El camaleón peripatético

La más breve Vida Breve

Al leer sobre la nueva biografía de John Aubrey te enteras de que en tu edición de Penguin no está la más breve Vida Breve del autor. Tiene sólo dos palabras. Su pobre biografiado era el lingüista Abraham Wheelocke: “Un simplote”  

Acaba de salir (TLS, febrero 27/marzo 6, 2015)—me dice el camaleón peripatético en el cuarto donde escribo—una biografía peculiar sobre el más peculiar de los biógrafos. Se titula John Aubrey. My own life. Está escrita por Ruth Scurr del siguiente modo: le da voz a John Aubrey (inglés; 1625-1697) usando en lo posible las mismas palabras de Aubrey; presenta su biografía a manera del diario que Aubrey no escribió (en una época de grandes diaristas, como Samuel Pepys). Y tiene 544 páginas. Algo también peculiar para un biógrafo “de minutos” o brevedades como Aubrey. Sus propias notas autobiográficas ocuparon sólo tres paginitas.

—Pues recuerda que Oliver Lawson Dick, el editor clásico de John Aubrey y sus Brief Lives en la era moderna (1ª. edición, 1949; yo tengo la de Penguin, 1976) se llevó unas 150 páginas en su “Vida y tiempos de John Aubrey” como entrada al libro. A biógrafo breve, biografías extensas.

—Recordaste también que uno de los mayores elogios a Aubrey es el del escritor francés Marcel Schwob en el prólogo a sus Vidas imaginarias (1896). Le celebra los rasgos únicos, las singularidades inalienables que supo aislar en sus biografiados; lo que los diferenciaba para siempre entre los hombres.

—Añadiría que no sólo eso: en Aubrey hay pasajes inolvidables por sí mismos más allá de sus personajes biográficos. Pienso por ejemplo en la Vida Breve de Sir Everard Digby. “Era un muy galante caballero y uno de los hombres más apuestos de su tiempo. Fue su destino ser ejecutado el jueves 30 de junio de 1606 por la Conspiración de la pólvora. Cuando el verdugo le extrajo el corazón y acto seguido gritó ‘¡He aquí el corazón de un traidor!’, hay reportes creíbles de que dijo: ‘¡Mientes!’”.

—Pero a veces no se puede descartar el hecho de que los “rasgos únicos” nos importan también por el renombre de sus biografiados. Del filósofo Francis Bacon, Aubrey refiere la ocasión en que vio a unos pescadores con sus redes y les ofreció un precio total por lo que sacaran del agua, sin importar la cantidad; ellos le dijeron que sería muchísimo como para tasarlo de antemano. Al fin “muchísimo” fueron dos o tres pescaditos. Bacon les dijo que les habría convenido aceptar su primera oferta; contestaron que esperaban una pesca mejor. Bacon les dijo: La esperanza es un buen desayuno pero una mala cena. O bien, de no ser por Aubrey no sabríamos que el imponente autor del Leviatán Thomas Hobbes jugaba tenis aún a sus 75 años de edad. Se emborrachaba una vez al año y lo hacía hasta lograr “el beneficio del vómito” que le devolvía la lucidez. Peleó una larga guerra: contra las moscas que no cesaban de pararse sobre su inmensa calva.

—Uno de mis pasajes favoritos, camaleón, viene en la vida de Sir Walter Raleigh. Refiere Aubrey: “Mi viejo amigo James Harrington tenía una relación muy cercana con Sir Benjamin Ruddyer, quien a su vez era amigo de Sir Walter Raleigh. Ruddyer le contó a Harrington que, en una ocasión, al ser invitado Sir Walter Raleigh a una comida con una persona muy importante, a la cual supuestamente asistiría su hijo también, le dijo a este último: ‘Eres una creatura tan pendenciera y afrentosa, que me avergüenzo de tener tal carga por compañía’. Mr. Walt se humilló ante su padre y le prometió que se portaría en el banquete de un modo totalmente irreprochable. Así que emprendieron camino y, creo, Sir Benjamin con ellos. Walt se sentó junto a su padre y estuvo muy callado al menos hasta la mitad de la comida. Entonces dijo: ‘Esta mañana, sin tener ante mis ojos el temor de Dios, sino por pura instigación del diablo, me fui con una puta. Me puse muy ardiente con ella, la besé y la abracé, y ya me disponía a gozarla cuando en eso me apartó con fuerza y me juró que no debía seguir, porque tu padre –dijo—se acostó conmigo hace apenas una hora’. Sorprendido de ese modo tan fuera de lo normal y desconcertado ante una mesa tan distinguida, Sir Walt le propinó a su hijo una bofetada en plena cara; su hijo, rudo como era, le pegó, no a su padre, sino que golpeó en plena cara al caballero que estaba sentado junto a él, y le dijo: ‘Pásala, al fin que pronto le va a llegar a mi padre’. Esto último se volvió un dicho de uso común”.

—Al leer sobre esta nueva biografía de John Aubrey te enteras de que en tu edición de Penguin no está la más breve Vida Breve del autor. Tiene sólo dos palabras. Su pobre biografiado era el lingüista Abraham Wheelocke: “Un simplote”.