El camaleón peripatético

Nuevo índice de primeros versos

Veo que te quedaste fijo en un párrafo: “Hay una ironía especial en los índices de poesía, habitualmente compilados por el primer verso, que pueden parecer tan convincentes como los poemas a los que se refieren”

En el último número de la revista Cabinet —le digo al camaleón peripatético en el cuarto donde escribo—, viene un artículo de Sasha Archibald titulado “Índices, en elogio de los”, que en unas cuantas páginas da historia, santo y seña de tal instrumento.

—Veo que te quedaste fijo en un párrafo: “Hay una ironía especial en los índices de poesía, habitualmente compilados por el primer verso, que pueden parecer tan convincentes como los poemas a los que se refieren”. Muchos años atrás armaste un texto hecho de primeros versos que simulaban pertenecer y referir a poemas enteros.

—Así es, camaleón. Lo retomo y rearmo en un “Nuevo índice de primeros versos”.

Ahora procedo a explicar cómo se hacen las maracas, 43

A la mañana siguiente, en los barrancos de Hobbes, 82

Al fin del alfiler es fama el vértigo de los ángeles, 62

Aquí la cosa es Pay-Per-View, dijo Caronte, 95

Aristóteles ceceaba y Alejandro entraba a saco, 15

Bailaba el oso. Un bombón de morfina, 72

Claras palpitaciones del tiempo en la rodilla, 129

Como una radio lejana el domingo a medianoche, 143

Con el huesito subido hasta la oreja, 18

Cromalín brotó en principio de chrome-line. Y las palabras, 131

De todos aquellos saurios de la Roma, el Hotel Rex, 122

Edipo en pupilentes; Hamlet, gordo, 30

El dolor de la duela me delata, 78

El México de Beckett sigue intacto, 103

El perro del yo se tiende sobre la charca solar del pasado, 11

Emoción de cuando el libro está a punto de ser el buscado, 102

Enfermo estoy, problemas musicales, 91

En mi Heráclito, en mi chango y en mi Prufrock. Mi Bouvard, 65

Entonces dejadme con Héctor, 109

En un anuncio de jabones, en cualquier Pensamiento de Pascal, 19

Es más probable el vidrio que la brújula, 145

Este silencio debía ir a dar a mis memorias, 57

Fichte tomó champaña únicamente cuando su hijo dijo “yo” por vez primera, 9

Garrick extiende ahora su receta, 137

¿Hasta dónde se llega con un yo?, 14

Incluso algunos terrores deben ir a la escuela de canto, 89

Insisto en que mi tienda no era de imposibles, 79

Intransigente noche, cursi como el mármol, 116

Juro que había una cueva. Como el chino, 81

La incontinencia tibia de los días, 21

Lady Libido, tu paso por el lobby, 107

La piel, la traductora, 66

Llego a la torre pura, espúreo, decidido, 75

Madera de campeones tenía el pino, 47

Melancolía, esa palabra de Gibbon predilecta, 58

Me rasco la ceja y caen copos de piel, años, 83

—Mi problema no es el frasco—. Habla la mosca, 126

Neón; flores nictálopes creen desayunar, 115

No me gustan los poemas postales. El viaje, 34

Obispos atinados, el triunfo del amor sólo en los cines, 67

Odiador de Navidades, padre de las frecuencias infrecuentes, 28

Oh mente, oh loca: a contemplarte desnuda te atreviste, 93

Omar Shariff nada temía del lobo y de la nieve, 105

Onofre baila con Chung La Coreana. En Chetumal, 59

Palomas criminales contra pájaros, tía Luisa, 147

Perdido está. El imposible enroque, 117

Pero Jonás amaba a su ballena, 113

Recordemos a los hundidos con las almas ocupadas por el agua, 118

Se pierden las Mont-Blanc; quedan los Bic, 149

Se rompe la mañana en dos silencios, 127

Sitios de amor, la boca acomedida, 85

Sólo cuando no pueden besar, los libros, labios, cantan, 135

Tablada isabelino, marvelliano; abejas como aviones, 37

Tengo el corazón escaso mientras no lo haya en palabras, 110

Tócala más, Felipe. Es una rosa, 61

¿Todos llevamos al cuello un hijo muerto, 77

Un ebrio Sandokán, la tempestad. ¿Quién era el más terrible de los dos?, 94

Un om; muy largo el om. Un editor, 70

Vida errante, recuerdos sedentarios, 23

Ya los oíste; cantan dentro de las tumbas, 157.