El camaleón peripatético

'Esperando a Godeau'

Edward Albee pensaba que no había que juzgar a Beckett vanguardista o complejo: “Es una tontería porque Beckett es quizá el dramaturgo más naturalista que yo conozca”.

De no ser porque me intrigó el posible nexo—le refiero al camaleón peripatético en el cuarto donde escribo—no se me hubiera ocurrido leer esta obra teatral. Muy divertida, por cierto, más allá de la curiosidad que me llevó a ella.

—Resumamos. En 1840 Honoré de Balzac escribió una comedia de título Le Faiseur (Rafael Cansinos Assens la tradujo como El especulador) que sólo se publicó y estrenó en 1851, un año después de la muerte de Balzac. Desde ahí fue mejor conocida por el nombre de su personaje central: Mercadet, un “hombre de negocios” más bien experto en “domar acreedores” y en conseguir que le sigan prestando dinero pese a sus múltiples deudas sin pagar. El hecho es que la obra de Balzac abunda en diálogos como este, sobre un socio de Mercadet que un día desapareció: “(Suena el timbre) MADAME MERCADET: Siempre me imagino que es Godeau, que ha vuelto. MERCADET: ¡Después de ocho años sin saber de él aún esperas a Godeau!” O, más aún: “VIOLETTE: Mercadet ¿de veras estás esperando a Godeau? MERCADET: ¡Por supuesto que no! VIOLETTE (con súbita inspiración): ¡Caballeros, él está esperando a Godeau! GOULARD: ¡No puede ser verdad! PIERQUIN: ¡Dinos! TODOS: ¡Habla, habla! MERCADET: Pero no, no… Yo no… Yo… Bueno, es posible que un día u otro Godeau pueda volver de las Indias con algo de… con una fortuna considerable… (En un tono decidido) Pero les doy mi palabra de honor de que hoy no estoy esperando a Godeau. VIOLETTE (excitada): ¡Entonces va a ser mañana! ¡Él espera a Godeau mañana!” Godeau adquiere en la obra una presencia mítica pero nunca aparece.

—Esto es, claro, cien años antes de que Samuel Beckett publicara su obra Esperando a Godot donde como es archisabido hasta en más de veinte ocasiones (según mis cuentas) los personajes centrales incurren en un diálogo así: “ESTRAGON: Vámonos. VLADIMIR: No podemos. ESTRAGON: ¿Por qué no? VLADIMIR: Estamos esperando a Godot”. Desde hace tiempo existe la pregunta que podríamos poner de esta manera: ¿Hay BB (Balzac-Beckett) porque hay GG (Godeau-Godot)? Que sepamos, el último que ha insistido en tal semejanza es Mark Axelrod, un estadunidense experto en literatura comparada y quien ha hecho al inglés una versión del Mercadet de Balzac (de donde tomamos los pasajes citados) pero saltándose todas las escalas y titulándola directamente: Esperando a Godeau (Black Scat Books, Lexington, Kentucky, 2016). Su versión está incluso dedicada a Beckett, a quien conoció en 1982, con quien tuvo correspondencia y a quien vio por última vez en 1988, un año antes de que Beckett muriera.

—“Lo que me pareció más cautivador en la obra de Balzac”, dice Axelrod en el prólogo, “fue que con frecuencia se habla de Godeau pero nunca se le ve. Mientras traducía la obra, por supuesto, no pude evitarme la pregunta obvia que tú, Lector Querido, y yo teníamos respecto al nombre y como tuve una correspondencia con Beckett durante varios años, me sentí con la confianza suficiente para hacerle ‘la pregunta’ y suponer que no se resentiría conmigo. Su respuesta se incluye en el frontispicio de este libro”. La carta dice: “París 21. 10. 86. Querido Mr. Axelrod: Nunca he leído Mercadet de Balzac. Sinceramente Samuel Beckett”. “¿Le creí?” se pregunta Axelrod. “No mucho. Desde luego, si el nombre del personaje fuera Didier o Hachter o Croupier no lo habría pensado ni dos veces; sin embargo, el deletreo, si no es que el sonido, de sus nombres, no podía ser algo fortuito… en algún momento Beckett debió toparse con la obra de Balzac”. Ahora la pregunta es si Axelrod tenía el derecho de no creerle a Beckett y seguirse de largo.

—Pues como dice la otra frase más recurrente (incluso con ella comienza la obra) en Esperando a Godot: no hay nada que hacer. Pero al cabo me interesó más la posibilidad de conectar de otro modo los nombres de Balzac y Beckett. En el tomo III de las obras de Beckett que publicó Grove Press en 2006 (cuatro tomos con Paul Auster como editor general) el dramaturgo Edward Albee categoriza: “Siempre me ha desconcertado a fondo que la gente diga de Beckett: ‘¡Es tan difícil!’—o tan vanguardista, o complejo, o… ambiguo. Es una tontería porque Beckett es quizá el dramaturgo más naturalista que yo conozca, y también el más claro y el menos oscuro. La ‘oscuridad’ reside en el supuesto de la oscuridad”. Beckett “naturalista”, camaleón. Casi un realista. Casi un costumbrista. Casi un Balzac.