El camaleón peripatético

Tv lenta

Todo empezó en 2009 al transmitirse en vivo un viaje por tren de Oslo a Bergen: el canal de la NRK lo siguió al atravesar túneles oscuros, montañas nevadas y valles neblinosos; el programa fue visto por un millón de noruegos.

Eso ya ocurría desde hace rato —le digo al camaleón peripatético en el cuarto donde escribo—. Se inventó con las transmisiones de golf televisado. Varias horas de tedio sin mitigación. Yo creo que ni los jugadores de golf soportan ver al golf jugarse.

—Que no. Lo que te traigo es otra cosa. Y tiene que ver con la realidad y la televi…

—¿Un enésimo reality show? Paso.

—¿Te esperas? Se trata de algo que encontré en la revista The Atlantic (enero/febrero, 2014). Un texto breve cuya ilustración busca cifrarlo todo: un caracol que lleva por concha un aparato televisivo. Resulta que en Noruega hay un gusto en ascenso por algo que han llamado “Tv lenta”.

—Interrumpo de nuevo, camaleón, sólo para decir que quizá tuve un momento premonitorio del asunto. En diciembre pasado estaba yo en un hotel de Chetumal zapeando con el control remoto el televisor del cuarto a la búsqueda de un partido de futbol de la Liga inglesa; búsqueda infructuosa si las hay o las hubo porque la Liga inglesa ya no se transmite por cable, cuyo sistema y señal eran los del hotel. Mi coraje fue mayor al sentir como si “la realidad televisiva” se estuviera burlando de mí: en el canal que era mi última esperanza para encontrar el ínglich-fucho, por todo alimento deportivo solo se ofrecía algo, lo reconozco, peor al golf televisado: una competencia de forzudos tirando de sogas atadas a coches o cargando entre los brazos pelotonas cuyo único e inexistente adjetivo sería el de kilombásticas. Aporreé o pulgaricé con enojo el control remoto para huir de aquello y en eso, por mi pecado de ira deportiva, me castigó Diosito. De pronto el control se atoró en un canal y ya no lo quité por no creer lo que veía: estaban pasando el rezo del rosario. Todo. No sé en qué Misterio iban pero me quedé ahí buen rato como en trance hipnótico. Y algo extraño se abrió paso en la sección de avemarías, al pensar en Ramón López Velarde. Como recordamos, en la penúltima estrofa de su poema López Velarde le da a la suave patria de su dicha, la clave: que sea siempre igual, fiel a su espejo diario. Y entonces: “Cincuenta veces es igual el Ave/taladrada en el hilo del rosario/y es más feliz que tú, Patria suave”. Quién iba a imaginarse que algún día el Ave no iba a ser taladrada sino tele-taladrada en el hilo del rosario. Dios mío: el rosario “en tiempo real”. ¿Quieres mayor ejemplo de tv lenta?

—Eso no es nada. Compáralo con lo que ocurre en la televisión pública de Noruega. Todo empezó en 2009 al transmitirse en vivo un viaje por tren de Oslo a Bergen. El canal de la NRK siguió al tren mientras resoplaba a través de túneles oscuros, montañas nevadas y valles neblinosos. El programa, o lo que sea, fue visto por un millón de noruegos, 20 por ciento de la población del país. El asunto fue a más. Ya para 2011 más de la mitad del país siguió la navegación de un barco por la costa oeste de Noruega en un viaje de 134 horas. A principios de 2013 la NRK transmitió 18 horas de salmones nadando corriente arriba. Y en el otoño de ese mismo 2013, dos nuevas “épicas” salieron al aire: una exhibió 100 horas de ajedrez jugado por el gran maestro noruego Magnus Carlsen, y la otra ofreció algo así como “de la oveja al suéter”, con cuatro horas de discusión sobre el tejido, y otras ocho horas y media de trasquilado de ovejas, hilado y agujas tejedoras. Y los noruegos están encantados. Uno de ellos declaró a la Deutsche Welle que esos programas “le permiten a uno ir más a fondo, disfrutar más los detalles”.

—Y veo, camaleón, que no podía faltar un episodio de Isn’t it good?: Norwegian wood, como dirían Los Beatles. Hubo una transmisión nocturna con 12 horas de corte de troncos y luego quema de leños; se invitó a los espectadores a que por Facebook dieran consejos sobre el mejor modo de colocar la madera. Uno de ellos comentó al sitio Web de un periódico: “No podía irme a dormir de lo excitado que estaba. ¿Cuándo transmitirán más leños?”.

—Pues abur y vuelvo al peripato, pero antes: se me ocurren dos cosas, que conciernen a otros dos de tus santones. Por un lado, y según parece, la tv lenta no es para sus espectadores lo que en uno de sus poemas es para Borges “la mayor congoja”: “la prolijidad de lo real”. Y por el otro, T. S. Eliot escribió en el primero de sus Cuatro cuartetos que “los seres humanos no pueden soportar demasiada realidad”. Pues realidad, no; pero entonces y por lo visto, realidad tele-real, ésa sí que sí.