El camaleón peripatético

El camino de todo tatuaje

Bien visto, ese tipo de marca en la piel lleva o llevará, visible o no, debajo de él la palabra “Sorry”: por el tatuado y por el tatuador, por el tiempo que tatúa y destatúa, por la ocurrencia y por el arrepentimiento.

Pues sigue lo que has llamado la “cadena de tatuajes” —dice el camaleón peripatético en el cuarto donde escribo mientras me extiende la revista The New Yorker (1/9/14) con un artículo sobre el “tatoo artist” Scott Campbell.

—Así es, camaleón. Pero vayamos al principio de la cadena. Cuando la actriz Melanie Griffith hubo de destatuarse a su ex Antonio Banderas del brazo, en desamorosa purga de amor, recordé que un artículo de la revista Cabinet (verano 2012) daba cuenta de algo: quizá contra lo que habría de esperarse, las mujeres le han pegado duro al tatuaje en la historia de la humanidad. Incluso en sus vestigios: el tatuaje masculino más antiguo es quizá el del “Hombre de hielo”, de unos 5 mil 200 años; en cambio, “en sitios arqueológicos del Paleolítico Europeo se han encontrado gruesas figurillas femeninas de color ocre a través del cual se ven rastros de trazos oscuros que pueden representar tatuajes; datan de más de 20 mil años”.

—La otra cosa que pensaste: “Pobre Melanie; ése le habría convenido: el tatuaje-cebolla”.

—Es que fui también a la Poesía femenina en los cancioneros (Castalia, 1989; edición de Miguel Ángel Pérez Priego) por recordar a aquellas damas que acudieron a las “justas y fiestas celebradas por los Reyes Católicos en Valladolid, en abril de 1475”; son las que después aparecerían en las Coplas por la muerte de su padre de Jorge Manrique: “¿Qué se fizieron las damas,/ sus tocados, sus vestidos,/ sus olores?/ ¿Qué se fizieron las llamas/ de los fuegos encendidos/ de amadores?”. Queda memoria que una de estas damas, con uno de estos fuegos de amor en competencia con otras, fue doña Leonor Centellas: “La marquesa de Cotrón trae bordados en el braço unos fuegos, en forma como de la çebolla, y dize la letra: Si acertare o si muriere/ contenta con lo que fuere”. La expresión “como de la cebolla” quiere decir que se había bordado en tela ligerísima, como si inscrito sobre el brazo, su “fuego”. Por eso Melanie debió hacerse, respecto a su fuego-Banderas, un tatuaje-cebolla, para removerlo con facilidad cuando ya no. Por lo demás, su caso muestra que al final, lo mismo que aquellas “bordaduras” de las que habló Jorge Manrique en otra parte de su poema, el camino de todo tatuaje es el de acabar en nada, en ser también pasto del tiempo, hierba bíblica (“el hombre, como la hierba son sus días”), en efecto “verdura de las eras”.

—Otro eslabón de la cadena vino aquí mismo (MILENIO, 23/8/14) en un texto de Alejandro Madrigal (“Mi tatuaje se volvió un sello de mala suerte”) que retomaba el caso de Melanie Griffith y Banderas luego de informar que en la colonia Condesa hay una clínica dedicada a eliminar tatuajes permanentes mediante una técnica novedosa, de tecnología europea, con sistema láser, que por un costo de entre siete y diez mil pesos, y en hasta ocho sesiones que equivalen a un año, logra que el tatuaje desaparezca de la piel. En año y medio la clínica ha tenido la visita de más de 300 personas.

—Y aquí también hay, de modo más que melancólico, un especial camino de todo tatuaje. El láser citado (que no quema la piel) “emite golpes de sonido, lo que provoca que la tinta encapsulada en la piel se fragmente y deseche por la orina”. Ay, camaleón: dado el caso, qué manera la de acabar, o de adjudicar al desecho, lo que alguna vez habrá sido “fuego amoroso”.

—Pues la última muestra del camino de todo tatuaje es la del mencionado artista Scott Campbell, quien empezó tatuando motociclistas y luego incluyó en su clientela a Heath Ledger y Courtney Love. Refiere una cosa loca. Cuando jóvenes y en sus inicios, durante una borrachera él y un amigo se hicieron tatuajes con alfileres de seguridad. El tatuaje que el amigo le hizo a Campbell, una cabeza de gallina, quedó tan mal que ese mismo amigo le tatuó debajo: “Sorry”. Dice Campbell que ese es el peor de los muchos tatuajes que tiene en el cuerpo; sin embargo es entre todos y los muchos suyos el que Campbell no puede dejar de mirar, de modo que ha terminado por considerarlo el mejor de sus tatuajes.

—Qué más, camaleón. Bien visto todo tatuaje lleva o llevará, visible o no, debajo de él la palabra “Sorry”. Por el tatuado y por el tatuador: “Sorry”. Por el tiempo que tatúa y destatúa: “Sorry”. “Sorry” por la ocurrencia y por el arrepentimiento. Por la certeza de la permanencia y la certeza mayor de la impermanencia: “Sorry”. “Sorry” es el camino de todo tatuaje.