El camaleón peripatético

La iniciativa propia de las cosas

PALMER OBSERVA QUE 007 saca gran provecho de todos los “juguetitos” de avance tecnológico que le dan en cada aventura; sin embargo, lo disfrutamos cuando sale del peligro mediante improvisaciones con objetos comunes

Se rumora —dice el camaleón peripatético en el cuarto donde escribo— que, indeciso entre reseñas favorables y desfavorables a la película, fuiste a ver Spectre por un solo motivo: la actriz Mónica Bellucci aparecería ahí no como "chica" sino como Signora Bond. Y que abandonaste la sala luego de percibir que en la película solo tendría unos minutos.

—En efecto hay en Spectre poco espectro de belluccista belleza madura, camaleón. Pero los momentos en que la actriz aparece como viuda de un criminal-global a la que James Bond protege, y de quien obtiene pistas para desarmar la conspiración, ahí quedan. Y no hagas caso a rumores: vi el resto de la película.

—Pues entre las reseñas a Spectre la más favorable y peculiar es la que te llegó el sábado pasado con tu suscripción a Prospect (diciembre de 2015). La revista le encargó la tarea no a un crítico de cine sino a Jonathan Evans, quien fue director del Servicio de Seguridad británico MI5 del 2007 al 2013. Tiene al dedillo a su 007. Informa que Spectre es la número 26 entre las películas de James Bond (incluyendo la aparición de David Niven como Bond en la versión paródica de Casino Royale y la de Sean Connery en Never Say Never Again), y afirma que el mito de Bond es muy importante para la Inteligencia Británica. "Miembros de las agencias van al cine como cualquier otro y sin duda abrigan cierto orgullo al ver su trabajo en una luz tan heroica. Del mismo modo, los servicios extranjeros tienen plena conciencia de la mística-Bond y eso de ningún modo daña al Reino Unido en los círculos de inteligencia". Como la película trata sobre el desplazamiento de los agentes-a-la-Bond por el espionaje tecnológico, Evans concluye: "Algo dice respecto a nuestras preocupaciones colectivas el que la catástrofe global que Bond y Q tratan de impedir no es alguna explosión nuclear o un ataque biológico sino la exitosa puesta en marcha de un sistema de vigilancia global. Ya hasta Bond pelea ahora ciberguerras".

—Por otro lado, la película está llena de alusiones a las viejas películas de Bond pero en ninguna parte de ella los espectadores más jóvenes se enterarán de que Spectre, más allá de su organización internacional simbolizada por un pulpo, es SPECTRE: siglas que en inglés quieren decir Ejecutivos Especiales de Contraespionaje, Terrorismo, Venganza y Extorsión.

—Esto no te viene de un conocimiento fanatizado por las películas bondianas.

—Así es. Viene de un libro que empecé con escepticismo y en cambio leí sin parar hace años; su autor es Jerry Palmer y se titula Thrillers. La novela de misterio. Génesis y estructura de un género popular (trad. Mariluz Caso. FCE, 1983.) Las partes que dedica a James Bond y a su creador, Ian Fleming, son magníficas. Recuerdo particularmente dos "iluminaciones". Dice Palmer que en Bond hay escenas describibles como "querigmáticas". Según la teología cristiana, "querigma" es el momento en que alguien anuncia a los no creyentes la "buena nueva" de que Cristo murió para salvar a la humanidad, y que aún hoy en día Él tiene el poder de salvarnos de nuestros pecados; es el momento en que la vida puramente personal del individuo es invadida por lo sagrado. "Del mismo modo, el mundo en que entra el héroe en el thriller tiene urgente necesidad de él porque está amenazado, no solo por sus propias insuficiencias sino por la conspiración. El héroe anuncia al mundo que él tiene lo que se necesita para salvarlo". Hay "querigma", pues, cuando Bond se mide primero contra el villano, digamos, jugando cartas; o creo que lo hay, sobre todo, con el infaltable y por todos conocido "Bond, James Bond". He aquí quien las puede. La segunda "iluminación": Palmer observa que 007 saca gran provecho de todos los "juguetitos" de avance tecnológico que le dan en cada aventura. Sin embargo, lo disfrutamos cuando sale del peligro mediante improvisaciones con objetos comunes. "La adaptación de una cosa destinada a ser otra cosa es algo típico del estilo del héroe de James Bond". Palmer cita el momento (Doctor No) en que Bond se enfrenta a un pulpo inmenso armado solo con un encendedor, un cuchillo de cocina y un poco de alambre. Cosas que sin dejar de ser ellas mismas pasan a ser otras cosas; o incluso dejan de ser cosas. ¿No es muchas veces lo que hace la poesía, camaleón? ¿No es como en el verso en que el argentino Roberto Juarroz se refiere a "la iniciativa propia de las cosas"?