otros dos niños con bastones, piedras, ladrillos y pedazos de un lavabo de cerámica, y los obligaron a realizar actos sexuales entre ellos. En una parte se lee: “Los hermanos admitieron que habían actuado así porque se aburrían y no tenían otra cosa que hacer. [En su declaración policial] aseguraron que la tortura terminó porque, tras una hora y media de paliza, les dolían los brazos, no porque temieran matar a sus víctimas”. Este mismo cable evoca otro caso, “la muerte en 1993 de James Bulger, asesinado en Walton (Liverpool), cuando aún no había cumplido tres años, por dos niños que entonces tenían diez años”.

—Pues quién iba a decirnos que el último caso nos llegaría el domingo pasado (MILENIO, 17/5/15) en una nota firmada por Juan José García Amaro con la cabeza: “Matan a menor mientras ‘jugaban al secuestro’”. El nuevo o más reciente escudo de Aquiles incluye cómo dos niñas de 13 años, un niño de 11 y dos jovencitos de 15 mataron a un niño “de apenas” 6 años “jugando al secuestro”; “pero en este juego se incorporó la violencia hasta que los ‘plagiarios’ lograron arrancarle la vida y seguir como si nada hubiera pasado”.

—En efecto: que tres niños y dos jovencitos jueguen al secuestro y maten a otro niño, no eran o serían o serán ya sino axiomas de Hefesto en el nuevo escudo de Aquiles que tengo para mí. Ahí están ahora ese niño y quienes “jugaron” con él. En otro poema famoso, “Musée des Beaux Arts”, Auden escribió que los viejos maestros nunca se equivocaron respecto al sufrimiento; el viejo maestro que es ya Auden tampoco se equivocó respecto al sufrimiento y la muerte que unos niños infligen y no cesarán de infligir a otros.