El camaleón peripatético

De niños e infancia

“Ya no puedes jugar a los soldaditos;/ qué bueno: puedes leer a Shakespeare./ Sáltate/ la infancia. Y más./ Mejor nacer, como Adán,/ a los treinta años”

Entro al cuarto donde escribo y encuentro un mensaje del camaleón peripatético: “Te dejo estos poemas sobre niños e infancia”.

Delmore Schwartz: Perros
shakespeareanos, niños extraños

Perros shakespeareanos, niños extraños.

Que Freud y Wordsworth discutan sobre el niño,

Que ángeles y platonistas juzguen al perro,

El perro que corre, se detiene, nariz distendida,

Que luego ladra y se queja; el niño que pellizca a su hermana,

La niñita que cantó la canción de Twelfth Night,

Como si entendiera al viento y a la lluvia;

El perro que gimió al oír violines en concierto.

Cómo me entristece ver perros o niños.

Porque ellos son extraños, shakespeareanos.

Dinos, Freud, ¿será posible que los niños, adorables,

Tengan meros, feos sueños de funciones naturales?

Y tú también, Wordsworth: ¿están los niños de veras

Cegados por la gloria, son expertos en la oscura Naturaleza?

El perro que indaga con humildad en la tierra,

El niño que cree en los sueños y teme a la oscuridad,

Saben más y menos que ustedes: ellos saben a fondo

Que ni sueños ni infancia responden bien a las preguntas:

Ustedes también son extraños, los niños son shakespeareanos.

Miren al niño, miren al animal.

Bienvenidos, extraños; estudien cosas diarias,

Sabiendo que cielo e infierno nos rodean;

Pero esto, esto que decimos antes de apenarnos,

Esto que vivimos tras caras ocultas,

Tampoco es sueño, ni infancia, ni mito;

No es paisaje, ni final, ni algo acabado,

Porque estamos incompletos, cuál futuro,

Y aullamos o bailamos fuera de nuestras almas,

Con sílabas persistentes antes de que caiga el telón:

Somos shakespeareanos, somos extraños.

[Una primera versión de este poema se publicó en La Cultura en México, suplemento de Siempre!, octubre 11, 1978.]

Pere Quart: Niños

La vida a ras de polvo y las miradas altas,

seda tibia de nieve y lodo fresco en cachetes.

Esperanza y envidia, cascabeles del corazón,

infieles como el tiempo; súbitos como la suerte

(o como la muerte), mezquinos y jugadores,

fraudulentos, secretos, o pródigos sultanes;

terroristas de sol y resolana en jardines,

miedosos de noche desierta, asesinos impávidos

de rosas y libélulas, mercaderes de halagos,

viciosos de los dulces, borrachos de la leche.

La voluptuosidad furtiva del chapoteo y el fango,

ignorada promesa del amor de la sangre.

Disfraces de tempestad, adorno del dolor,

pintura de la lástima, marea del temor,

las lágrimas sonoras y arteras y abundantes,

las armas de su guerra civil con los gigantes.

[Poema en catalán. Joan Manuel Serrat le puso música: Fa 20 anys que tinc 20 anys. Discos Ariola, 1984.]

Refutación de La Infancia

Nunca te lamentes

Por la infancia perdida.

Aquella “felicidad” es,

Quizá, tu invento y, en cambio,

Algunos casos que recordar no quieres.

Ya no puedes jugar a los soldaditos;

Qué bueno: puedes leer a Shakespeare.

Sáltate

la infancia. Y más.

 Mejor nacer, como Adán,

A los treinta años.

[Sobre un pasaje de R.L. Stevenson y con parte de un verso (en cursivas) de Antonio Machado. Lo de “Adán” lo menciona sir Thomas Browne como una creencia antigua.]