El camaleón peripatético

El jugador más valioso

Los restos de Ricardo III fueron enterrados de nuevo en marzo de 2015; desde entonces el Leicester (su estadio por cierto es el King Power) empezó a ganar: evitó irse a la segunda división la temporada anterior y ahora es campeón.

Pues aunque no ganara* el torneo —dice el camaleón peripatético en el cuarto donde escribo— este cuento de hadas perdurará no solo en la memoria futbolera: la cenicienta-Leicester, o el patito feo-Leicester, ya gran cisne negro.

—Pues el cuento se halla por dondequiera que mires. La revista Harper’s de mayo tiene un llamado en portada sobre la Premier League. Antes de que empezara la temporada 2015-2016, las apuestas estaban 3-1 a que el Leicester City, un equipo de novatos semianónimos, bajaría a la segunda división; y sus posibilidades de ganar el título: 1 en 5 mil. Y qué decir del dinero. El Manchester United, valuado en 2. 7 mil millones de dólares, ha ganado 13 de las 23 temporadas de la Premier League a la fecha. El Chelsea, campeón actual, valuado en 1. 2 mil millones de dólares, le debe no poco de su gloria reciente a la munificencia de su dueño, el oligarca ruso Roman Abramovich. Pero en este momento el Manchester United está en quinto lugar y el Chelsea en décimo. En contraste, el Leicester vale 192 millones de dólares; sus jugadores más destacados, “el grácil y astuto” argelino  Riyad Mahrez y el “depredador” atacante británico Jamie Vardy  costaron dos millones de dólares: compárese con lo que le costó a otro equipo adinerado, el Manchester City, reclutar a Kevin De Bruyne (78 millones de dólares), el jugador más caro de la liga en la actualidad.

—Pues ni Vardy ni Mahrez: mira quién viene a ser el jugador más valioso del Leicester. The Wall Street Journal le dio primera plana (3/26-27/16). El informe dice que muy pocos aficionados fuera de Inglaterra sabían siquiera cómo pronunciar Leicester correctamente (LESS-ter, no LAI-ches-ter). Ahora millones atestiguan el milagro. ¿Cómo le hizo? El arco de teorías: desde una inyección de brío al equipo por parte del nuevo entrenador, Claudio Ranieri, a una llegada súbita de paridad entre los equipos ingleses. Pero hay una teoría más divertida. El cuerpo del rey Ricardo III, muerto en 1485 de manera horrible por múltiples hachazos en la batalla de Bosworth, fue entregado a unos frailes que lo pusieron en una tumba estrecha; durante 527 años tal cosa se olvidó hasta que arqueólogos de la Universidad de Leicester desenterraron los huesos del rey en 2012. Estaban debajo de un estacionamiento. “Las posibilidades de encontrarlo eran muy escasas”, dijo Richard Buckley, quien dirigió las excavaciones. Al confirmarse que eran suyos, los restos del rey fueron enterrados de nuevo en marzo de 2015 con las debidas pompa y circunstancia. Desde entonces el Leicester (su estadio por cierto es el King Power) empezó a ganar; evitó irse a la segunda división en la temporada anterior y en esta va rumbo al campeonato. Entonces Ricardo III (sugiero: pónganle R3) es el jugador más valioso del Leicester.

—¿Pero quién quisiera una ayuda así? Desde Ricardo III de Shakespeare sabemos que ese rey fue un chacalazo.

—En efecto ha tenido muy mala prensa. Recuerdo una excepción: en su Breve historia de Inglaterra (Acantilado, 2005, trad. Miguel Temprano) G. K. Chesterton dice que este rey no se parecía en nada a la caricatura que su mezquino sucesor ofreció al mundo tras su muerte. Nada de monstruo sanguinario; y en cambio pudo ser, digamos, un ejemplo de juego limpio: “(Fue) el último rey medieval… En la última carga en Bosworth, cuando sus nobles lo abandonaron antes de la batalla… empleando su propia voz como la trompeta de un heraldo retó a su rival (Enrique Tudor, que ascendería al trono como Enrique VII) a un combate personal como si fueran dos paladines de Carlomagno.

Su rival no respondió, tal como era de esperar. Había empezado la era moderna”. De ahí, camaleón, su apoyo ultraterreno al Leicester, equipo de buena lid.

—Me inclino por otra posibilidad. Regreso a Chesterton: “(La de Ricardo III) fue la época de nuestros primeros retratistas, y hay un bello retrato contemporáneo que arroja algo de luz al respecto, pues nos lo muestra toqueteando, y probablemente haciendo girar, un anillo en su dedo, un gesto típico de una personalidad crispada que lo mismo podría juguetear con una daga”. Lo que no especifica Chesterton: el dedo es el meñique. El mensaje querría decir: ganará el más pequeño o el más débil. ¿Quién más sino el Leicester City?

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*Este artículo fue escrito antes de que un empate del Chelsea y el Tottenham el 2 de mayo hiciera al Leicester campeón 2015-2016 de la Liga Premier.