El camaleón peripatético

El corazón humano de la gente

Pensé para mí en la cantidad de expresiones poéticas que debieran desbancarse por el uso del pleonasmo; en el supuesto hipotético de que les quitaras a algunos poetas el "pleon", te quedas con el puro "asmo", así de feo como suena.

A los amigos del escritor Ricardo Bada —le digo al camaleón peripatético en el cuarto donde escribo— ha llegado un envío utilísimo sobre el asunto de los pleonasmos. Habla de la “pleonastitis”, cuyo síntoma es la “verbalización de pleonasmos (o redundancias) que, con objeto de reforzar una idea, acaban por referirle un sentido casi siempre patético”. Se incluye la definición: “PLEONASMO es el uso innecesario de una o más palabras que se añaden a una oración con la idea de hacerla más clara, pero no aporta expresividad ni añade nada nuevo al significado de la frase. En resumen es una redundancia: se repite de forma distinta lo ya dicho (…); no cumple ninguna función; por eso su uso no está justificado. (Los pleonasmos) son censurables y deben evitarse”.

—Vienen varios ejemplos. Aislemos algunos. Años de edad. Una de las acepciones de año es “edad, tiempo vivido”. Persona humana. Una persona es un “individuo de la especie humana”. Hecho real. Si no es real, no es hecho. Pensar para sí. No se puede pensar para otro. Polos opuestos. Los polos son opuestos por definición. Supuesto hipotético. Todos los supuestos son hipotéticos. Testigo presencial. Todo testigo es presencial. Y entre los más comunes: Arde en llamas, Estrenar por primera vez, Voy a salir afuera, Le vuelvo a repetir.

—Muy útil para evitarlos, camaleón. Pero luego pensé para mí en la cantidad de versos y expresiones poéticas que debieran desbancarse por su uso del pleonasmo. Y es que en el supuesto hipotético de que les quitaras a algunos poetas el pleon (lo mucho, lo añadido, en griego), te quedas con el puro asmo, así de feo como suena.

—Por ejemplo el personaje de Federico García Lorca, Antoñito el Camborio, es en dos versos del poeta “viva moneda que nunca/ se volverá a repetir”. El hecho es que antipleonásticamente debía ser “viva moneda que nunca/ se repetirá”; el hecho real es que le quitamos el “se volverá a repetir” y como que ya no será único; será moneda repetible.

—O vuelvo a repetir: ¿qué habría quedado del poema “El retorno maléfico” si su autor, Ramón López Velarde, no se hubiera atrevido al pleonasmo? Ahí aparecen: 1) …un cubo de cuero/ goteando su gota categórica… 2) …el lloro de recientes recentales… 3) …las golondrinas nuevas, renovando/ con sus noveles picos alfareros… 4) …el amor amoroso… 5) …de las parejas pares. (O qué tal López Velarde en otro poema: “Asistiré con una sonrisa depravada/ a las ineptitudes de la inepta cultura”.) Más aún, fui a donde sabía que abundan y me (pleonasmo: sobra el me) pasé una entrañable tarde releyendo Poemas humanos, de César Vallejo. Ahí: “Son tres Treses paralelos, barbados de barba inmemorial… 333”. O bien: “Talentoso torrente de mi suave suavidad”. O: “mi triste tristumbre se compone/ de cólera y tristeza”. O: “Pilar otro,/ pilar en duplicado, pilaroso”. O: “Esta es mi cosa cosa, mi cosa tremebunda”. O: “Donde está la tiniebla tenebrosa”. O uno de los mayores y hermosos hallazgos pleonásticos en la obra de Vallejo: “Fue domingo en las claras orejas de mi burro,/ de mi burro peruano en el Perú (Perdonen la tristeza)”. O para ir a lo de “humano”: “Jamás, hombres humanos,/ hubo tanto dolor en el pecho, en la solapa, en la cartera”. Y en ese mismo poema, “Los nueve monstruos”, Vallejo insiste, insistidora insistencia, en el referido pleonasmo: “Ah, desgraciadamente, hombres humanos,/ hay, hermanos, muchísimo que hacer”.

—Ya que estamos en lo “humano” se impone el verso de Margarito Ledesma, que pensaba para sí ser “el humilde poeta Margarito”, creado por Leobino Zavala. Ledesma, humorista involuntario (autor de versos como: “Cuando miro tu cuerpo, no vacilo:/ clarito veo que un parecido toma/ al de la Venus que fundió allá en Roma/ un escultor que se llamaba Milo”); Ledesma, pueblerino de Chamacuero, parecería el polo opuesto del modernísimo César Vallejo y sin embargo usa el “humano” de manera parecida al iniciar su poema “Como Julieta y Romero”: “El corazón humano de la gente…”.

—Sí, camaleón. “El corazón de la gente”, sin “humano”, diría sin pleonasmo pero al fin nada diría; en cambio: “El corazón humano de la gente” es inamovible. Con mis propios ojos, puño y letra, soy testigo presencial: la palabra “humano” es el corazón del verso. Y vuelvo a repetirlo nomás por el gustoso gusto de gustarlo: “El corazón humano de la gente”. He aquí el pleonasmo en su involuntaria humanidad corazonada; el pleonasmo en su plena pleamar.