El camaleón peripatético

Nube de un minuto

Brecht es un autor de poemas donde “lo sublime se alía a lo totalmente ordinario”, al grado de que su lenguaje común lo vuelve más difícil de traducir a otras lenguas que poetas “más difíciles”, como Rilke o Trakl.

Quién lo diría —se divierte el camaleón peripatético en el cuarto donde escribo—. Hay en este libro de Love Poems acabado de salir (editado y traducido por David Constantine y Tom Kuhn; Norton, NY, 2015) un poema de Bertolt Brecht (1898-1956) que parecería hecho para la machacona campaña contra la obesidad que sugiere o de plano ordena “Chécate, mídete, muévete”. Y pensar que el de Brecht es en efecto un poema de amor. Se leería en español: “Mándame una hoja, pero de un árbol pequeño/ que crezca a no menos de hora y media/ a distancia de tu casa. Porque así/ tendrás que caminar, te pondrás fuerte y yo/ te daré las gracias por la hermosa hoja”. Pero veo que tienes aquí no solo el libro sino una reseña objetora al mismo.

—Así es, camaleón. La escribe uno de los mayores expertos de lengua inglesa en literatura alemana, Michael Hofmann. Considera (The Times Literary Supplement, 6/26/15) que esta edición de Love Poems es algo frívolo y como fraguado no para enriquecer a Brecht en inglés sino para vender libros, con todo y su portada con huellas de lápiz labial y pared surcada de grafiti que recuerda al álbum Beggars Banquet de los Rolling Stones. En realidad, tal cosa no me impidió disfrutarlo; en realidad, el texto de Hofmann es atendible más allá de su crítica al libro por lo que asienta sobre la poesía de Brecht. Aparto dos observaciones. En lengua alemana Brecht es un autor de poemas donde “lo sublime se alía a lo totalmente ordinario”, al grado de que su lenguaje común lo vuelve más difícil de traducir a otras lenguas que poetas “más difíciles” de traducir como Rilke o Trakl; y sus poemas más hondos ofrecen sustantivos que no van más allá de hierba, nubes, árbol y viento, mientras que los adjetivos en alemán bitter, bleich, fahl y freundlich (amargo, pálido, cenizo, amigable) casi debían pertenecerle en copyright: los volvió sencilla, inconfundiblemente brechtianos.

—Pues algunas de esas palabras aparecen en su poema de amor más famoso.

—Así es, camaleón. Lo leí por vez primera en español tanto en Bertolt Brecht. Poemas y canciones (versión de Jesús López Pacheco sobre la traducción directa del alemán de Vicente Romano; Alianza Editorial, 5ª. edición, 1973), como en Poesía alemana del siglo XX (editado y traducido por Rodolfo E. Modern; Librerías Fausto, 1974). Se llama “Recuerdo de Marie A.” y fue escrito en 1920. La versión que trae Love Poems me animó a hacer una propia. Fui a otras versiones del poema en francés e italiano; en español atendí más a la de López Pacheco aunque la mía diverge sobre todo en un punto: no hace falta saber alemán para ver qué se lee cuando Brecht usa la palabra “Minuten”. En todo caso me atrajo más la opción de literalidad. Los otros traductores, exceptuando a los más recientes al inglés, han preferido “instante” o “instantes”. Así, López Pacheco: “Pero la nube floreció un instante”. Quizá, camaleón, solo hice mi intento de traerlo una vez más al español para que florezca de nuevo esa nube de minutos o nube de un minuto (lo prefiero así, como dije, a “instantes” o “instante”) que cierra el poema de Brecht.

1

Era en un día del azul septiembre,

en silencio, bajo un ciruelo joven

como en un sueño tierno, entre mis brazos

la que amaba, silenciosa y pálida.

Arriba, el cielo hermoso del verano

y en él, vista a lo lejos, una nube.

Altísima, blanca, de no creerlo.

Cuando miré de nuevo, ya no estaba.

2

Desde entonces muchas y muchas lunas

tranquilamente se han ido alejando.

Sin duda derribaron los ciruelos

y si me preguntas: Y de tu amor, ¿qué?,

contesto: ya no puedo recordarlo.

Y sin embargo, entiendo lo que dices.

Pero su cara ya no la sabría.

La besé alguna vez, y no sé más.

3

Y hasta del beso aquel me habría olvidado

de no ser por la nube que ahí estaba;

aún la recuerdo, y voy a recordarla,

altísima y tan blanca al ir bajando.

Tal vez aún florecen los ciruelos,

y aquella mujer va en el hijo siete.

La nube en flor fue nube de un minuto;

cuando volví a mirarla era ya viento.