El camaleón peripatético

La dama de las situaciones

El autor revisa al lado de su camaleónico interlocutor una de las alusiones más oscuras de las muchas, algunas ya muy esclarecidas, que tuvo o tiene el poema de T. S. Eliot (1888-1965) La tierra baldía (1922).

Has vuelto a topar con la dama y las rocas equívocas —me dice el camaleón peripatético en el cuarto donde escribo— relacionadas con una de las alusiones más oscuras de las muchas, algunas ya muy esclarecidas, que tuvo o tiene el poema de T. S. Eliot (1888-1965) La tierra baldía (1922).

—Así es, camaleón. En un libro muy disfrutable de la investigadora Nancy Duvall Hargrove, El año parisino de T. S. Eliot (1910-1911) (Universidad de Florida, 2009), mientras buscaba el tiempo y lugar exactos (si en Harvard o si en París) en que Eliot joven comenzó a leer a Dante, me encontré: “Cuando Eliot compuso TheWaste Land en 1921, incluyó una alusión irónica a La Madonna de las Rocas”, de Leonardo da Vinci.

—Esto ocurre en la primera parte del poema cuando un personaje, la clarividente Madame Sosostris, “con un pérfido mazo de cartas”, le lee el tarot al protagonista central. Ante una de las cartas, le dice: “Aquí está Belladona, la Dama de las Rocas,/ La dama de las situaciones”. Comenta Duvall que “el nombre de la mujer y los apositivos conllevan una complejidad de significados, sugiriendo de maneras variadas que, aunque ella es hermosa, es un peligro para el protagonista. Literalmente, Belladona es ‘mujer hermosa’ en italiano, pero de modo irónico evoca también la palabra similar ‘Madonna’, mientras que la ‘Dama de las Rocas’ es una versión secular de la pintura de Da Vinci evocando las rocas oscuras, escarpadas de ambas pinturas (Da Vinci hizo dos) para sugerir la dureza y el peligro en el contexto moderno del poema”. Y “Belladona”, claro, como la planta venenosa.

—¿Pues sí? Pues no, camaleón. Recordé de inmediato la primera vez en que hace años di con una interpretación parecida. Era la de Frank Kermode y John Hollander cuando editaron The Waste Land para la Antología Oxford de Literatura Inglesa (1973). Pusieron al pie: Belladona. “Hermosa dama” en italiano; también, la mandrágora y el veneno que se extrae de ella.

Dama de las Rocas. La referencia a un cuadro de Leonardo da Vinci (Madonna de las Rocas) es irónica; éstas son las rocas de la tierra baldía.

Dama (de las situaciones). Se reduce la palabra en un nuevo contexto vulgar al sustituir a la Dama anterior con una “d” minúscula.

La explicación no resultaba muy convincente pero era la única a la mano, antes de descubrir que la clave de todo estaba en las mismísimas barajas del tarot.

—Pero ¿cómo? Si el propio Eliot dijo en una de las notas que le añadió al poema: “No estoy familiarizado con las cartas del tarot”. Las cartas que la Sosostris le tira a su protagonista habrían sido imaginaciones del mismo Eliot.

—Pues no, de nuevo. Es como si Eliot hubiera dicho eso para “destantear al enemigo”.

—Y lo habrá “destanteado” tanto que en la novela de Italo Calvino El castillo de los destinos cruzados, construida con historias hechas con cartas del tarot, el narrador ve una carta de El Colgado y se pregunta: “¿Así que esta es la carta en la que Madame Sosostris, vidente famosa (…), al adivinar los destinos privados y generales del emérito funcionario de Lloyds” (Eliot, quien trabajó para ese banco en Londres) “reconoce un marinero fenicio ahogado?”. Y no: Calvino no leyó bien. Madame Sosostris dice claramente: “No encuentro al Colgado”.

—En cambio, camaleón, la carta del “marinero fenicio que se ahogó” es el diez de espadas en el tarot que Eliot y Sosostris frecuentaron: el ilustrado por Pamela Smith para The Pictorial Key to the Tarot, de Arthur Edward White. Los tarots de Smith circularon ampliamente en Estados Unidos y en Inglaterra a principios del siglo XX. Un día llegó a mis manos un libro con ese tarot. Ahí estaba también, y por fin, “La Dama de las Rocas, la dama de las situaciones”. Es el dos de espadas, las que sostiene una mujer sobre una banca, con una venda en los ojos; atrás de ella hay un mar con rocas. La interpretación de White: atrás de la mujer está el “mar de sus emociones, del que brotan las rocas ásperas de los hechos difíciles. Una luna nueva, ominosa, brilla sobre ella. Las espadas que detiene están balanceadas por el momento, pero su situación es precaria”. Lo que predice la Sosostris es la quiebra de la estabilidad de esa mujer “de situaciones”; en efecto, la misma mujer que luego aparece con los nervios rotos en la segunda parte de The Waste Land. Si Eliot no estaba muy familiarizado con el tarot, su invención, la Sosostris, sí lo estaba. Y con mano severa.