El camaleón peripatético

Le gustó más el libro

Rosa Sala escribe que Mi lucha “no solo fue uno de los libros más vendidos de la Alemania nazi (un millón y medio de ejemplares en 1933) sino, desafortunada y paradójicamente, también uno de los menos leídos”

Pues muchos ya quisieran la situación autoral del Führer —murmura el camaleón peripatético en el cuarto donde escribo, al tiempo en que me extiende noticias (TLS, 9/5/14) sobre Adolf Hitler y su libro Mi lucha.

—La nota “Ganancias con mancha” refiere cómo están las cosas. En inglés hay muchas ediciones de Mi lucha en circulación, incluyendo la “Edición Especial Prohibida” y la “Edición sin Expurgar (profusamente ilustrada)”, ambas sujetas a las restricciones europeas del copyright, que protege la propiedad de la obra de un autor durante setenta años después de su muerte. Las regalías que ha generado Mi lucha desde 1945, para no mencionar las ganancias de los editores, suman una fortuna considerable.

—Resulta por ejemplo que el gobierno de Estados Unidos confiscó el copyright de Mi lucha durante la guerra, pero en 1979 fue vendido a la editora Houghton Mifflin. Se calcula que desde entonces vende unos 15 mil ejemplares del libro al año: una cifra respetable para cualquier libro en un catálogo editorial. Y en Gran Bretaña lo publica una división de Random House, Pimlico, desde 1992 (reimpresiones en 1993, 1994, 1998, 2001, 2002, 2004, 2005, 2007, 2011).

—¿Y en Alemania? Como Hitler residía en Munich al momento de su muerte, el receptor inmediato de las ganancias por regalías es el ministerio de finanzas bávaro. El libro está prohibido en Alemania, pero eso no impide que los euros sigan entrando desde India, Turquía y otros países donde es un big seller. El gobierno federal ha tratado de canalizar los millones a causas dignas pero, igual que en Gran Bretaña, ninguna institución de caridad o asistencia quiere aceptarlos. El libro se sigue imprimiendo en ediciones clandestinas. Una edición en lengua alemana está publicada por una empresa autonombrada Elit Minds Inc. A fines del 2015, los derechos del libro quedarán liberados y cualquiera podrá editarlo como se le pegue la gana.

—El asunto se complica porque el estado de Bavaria había destinado 500 mil euros al Instituto para la Historia Contemporánea, ubicado en Munich, con el fin de hacer una “edición crítica” de Mi lucha. La idea era poner el libro en contexto histórico, dando cuenta de las fuentes y las intenciones de Hitler. Tal edición le quitaría al libro su estatus de prohibido, atesorado por los nazis de hoy. Sin embargo, agrupaciones judías se han unido con algunos intelectuales alemanes para oponerse al proyecto. El estado bávaro decidió finalmente retirar su apoyo a la edición. De modo que las mentes de elite le están dejando Mi lucha a lo peor: Elit Minds Inc.

—Pues sí. Volvemos a lo que planteó muy bien Rosa Sala en su Diccionario crítico de mitos y símbolos delnazismo (El Acantilado, Barcelona, 2003). Escribe que Mi lucha (“casi 800 páginas de poco atractiva prosa”), “no solo fue uno de los libros más vendidos de la Alemania nazi (un millón y medio de ejemplares en 1933) sino, desafortunada y paradójicamente, también uno de los menos leídos”. Está diciendo que la “subestimación” de Hitler en su ascenso a la historia conocida, el no haberlo tomado seriamente, tuvo que ver también con la no-lectura de Mi lucha.

—Un poco, o un mucho a eso se refería el poeta inglés W. H. Auden cuando The Paris Review (en 1974; entrevista publicada póstumamente a la muerte de Auden en 1973) le preguntó: “¿Ha terminado de leer alguna vez un libro que odiaba?”. Auden: “No. Perdón, sí. Una vez lo hice. Leí todo el Mein Kampf porque era necesario para saber qué pensaba su autor. Pero no fue un placer”.

—Y hablando de placer. Qué te parece este dicho de Hitler recogido por Auden, quizás en la misma lógica de no hacerse a un lado a la hora de tener enfrente lo que el tipo decía, en su “libro de lugares comunes” o de citas, A Certain World (Viking Press, 1970). Auden incluyó algunas frases de Hitler, ya fuera de Mi lucha o de otras fuentes. En una de ellas, ve qué sufrido Hitler: “Agosto 31, 1944. Creo que es muy obvio que esta guerra no ha sido un placer para mí. Durante cinco años he estado aparte del resto del mundo. No he ido al teatro, no he escuchado un concierto y no he visto una sola película”.

—Y hablando de películas y del big seller de Hitler. Me quedo con el chiste del gran director de cine Billy Wilder. Cuando le preguntaron su opinión sobre la película documental Mi lucha (1961) de Erwin Leiser, Wilder, cuya madre fue asesinada en Auschwitz, dijo de modo genial: “Me gustó más el libro”.