El camaleón peripatético

Menso como un arbusto

Es sólo la historia de un muchacho provinciano de origen pobre y lanzado por su talento futbolístico a un estado de excepción: fama y envidia; hubo Gazzamanía…

No vi este sábado el documental Gascoine—le digo al camaleón peripatético en el cuarto donde escribo—, sobre el futbolista inglés Paul Gascoine porque el único cine al uso nomás daba una función. Mientras, el mejor documental que haya visto sobre Gascoine lo leí hace años en Granta 45 (1993). Lo escribió el poeta Ian Hamilton bajo el título Gazza Agonistes.

—Antes de ir ahí. Casualidad: por estos días un tabloide tomó bien tomado o tan sólo tomando un vaso en una fiesta al jugador del Manchester United y de la selección inglesa Wayne Rooney. Frente al “escándalo” el primero que salió en defensa de Rooney fue el entrenador alemán del Liverpool: “Rooney”, dijo Jurgen Klopp, “se disculpó por tener un vaso de lo que haya sido. Antes las leyendas bebían y fumaban como demonios y aún así eran buenos jugadores”. Curiosidad: entiendo que Rooney es uno de los entrevistados para el documental al que te refieres; y que al oír “leyendas” muchos pensaron más que nada en dos jugadores del futbol inglés en el siglo XX: el irlandés George Best en los 1960 y Paul Gascoine en los 1990.

—El dicho más famoso de Best: “Gasté muchísimo dinero en el trago, las mujeres y los coches deportivos. El resto sí lo despilfarré.” Fue inevitable que cuando Paul Gascoine, apodado Gazza, apareció en el escenario futbolístico le preguntaran a Best. Lo malhoró de varias maneras. Van dos. “Una vez le dije (a Gascoine) que su IQ era inferior al número de su camiseta. Entonces me preguntó: ‘¿Qué es el IQ?’.” Otra: “No me llega ni a las agujetas… de la botella.” Pero algo más los une o puso a Gascoine una casilla adelante. “Soy quien llevó el futbol”, dijo Best, “de las páginas interiores a las primeras planas de los periódicos”; Gascoine lo llevaría a las primeras planas y a las contras: “(A Gascoine) lo canonizaban en la contra”, observa Hamilton, “y lo aterrorizaban en la primera”. Gascoine llegó a ser un héroe luego del Mundial Italia 90, cuando logró que Inglaterra pasara a las semifinales (nunca antes desde 1966) y lloró amargamente cuando perdieron en penalties contra Alemania, como sufriendo por los ingleses todos. Y llegó a ser también un villano acusado de irresponsable, bronquero, payaso, cuando cayó de la gracia nacional. Al fin es sólo la historia de un muchacho provinciano de origen pobre y lanzado por su talento futbolístico a un estado de excepción: fama y envidia. Hubo Gazzamanía. Para darnos una idea. Llegó un momento en que te cobraban 3, 000 libras sólo por fotografiarte con la humilde madre de Paul Gascoine; por 1, 000 libras más ella te daba una entrevista (sobre ella). Por hablar sobre su hijo cobraba un cargo extra. Y la anti-Gazzamanía posterior cobró también su parte haciéndole insoportable la vida a Gascoine. Dijo: “Parece que el único lugar en que estoy a salvo estos días es allá afuera en la cancha de futbol”.

—Esto nos devuelve al título de Hamilton: Gazza Agonistes hace eco del poema de John Milton Samson Agonistes, es decir, “Sansón contendiente” o “Sansón en la lid”. Hace poco han circulado noticias sobre la situación de Gazza: serios problemas de alcohol y drogas, arrestos, hospitalizaciones, fotos con botella en mano, heridas en la cara como de navajas o cristales. Hamilton murió en 2001; no tuvo tiempo de ver que varios años después Gazza atravesaría por este trance sansonesco: cuando se da cuenta como el personaje de Milton de que usó mal el don que le fue dado y está ya bajo el agobio y el poder de los filisteos, en este caso los tabloides que lo exhiben y escarnecen.

—En breve homenaje a Gascoine me quedo con un detalle de entre los muchos en Gazza Agonistes. El entrenador de la selección Boby Robson no lo quería; lo consideraba aún “como un muchacho jugando futbol callejero”. Mete, casi con resignado menosprecio, a Gascoine veinte minutos en un partido donde Inglaterra ya le ganaba 3-0 a Albania. En ese corto tiempo Gazza da un pase para gol y anota otro. Aún así Robson lo acusa ante la prensa por “desobedecer sus instrucciones” y lo clasifica: “Menso como un arbusto”. Esto hirió a Gascoine. Pero su respuesta fue presentarse al siguiente entrenamiento de la selección inglesa con un matorral incrustado en una de sus medias futbolísticas; como si brotara de ella. Así le decía sin más a Robson que “el futbolista callejero” era en efecto muy menso. O tan menso, o tan inmenso, y complejo, como un sencillo arbusto.