El camaleón peripatético

Sobre tierna arena

Nada más patético que imaginar a grupos de literatos, de artistas, de hombres de ciencia, de filósofos, de historiadores, que en diversas épocas ejecutaron enciclopedias y que se perdieron en ellas como en un bosque extraviado en el tiempo.

Van algunas frases —le digo al camaleón peripatético en el cuarto donde escribo— y me dices luego qué dibujan: Hay un desdén genuinamente sentido ante la mera divulgación. Hay una antinomia entre información y conocimiento y podría interpretarse de este modo: ¿cómo se figura usted que puede haber en la casa de un escritor, de un poeta, de un artista, vale decir de un hombre que aprendió lo que sabe por la delicada práctica de su oficio, de un hombre cuyos conocimientos maduraron en la meditada experiencia, una máquina de adquirir informaciones? Sin embargo, quien prescinda de todo conocimiento no asimilado por la experiencia personal corre el riesgo de alcanzar una ignorancia verdaderamente extraordinaria.

—Está claro: alguien que habla de Wikipedia. Y supongo que lo recordaste porque traigo esta noticia (The Times Literary Supplement, 27/5/16): ha aparecido en inglés un libro que se ocupa de las obras de consulta “desde la antigua Babilonia a Wikipedia”, según artículo de Peter Thonemann.

—Pues no, camaleón. Es un texto de Adolfo Bioy Casares titulado “Un tomo de la Enciclopedia de la Pléiade” y recogido hace añísimos en La otra aventura (Editorial Galerna, 1968). Su actitud: “En cuanto a mí, no quisiera vivir en una casa donde no hubiese alguna enciclopedia y en viaje mi dicha no es completa porque no me atrevo a imitar a Huxley, que llevaba consigo la undécima edición de la Britannica”. Su ensayo es no solo una defensa de la consulta enciclopédica sino también su historia en una nuez. Probablemente la enciclopedia más antigua sea la Historia natural de Plinio; Isidoro de Sevilla, Vicent de Beauvais, Brunetto Latini (“te recomiendo mi Tesoro, en el que vivo aún”, Infierno, XV), George Reisch, el de la Margarita philosophica, Louis Moreri, el insigne Pierre Bayle, Ephraim Chambers, merecen recordarse entre los muchos autores del género. La obra clásica es la de Diderot y D’Alembert. Los chinos, de quienes el Museo Británico guarda el Kiu Kin tiu si cheng, en setecientos volúmenes, y los árabes, con sus tesoros y maravillas, fueron famosos enciclopedistas.

—Pues sí, pero ahora reina Wikipedia y fue como de vértigo. Más de tres milenios y tres cuartos separan el Código de Hammurabi de los 29 tomos del Diccionario Grove de Música (segunda edición, 2001); tan solo quince años han pasado desde el lanzamiento de Wikipedia el 15 de enero de 2001. La enciclopedia que todo lo domina en el siglo XXI es, famosamente, la primera obra de su tipo compilada por voluntarios sin credenciales. Un ejército de personas anónimas, conocedoras de la tecnología (en su mayor parte jóvenes, en su mayor parte varones) han reunido y organizado un cuerpo de conocimiento sin paralelo en la historia humana. Son 23 millones 842 mil 261 editores registrados (no todos activos, cierto) en Wikipedia, más un número desconocido de colaboradores. Aunque hayan trabajado digamos media hora de cuando en cuando, y entre un café y otro, es fácil imaginarse cómo creció la enciclopedia. Pese a sus yerros (como el embuste de que Historia de dos ciudades de Dickens era, con 200 millones de ejemplares, la novela más vendida de todos los tiempos) y sus peligros de ser un monopolio así no tenga fines comerciales, Wikipedia y su revolución son incontenibles desde hace rato.

—Ahora bien. Enciclopedia dejaría ella de ser sin un aspecto último. Escribe Bioy que la historia de las enciclopedias revela que estos leviatanes de las letras padecieron siempre, como los enormes animales de periodos remotos, de una íntima debilidad por desaparecer. “¿Qué se hizo la enciclopedia de Knight, en 23 volúmenes? La Moderna, en 24; la de Lardner, en 132; la Metódica de Panckcoucke y Agasse, en 201, ¿qué se hicieron? El inagotable catálogo de las enciclopedias olvidadas no puede menos que provocar, en quien lo recorre, melancolía y admiración. Nada más patético, en efecto, que imaginar los grupos de literatos, de artistas, de hombres de ciencia, de filósofos, de historiadores, que en diversas épocas planearon con exultación y ejecutaron con desvelo tales obras monumentales, a las que llevaron, sin duda, trabajos meritorios, que se perdieron en ellas como en un bosque, un bosque perdido en las profundidades del tiempo”. Parece, camaleón, que Wikipedia llegó para eternizarse; pero igual que toda previa empresa enciclopédica tal vez está levantada, según diría en parte un verso de Lope de Vega, como torre sobre tierna arena.