El camaleón peripatético

¿Y tú, dócil escoba?

El poeta celebra a la retama porque, pese a su capacidad de resistir y persistir, “no se la cree”: es más “sabia y sana que el hombre” al no considerar inmortales sus tallos.

El pasado 30 de diciembre —le refiero al camaleón peripatético en el cuarto donde escribo— me ocurrió la última cosa rara del año. Cambiando canales me detuve en EUROPA (627 de cable). La guía informaba sobre la película en curso: “Leopardi, el joven fabuloso. 2014. La corta vida del enfermizo poeta Giacomo Leopardi”. Tanto la película como la vida de Leopardi (n. 1798) ya estaban cerca del final: los últimos años del poeta en Nápoles (1833-m.1837). Supuse que toda la parte de la película que me perdí habría estado mechada con poemas de Leopardi; y, claro, uno de ellos se imponía ahora, ya cerca del cierre: el que Leopardi escribió efectivamente en Nápoles, 1836. Y en eso andaba la película, con el actor que hace el papel de Leopardi haciendo como que redactaba las últimas partes del poema y una voz en off emitiéndolo, cuando de pronto el subtitulaje en español coló algo increíble.

—Despacio. Leíste ese largo poema de Leopardi por primera vez en la versión de Miguel de Unamuno (Poesías escogidas, Losada; 2a. ed., 1972). Para introducir tu sorpresa, y antes de revelar título y asunto del poema, traigamos el pasaje de la versión de Unamuno donde comienza la cita en la película: “Y en el horror de la secreta noche/ por los deformes templos,/ por los circos vacíos, por las casas/ en que esconde el murciélago sus crías,/ como rostro siniestro/ que en desiertos palacios se revuelve,/ corre el fulgor de la funérea lava/ que enrojece las sombras a lo lejos/ y tiñe los lugares del contorno./ Así, ignara del hombre y de los siglos/ que él llama antiguos, de la serie toda/ de abuelos y de nietos,/ Naturaleza, verde siempre, marcha/ por tan largo camino/ que inmóvil nos parece./ El tiempo imperios en su sueño ahoga,/ gentes e idiomas pasan; no lo ve ella/ y en tanto el hombre eternidad se arroga./ Y tú, lenta retama…”. Éste, el 297 de 317 versos, aunque cerca del término, es el centro del poema titulado “La retama”, ya que el breve verso recoge y empieza a culminar el elogio a esa flor que hemos seguido a lo largo del mismo. Título completo: “La retama o la flor del desierto”. O bien, la flor que sobrevive y aroma en condiciones impensables, volcánicas: Leopardi escribió el poema en las laderas del Vesubio. El poeta celebra a esa flor porque, pese a su capacidad de resistir y persistir, “no se la cree”: es más “sabia y sana que el hombre” al no considerar inmortales sus tallos.

—Y entonces, camaleón, se me hicieron de relámpago las cejas al ver que los subtituladores de la película, llegado el momento, ponían “Y tú, dócil escoba”. No inventen. ¿Cuál “escoba”? Qué escobazo a la pobre retama.

—El original dice “E tu, lenta ginestra”. Para la lengua española estaba cantado que debía ser “Y tú, lenta retama”, como fijó Unamuno. Luego, tienes aquí Leopardi. Obra completa. Edición bilingüe. Los Cantos. Tomo I (Libros Río Nuevo, Barcelona, 1978) donde el traductor Juan Bautista Bertran vertió igual: “Y tú, lenta retama”. Y tienes aquí Leopardi. Canti. Cantos (Bosch, Barcelona, 1980), donde la profesora Loreto Busquets escoge también “Y tú, lenta retama”, en la certeza de que no hay opción mejor, pero en nota al pie de “lenta” ella pone el adjetivo “flexible”. Así, “escoba” es un numerazo de ignorancia pero “dócil” no estaría tan desencaminado para la retama de Leopardi. La pregunta: ¿de dónde los subtituladores habían sacado que “lenta retama” era “dócil escoba”? La respuesta: con un poco de intuición fui a mi diccionario Velázquez inglés-español a buscar “retama” y ahí estaba: broom. Fui a broom y ahí estaba también: la primera acepción es hiniesta, retama; la segunda, escoba. Es decir que los subtituladores de la película sobre Leopardi la tradujeron no del italiano sino del inglés al español. Incluso: podría inferirse que el traductor del italiano al inglés de la película, más aplicado que el traductor al español, utilizó la versión de John Heath-Stubbs que tienes a la mano: ahí “lenta ginestra” se vuelve “gentlebroom”.

—¿Y al fin, qué pasa? ¿Me hago viejo, camaleón? Ya hasta me puede esa escoba, dejada a su injusta y triste suerte por error de subtitulaje. Me quedé casi apenado, concernido por ella como para pensar en hacerle a la pobre un poema de mínimo descargo que empezara tal cual, con el verso erróneo: “¿Y tú, dócil escoba?/ ¿Qué haces aquí al cabo de los siglos?/ ¿Quién te metió en un canto de Leopardi?”.