El camaleón peripatético

Todos somos Plutón

Cuando hablamos aquí mismo sobre el "remake" de la serie "Cosmos", originalmente escrita y conducida por Carl Sagan, dimos en que los manuales que la ciencia iba dejando atrás la literatura los reclamaba para su terreno.

Estás en pie de lucha —le digo al camaleón peripatético mientras llego al cuarto donde escribo, porque lo oigo parafrasear versos a los que les inserta una palabra en común: “Y Plutón, más grande que los que ellos creían” (Ezra Pound); “Cuando lleguéis a viejos, respetaréis a Plutón” (Joaquín Pasos); “Y apenas se descuiden me voy para Plutón” (Pablo Neruda); “Niños del mundo, si cae Plutón —digo, es un decir” (César Vallejo).

—Claro. Con eso de que la nave-sonda New Horizons (MILENIO, 15/7/15) estaría enviando imágenes del planeta al que aludimos, tengo la esperanza de que habrán de restituirle sus derechos cosmológicos o como haya de llamárseles, tan feamente sustraídos hace algunos años, con todo y retintín de que se trataba de un “planeta enano”. ¿O tú de qué parte estás?

—De la plutónica parte, camaleón. Ahora: para mí este planeta nunca fue desbancado; alguna vez, cuando hablamos aquí mismo sobre el remake de la serie Cosmos, originalmente escrita y conducida por Carl Sagan, dimos en que los manuales que la ciencia iba dejando atrás (por ejemplo, Plutón aún era planeta cuando Sagan) la literatura los reclamaba para su terreno. Pues bien: a mí nadie me quitará de la cabeza lo que aprendí de niño, al enumerar de memoria los planetas en la lista luego de Mercurio, Venus, Tierra y Marte. Seguían así, como una alineación de la delantera de un equipo de futbol cuando se componía de cinco jugadores: Júpiter, Saturno, Urano, Neptuno y Plutón. Aún me gusta repetirlo. Se acusaba de facilismo machacante para los niños de entonces. No sé, pero por supuesto que la línea Júpiter, Saturno, Urano, Neptuno y Plutón, a fin de cuentas un involuntario verso de catorce sílabas, conserva mucho de encanto: hay gratos o envolventes sonidos en u, t, p, ere, o, n. Si en esa línea Plutón resulta al último científicamente falso, verbalmente es memorable.

—Pues vuelvo al Cosmos (Planeta, 1982) de Sagan y encuentro ahí otros motivos para “solidarizarse” con Plutón. Antes de morir en 1916 el bostoniano Percival Lowell había realizado “importantes contribuciones a nuestro conocimiento de la naturaleza y evolución de los planetas, a deducir la expansión del universo y al descubrimiento del planeta Plutón, en el que intervino y que le debe su nombre. Las primeras dos letras del nombre de Plutón son las iniciales de Percival Lowell”. Y sin embargo, pobre Plutón: Sagan añade que el amor constante de Lowell fue el planeta Marte. Dan ganas de compadecer aún más a Plutón.

—Pues mira al respecto la siguiente curiosidad. Por los mismos días en que empezó a hablarse de Plutón, surgió la noticia futbolística de que el club turco Besiktas estaría interesado en contratar al Chicharito Hernández. Si tal cosa ocurriera, pensé, los singulares y ocurrentes fanáticos del Besiktas harían una manta como: “El mundo es un valle de lágrimas; el Chicharito jugará con Besiktas”. Aclaremos que serían lágrimas de felicidad; el contradictorio sello de la casa en los mensajes de los fanáticos del Besiktas.

—Todo viene de este clipping que guardaste (The New Yorker, 7/8/11), donde la reportera Elif Batuman se ocupa de los peculiares fanáticos besiktianos. La cosa es así entre los tres equipos que juegan en Estambul. El Galatasaray, el más antiguo de ellos, se asocia con el elitista Galatasary Lycée de la era otomana; el Fenerbahce es el que tiene más dinero y cuenta con los aficionados más ilustres (el entonces primer ministro, hoy presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, y el premio Nobel de Literatura Orhan Pamuk le van a este equipo); el Besiktas es el equipo de los de abajo, de la clase trabajadora.

—En el fondo los seguidores del Besiktas resultan menos interesantes por creerse que son eso que por su vertiente imaginativa a la hora de inventar cantos o responder a situaciones. Los eslóganes colgados de sus mantas en el estadio son defensas de lo imprevisto, de los perdedores en general. “Todos somos negros”, proclamaba una manta luego de que fanáticos contrarios hicieron alusiones raciales al astro francés-senegalés del Besiktas, Pascal Nouma. Cuando los del archirrival Fenerbahce menospreciaron a un entrenador del Besiktas cuyo padre había sido conserje, algunas mantas en el estadio decían: “Todos somos conserjes”. Y cuando aquel comité internacional de astrónomos sacó a Plutón de la lista de planetas, los seguidores del Besiktas asumieron, qué más, la causa: “Todos somos Plutón”.