El camaleón peripatético

Cada quien su Séneca

En su carta “Consolación a Helvia” se pregunta por la locura de los hombres para amontonar riquezas, aumentar las rentas y extender el número de las haciendas, mientras él era millonario (con dinero extraído incluso a las víctimas de Nerón luego de sus muertes)

Aparecieron —dice el camaleón peripatético en el cuarto donde escribo— dos nuevas biografías de Séneca (4 a. C.-65 d. C) en inglés (The New Yorker, 2/2/15), una de ellas Morir a diario: Séneca en la corte de Nerón; y la revista National Geographic (abril, 2015) emprende un “replanteamiento de Nerón”: el asesino de dos de sus esposas y quizá de su madre no era del todo malo.

—Las dos biografías toman partido a favor de Séneca respecto a si fue menos cómplice que víctima de los crímenes de Nerón, entre ellos su propio suicidio. National Geographic entrevista a la arqueóloga Marisa Ranieri Panetta: apunta que la mala prensa de Nerón habrá quizá empezado por el hecho de que sus primeros biógrafos, Suetonio y Tácito, tenían lazos con la élite senatorial, que por razones políticas expurgó la influencia de Nerón a su muerte.

—La arqueóloga dice que Nerón fue mejor de lo que cuentan, y no mucho peor que sus predecesores y sucesores. Por ejemplo, Constantino, el gran emperador cristiano, mandó matar a su primer hijo, a su esposa y a su suegro. Y también puede hablarse de buena y mala prensa para Séneca a lo largo de los siglos.

—Se le ha reprochado, por caso, que el estoicismo con el que urge a su madre, en la carta de “Consolación a Helvia”, a soportar los rigores del destierro de su propio hijo era fácil para él: estaba desterrado en Córcega, un sitio famoso por su belleza y hogar de sofisticados romanos. O bien, en esa misma carta se pregunta por la locura de los hombres para amontonar riquezas, aumentar las rentas y extender el número de las haciendas, mientras Séneca era millonario (con dinero extraído incluso a las víctimas de Nerón luego de sus muertes) y tenía propiedades hasta en Egipto.

—Séneca ha tenido más favorecedores que detractores. Basta mencionar dos nombres: Montaigne escribió una defensa y Diderot una biografía. Cada quien su Séneca. ¿El tuyo?

—El que vertió, comentó y parafraseó Francisco de Quevedo en “De los remedios de cualquier fortuna”. Quevedo le agradece a Justo Lipsio su edición de Séneca, pero objeta cuando Lipsio dice que imprime este tratado por ser atribuido a Séneca aunque no se vea en él su estilo. “Yo no sólo”, dice Quevedo, “afirmo ser de Séneca todas las sentencias y palabras sino este mismo estilo; porque en Séneca hallamos primero que en el Petrarca, el estilo de repetir una palabra muchas veces y consolarla, y declararla repetidamente de diversas maneras”.

—Me encanta esto de “consolar” palabras. Como prueba de su dicho, Quevedo cita del latín original una carta de Séneca. Va en español (Epístolas morales a Lucilio, Gredos, 1986): “Con satisfacción”, le dice Séneca a Lucilio, “me he enterado por aquellos que vienen de donde estás tú que vives familiarmente con tus esclavos. Tal comportamiento está en consonancia con tu prudencia, con tus conocimientos. ‘Son esclavos’. Pero también son hombres. ‘Son esclavos’. Pero también comparten tu casa. ‘Son esclavos’. Pero también humildes amigos. ‘Son esclavos’. Pero también compañeros de esclavitud, si consideras que la fortuna tiene los mismos derechos sobre ellos que sobre nosotros”.

—Realzado por Quevedo, el estilo de Séneca es pegajoso. Dime si no dan ganas de incurrir en un ejercicio similar. Tomemos algunos de los “remedios” a “morirás lejos” y detengamos la cita en la frase que José Emilio Pacheco puso de epígrafe a su novela. “Morirás lejos. En cualquier parte hay camino para el sepulcro… Morirás lejos. Ninguna patria es ajena al muerto. Morirás lejos. No es más pesado el sueño fuera que en casa… Morirás lejos. Fuera desdicha si en mi casa pudiera excusar el morir. Morirás lejos. La otra vida igualmente dista de todas partes. Morirás lejos. Todo el mundo es una casa, las provincias son aposentos; yo no mudo de casa, sino de aposento… Morirás lejos. Quien muere en sí, cada día se acerca más a su muerte. Morirás lejos. Los que dejo en mi casa mueren, y los que están en la que peregrino también. Morirás lejos. Eso tiene la muerte, que siendo partida, no se camina; y siendo jornada, es igual desde cualquiera parte. Morirás lejos. En ningún lugar se puede estorbar el morir, y en todos para vivir hay estorbos… Morirás lejos. Nada me puede hacer falta para morir, y cuanto más me faltare, moriré con menos dolor. Morirás lejos. Conmigo llevo la tierra y la muerte”. Tal, camaleón, es mi Séneca: el quevediano, el dado a repetir y consolar palabras.