El camaleón peripatético

En memoria de Alois Alzheimer

Con el poema del poeta irlandés, Dennis O’Driscoll, se alude al descubridor de ese mal; se titula “En memoria de Alois Alzheimer (1864-1915)”, ideal para el 2015 en que se cumplen cien años de su muerte.

El sábado anterior en la madrugada —dice el camaleón peripatético en el cuarto donde escribo— el zapato insomne se quedó fijo en la pantalla televisiva con un documental sobre el poeta estadunidense Edwin Honig (1919-2011), y cómo se lo fue acabando la enfermedad de Alzheimer. La última parte es inolvidable. Honig  pasaba sentado la mayor parte del tiempo frente a una amplia ventana. Ya solo tenía tres palabras relacionadas con ese entorno, o las únicas que lo relacionaban con el mundo y que al final dieron de manera involuntaria su último poema, perfectamente desnudo: “silla, árbol, pájaro”.

—Curioso, camaleón, porque desde el viernes nos rondaba el Alzheimer debido a un poema que al cabo referiremos. Pero en materia de escritores con Alzheimer pensé sobre todo en un registro, y el adjetivo vuelve a ser inolvidable, del crítico literario inglés John Bayley sobre su esposa durante más de cuarenta años, la escritora irlandesa Iris Murdoch (1919-1999) en el libro Elegía a Iris (trad. Fernando Borrajo, Alianza Editorial, 1999. Sí: hay película basada en este libro con la camaleónica actriz Kate Winslet en el papel de Iris).

—Aislaste dos paradojas en el libro de Bayley. 1) La revelación  de su enfermedad se dio en un momento similar a los que había disfrutado durante su vida tantas veces: Iris Murdoch era una gran nadadora (o mejor: una gran amante del agua) desde niña. Bayley y ella gustaban de nadar en una parte del Támesis. En días de poco tráfico fluvial cruzaban a nado los cien metros del río, de ida y vuelta y sin descanso. “La última vez”, recuerda Bayley, “salí yo primero del agua y me di la vuelta para ayudar a Iris. Cuando me agarró las manos, su rostro adoptó esa expresión de miedo infantil”, tan habitual en los enfermos de Alzheimer, “llenándome a mí también de temor y preocupación. En aquel instante me di cuenta de que no debíamos volver a bañarnos ahí”. 2) Al avanzar la enfermedad Iris ha olvidado que es la autora de 26 novelas y varios libros filosóficos. Si un admirador o un amigo le pedía que le firmara un ejemplar de una de sus novelas, ella miraba el libro con sorpresa y placer antes de escribir trabajosamente su nombre y, si podía, el de ellos. “¿Se leen libros?” acabó siendo su pregunta angustiada.

—Aislé también pasajes como el siguiente, camaleón. El 20 de febrero de 1997 Bayley pone a la entrada de su registro: “Teletubbies. Son parte del ritual matutino que intento establecer. Tengo que insistir un poco, ya que el Alzheimer se convirtió según parece en el enemigo de toda rutina. Quizá todos sepamos por instinto que la rutina preserva la cordura. A partir de las 10, como parte del programa infantil de la BBC 2, ponen los Teletubbies. Es una de las pocas cosas que podemos ver juntos, con el mismo interés”.

—No te ha salido al paso un buen poema directo sobre el Alzheimer; sí, en cambio, un buen poema que empieza por aludir al descubridor de la enfermedad.

—Es del poeta irlandés Dennis O’Driscoll y se titula “En memoria de Alois Alzheimer (1864-1915)”. Sería ideal para el 2015 en que se cumplen cien años de su muerte. Pero adelantemos una versión, no sea que se nos olvide.

I. Antes de que esta página desaparezca de la memoria,

vaya un pensamiento para Alois Alzheimer,

quien viene a mientes cada vez

que alguien se vuelve olvidadizo,

y la desintegración vindica

su buen nombre.

II. Suya es la última imagen asignada

al ex Presidente que ya se apartó

de la vida pública; sábanas cagadas

dan fe por su tesis;

su territorio está marcado

por el rastro de orina

goteada a lo largo del pasillo

en el centro de cuidados.

III. Pégateme más en las sábanas secas

mientras aún puedo decir quién eres.

Que te declare yo cuánto te amo

antes de que nuestra cama se someta a prueba amarga.

Ámame con toxinas babeantes, con monóxido de carbono,

con soga, con flechas que me atraviesen el corazón. (1998.)