El camaleón peripatético

Muestrario de mala leche

He aquí una interesante y amplia recopilación de las opiniones viperinas que varios literatos, músicos y actores han vertido acerca de sus colegas.

Pues te dejo, sin más —dice el camaleón peripatético en
el cuarto donde escribo—, un muestrario de mala leche que espulgué en la revista Lapham’s Quarterly (invierno, 2014). Solo añado alguna que otra frase, como la de W. C. Fields sobre Mae West.

—Oscar Wilde sobre Alexander Pope: Hay dos modos de aborrecer la poesía: uno es aborrecerla, otro es leer a Pope.

—George Orwell sobre W. H. Auden: El tipo de gente que siempre está en otra parte cuando se jala un gatillo.

—Cyril Connolly sobre George Orwell: No podía sonarse la nariz sin lanzar moralinas sobre el estado de la industria del pañuelo.

—William Faulkner sobre Henry James: Es una de las damas más agradables que he conocido.

—Henry James sobre Thomas Carlyle: Siempre la misma longaniza, pringando y chisporroteando en su propia grasa.

—Alfred Kazin sobre William Faulkner: Curiosamente tedioso, furiosamente clichesco, y con frecuencia sin sentido.

—Ava Gardner sobre Clark Gable: El tipo de tipo al que si le dices: “Qu’iubo, Clark, ¿como‘stás?”, se traba al responder.

—Cecil Beaton sobre Evelyn Waugh: Murió de esnobismo.

—W. C. Fields sobre Mae West: La idea de Cleopatra que puede tener un plomero.

—Igor Stravinski sobre Benjamin Britten: No un compositor. Un cleptómano.

—Pauline Kael sobre Anthony Quinn: Necesita un trasplante de personalidad.

—Mary McCarthy sobre Lillian Hellman: Cada palabra que escribe es una mentira, incluidas y y el.

—Winston Churchill sobre Charles de Gaulle: Como una llama hembra sorprendida al bañarse.

—David Niven sobre Jayne Mansfield: Miss Lecherías Unidas ella sola.

—Thomas Carlyle sobre Ralph Waldo Emerson: Un babuino canoso y desdentado.

—Ralph Waldo Emerson sobre Algernon Charles Swinburne: Un leproso y no más que un sodomita.

—Algernon Charles Swinburne sobre Lord Byron: El más afectado de los sensualistas y el más pretencioso de los disolutos.

—Lord Byron sobre William Cowper: Ese calvinista maniaco y poeta mimadito.

—Dorothy Parker sobre Katharine Hepburn: Recorrió toda la gama de emociones de la A a la B.

—Margaret Kendall sobre Sarah Bernhardt: Una gran actriz, de la cintura para abajo.

—Dwight Macdonald sobre Doris Day: Tan sana como un plato hondo de cereales, y así de sexy.

—Ezra Pound sobre G. K. Chesterton: Como una vil escoria sobre un lago.

—Gertrude Stein sobre Ezra Pound: Un expositor de aldea, excelente si fueras un aldeano; si no lo fueras, no.

—Clifton Fadiman sobre Gertrude Stein: Una maestra consumada en hacer que nada ocurra muy lentamente.

—Poco después de que Ezra Pound fue procesado por traición debido a sus transmisiones antiestadunidenses en la estación Radio Roma de Benito Mussolini, Ernest Hemingway le escribió al poeta Archibald McLeish: “Si Ezra tuviera algo de sensatez debería pegarse un tiro. Personalmente pienso que debió hacerlo en algún punto luego del canto doce, aunque tal vez antes”. (Ezra Pound escribió, contando los fragmentos, 117 cantos.)

—Zelda Fitzgerald sobre Ernest Hemingway: Una violeta con pelo en el pecho.

—Cuando le preguntaron si había leído una obra de teatro reciente de Maurice Maeterlinck, León Tolstói respondió: “¿Y yo por qué? ¿Qué crimen cometí?”.

—En 1662 el diarista Samuel Pepys vio dos obras de William Shakespeare representadas en Londres. De Romeo y Julieta escribió: “Es de por sí la peor obra que he escuchado en mi vida, y la peor actuada que le he visto a esta gente”. Respecto a Sueño de una noche de verano la describió tan solo como “la obra más insípida, ridícula que vi en mi vida”.

—Gioachino Rossini era conocido por tener opiniones fuertes sobre otros compositores. “Wagner tiene algunos buenos momentos”, opinaba, “pero algunos muy malos cuartos de hora”. Luego de oír la Symphonie Fantastique de Hector Berlioz, observó: “Qué bueno que no es música”.