El camaleón peripatético

Variaciones sobre un tema de JLo

Mi interés derivaría en otra cosa: tan solo pondría mi veterano y cansado cachete izquierdo sobre su cachete derecho de lo que le viene siendo la zona del "derrière", y ahí mi cachete y yo querríamos reposar por toda la eternidad.

Me disculpas —le digo al camaleón peripatético en el cuarto donde escribo—pero no conozco ninguno de sus temas musicales.

—No. Es otro tipo de otro tema. Te traigo esto que encontré en internet, publicado por El Comercio (12/3/14) de Perú, donde algunas famosas hablan de sexo. Las palabras de Jennifer López me dejaron fijo de risa. “La actriz y cantante tiene una recomendación para los hombres. Ella opina que deberían dejar de creer que los pezones de una mujer son ‘sintonizadores de radio’. ‘No nos gusta que los pellizquen como si trataran de encontrar una estación. Ustedes creen ‘Dios, le encanta’, pero en realidad pensamos ‘Dios, haz que se detenga’, explica”.

—Qué gran cosa. Pero antes de “variar” sobre el tema, si me preguntaran “¿y al revés?”. Oh cielos, yo diría, camaleón: “A mí sí me gusta que me pellizquen la tetilla, sobre todo mi tetilla derecha, como si trataran de encontrar una estación. Ustedes creen ‘Dios, esto no le encanta’, pero en realidad pienso ‘Dios, haz que no se detenga’”.

—Pues lo primero que se me ocurre es preguntarse qué tipo de pezón tiene JLo, por si es de sospecharse que de eso dependa su escaso umbral de tolerancia al “dial” radiofónico. Y preguntarse luego: ¿no habrá contribuido a tal rechazo lo mal que le han hecho lo que ella llama “pellizcos”? Me pregunto entonces cómo será el de JLo. ¿Será el pezón-capullo que florece por las noches y se esconde o asienta en la mañana? ¿Será el pezón-brisa, el pezón rápidamente erizado al mínimo beso del aire? ¿Será el pezón-papayo, el de “La Giganta” del poema de Salvador Díaz Mirón basado en Baudelaire? ¿Será el pezón-pitón, el que pugna contra la camisa de las cantadoras de feria que aparecen en “La suave patria” de Ramón López Velarde? ¿Será el pezón-napolitano, el pezón dulce sobre una conciencia de flan cuyo acercamiento en efecto no debe hacerse por métodos manuales sino orales? ¿Será el pezón-goma de lápiz? ¿Será el pezón-gatito, aquel al que con el dedo derecho índice se le motiva desde abajo como a una madeja? ¿Será el pezón-Reina Madre, conocido pobre y vulgarmente como el hotcake dollar? ¿O será el que tienes aquí: pezón-señora Miyagi? ¿Cuál es ése?

—Ah, el pezón-empapilado. Es el que viene en Si una noche de invierno un viajero de Italo Calvino. Como recordamos, esa novela de Calvino es una novela de novelas: en ella aparecen capítulos de novela policiaca, centroeuropea, latinoamericana, etcétera. Uno de los pastiches de Calvino es el de la novela erótica japonesa, o de pasajes eróticos como en las novelas (supongo) de Yasunari Kawabata. Ahí leemos (trad. Esther Benítez): “Lo que suscitaba mi interés, en el seno de la señora Miyagi, era la corona de papilas en relieve, de grano grueso o menudo, diseminadas por la superficie de una aréola de extensión considerable, más juntas en los bordes pero con avanzadillas que llegaban hasta el ápice. Presumiblemente estas papilas regían cada una de las sensaciones más o menos agudas de la receptividad de la señora Miyagi, fenómeno que pude verificar fácilmente sometiéndolas a ligeras presiones lo más localizadas posible, a intervalos de cerca de un segundo, y comprobando sus reacciones directas en el pezón e indirectas en el comportamiento general de la señora, así como también las reacciones mías, dado que evidentemente se había establecido cierta reciprocidad entre su sensibilidad y la mía”.

—Yo tengo otra duda: según los parámetros de JLo, ¿calificaría como “acoso radial” al pezón lo que ocurre en el cuadro Gabrielle d’Estrées y una de sus hermanas en el baño, donde una le “sintoniza” el pezón a la otra desde 1595 y lo seguirá haciendo digamos mientras exista el Museo del Louvre?

—Pues no sé, camaleón, habría que preguntarle a JLo.

—Pues abur y vuelvo al peripato, pero antes: queda claro que en esta materia no hay que hacerles a los pezones nada que no quieran que les hagan. ¿O tú serías tan necio como para tratar de convencer a JLo, oh cielos, si tuvieras la oportunidad, de que su radiofobia en cuestión manual sólo proviene de que ha sido burdamente “sintonizada” respecto al punto aludido?

—Ay, camaleón, si te dijera. Mi sueño con JLo de ningún modo iría por ahí. Mi interés derivaría en otra cosa. Tan sólo pondría mi veterano y cansado cachete izquierdo sobre su Cachete derecho de lo que le viene siendo la zona del derrière, y ahí mi cachete y yo querríamos reposar nuestra fatiga dura por toda la eternidad.