El camaleón peripatético

Futuro sin recuerdo

El Libro VI de la Eneida es también famoso porque en cierto punto se vuelve una monserga. En una nota, Heaney escribe: “Para el lector contemporáneo es el mejor de los libros y el peor de los libros...”

Pues será también mi favorito—dice el camaleón peripatético en el cuarto donde escribo. Hemos pasado casi toda una noche en el Libro VI de la Eneida de Virgilio, a partir de una traducción a lengua inglesa del poeta irlandés Seamus Heaney (Aeneid Book VI, Farrar, Straus and Giroux, NY, 2016)—. Dice Heaney que escogió traducir ese Libro en homenaje a un profesor de latín en la prepa, el padre Michael McGlinchey. El programa los obligaba a estudiar el Libro IX y McGlinchey se la pasaba lamentando que no fuera el VI, su predilecto como en muchos otros lectores: el viaje del héroe Eneas para encontrarse con la sombra de su padre en el inframundo. Libro con hartos “sitios de interés”.

—Al paso. Ahí aparece la Sibila de Cumas (hay grandes efectos especiales cuando es poseída por el dios Apolo para el trance profético) que va a guiar a Eneas por el inframundo. Aparece Caronte que lleva a los muertos en su barca. Aparece la rama dorada, indispensable para bajar al infierno. Aparece Cerbero, el perrazo de las tres cabezas, guardián feroz del averno al que la Sibila aplaca de un modo genial dándole un pastelito con miel y semillas narcóticas. Aparece el fantasma de Dido, quien cuatro libros atrás en la Eneida se ha suicidado porque Eneas la abandona luego de un encuentro amoroso ya que el héroe por plan divino debe ir tras su misión: fundar Roma; el asunto es que mientras Eneas llora y se explica y se disculpa (como quien dice: “No fui yo, mi amor, fueron los dioses”), ella vuelve la cara a otro lado y clava la vista en el suelo (su cara “como esculpida en pedernal o mármol”) y ni se digna a decir palabra en tal vez el mayor desaire que registren las letras universales.

—Y en nuestra sección de “citas para todos” está aquello que le advierte la Sibila a Eneas: es fácil el descenso al averno; lo difícil es salir de él.

—Y viene ahí, como sugiere Borges, un artificio superior respecto a la figura llamada “hipálage” (del griego, “intercambio”). Aunque no sepamos latín, sabemos recibir el verso de Virgilio cuando en algún momento dice que la Sibila y Eneas “ibant obscuri sola sub nocte per umbram”. Si Virgilio hubiera dicho que iban solos en la noche oscura, habría dicho obviedad; al decir en cambio que iban oscuros en la noche solitaria, dice novedad.

—El Libro VI es también famoso porque en cierto punto se vuelve una monserga. En una nota sobre su traducción, Heaney escribe: “Para el lector contemporáneo es el mejor de los libros y el peor de los libros. El mejor por sus visiones mitopoéticas (y) el pathos de los muchos encuentros que le permite al Eneas vivo con sus familiares muertos. El peor por su certidumbre imperial, su celebración del destino manifiesto de Roma y el catálogo de los héroes romanos”. Esto fue lo que hizo a otro poeta, W. H. Auden, decirle en un poema algo así como “no inventes, Virgilio: ni siquiera los primeros de los romanos pueden aprender su historia romana en tiempo futuro. La retrospectiva no puede ser premonición”. Y sin embargo vale la pena soplarse todo el catálogo para llegar a otro “sitio de interés”.

—Cerca del final hay una mención a la creencia (aparece también en la Odisea, XIX) de que hay dos puertas para los sueños: una construida de cuerno y otra de marfil; los que vienen por la de marfil son falsos y los que vienen por la de cuerno son verdaderos. En Virgilio hay una variante: los espíritus de los muertos son quienes envían los sueños. Leemos un verso después que Anquises escolta a su hijo Eneas y a la Sibila para salir del inframundo. Y los saca por la puerta de marfil. Claro que uno se pregunta: ¿cómo que por la de marfil? ¿O sea que es falso todo? ¿No van a cumplirse las profecías? ¿O gran error de Virgilio, o de los copistas, o del tiempo? En la (que yo sepa, o tenga) más reciente traducción al inglés de la Eneida, hecha por Robert Fagles (The Aeneid, Viking, NY, 2006), el prologuista Bernard Knox nos revela esta maravilla, sugerida por otro experto, H. R. Fairclough: “Al hacer que Eneas salga por la puerta de los sueños engañosos Virgilio representa su visión del destino romano como un sueño que él no va a recordar cuando regrese al mundo real; el poeta nos hace saber que desde el principio del libro 7 su héroe no estará dotado de conocimiento sobrehumano para enfrentarse a los problemas”. Ha visto el futuro, pero no va a recordarlo. ¿Quizá como todos nosotros, camaleón?