El camaleón peripatético

López Velarde, fotógrafo

No quiero preguntarle a un experto en Weston si este efectivamente estuvo ahí, en términos artísticos, antes de Cartier-Bresson, de modo que este último habría hecho una variante o una especie de homenaje a Weston.

Tal vez fui únicamente por ver esa foto o ese par de fotos —le digo al camaleón peripatético en el cuarto donde escribo mientras me pregunta sobre la exposición La mirada del siglo XX del fotógrafo Henri Cartier-Bresson en Bellas Artes—. Se trata de Prostituta y Prostitutas, calle Cuauhtemotzín, Ciudad de México. ¿Por qué es así? Se impone un recorrido literario.

—Todo empieza en “Todo”, el poema de Ramón López Velarde que viene en Zozobra (1919). En su décima estrofa leemos: “En mis andanzas callejeras/ del jeroglífico nocturno,/ cuando cada muchacha/ entorna sus maderas,/ me deja atribulado/ su enigma de no ser/ ni carne ni pescado”. El estudioso Francisco Monterde apuntó desde 1946 sobre López Velarde: “Sus metáforas y reminiscencias ya intrigan a los extraños: mañana cada frase requerirá una exégesis”. Este apunte de Monterde viene citado por José Emilio Pacheco en su clásica Antología del modernismo (UNAM, 1970; 1ª. reimpresión, 1978).

—Para las invaluables notas de su antología Pacheco le preguntó al escritor Rodolfo Usigli sobre algunos versos y pasajes velardeanos. Usigli le envió una carta fechada en Oslo, junio 16, 1969, cuando era embajador de México en Noruega. Respecto a los versos “cuando cada muchacha/ entorna sus maderas” escribe Pacheco: “resultan particularmente enigmáticos si no se toma en cuenta que por 1920 existía la ‘zona roja’ de Cuauhtemotzín, donde las prostitutas —nos informa Usigli— ‘solían acodarse a sus medias puertas para atraer a los transeúntes y entornar la mitad superior cuando estaban descansando entre dos faenas, para anunciar que seguían de guardia pero se concedían lo que ahora se llama un cofee break”. Pacheco concluye su nota: “Un conocimiento mínimo de la iconografía mexicana de 1914 a 1921 es necesario para entender muchas imágenes de López Velarde”. ¿Entiendes por qué fui a la exposición? Para ver una cita de López Velarde. Aunque la foto o las dos fotos “cuauhtemotzinas” de Cartier-Bresson fueron tomadas en 1934, para mí son contribuciones a la iconografía velardeana que mencionaba Pacheco luego de las coordenadas de Usigli.

—El recorrido sigue en la nota correspondiente del editor José Luis Martínez en las Obras de Ramón López Velarde (FCE, 1971; 1ª. reimpresión, 1979). Martínez glosa la nota de Pacheco y añade sobre los versos aludidos: “Recuérdese la observación de (Bernardo) Ortiz de Montellano… según la cual el barroquismo del lenguaje de López Velarde se origina en el deseo de ‘expresar, con delicadeza, situaciones eróticas e intimidades indecibles’”. Y previamente, luego de citar vía Pacheco las palabras de Usigli sobre las prostitutas de Cuauhtemotzín, Martínez dice: “Una imagen característica de estas escenas ha quedado en una fotografía de Edward Weston”. ¿Edward Weston?

—Yo también abro los ojos, camaleón; tanto como para ir a la Edición del Centenario, Corregida y aumentada, de las mismas Obras de López Velarde (FCE, 1990), por ver si había un cambio o una enmienda. No lo hay. En esta segunda edición José Luis Martínez reproduce intacta la
nota de la primera y aparece, claro, el nombre de Weston.

—Lo primero es preguntarse si Edward Weston hizo también obra con “cuauhtemotzinas” durante su estancia en México. Lo segundo: si Martínez trocó el nombre de Weston por el de Cartier-Bresson, el descuido puede fácilmente subsanarse en una próxima edición.

—Lo primero: no sé, no creo. Mejor dicho: no quiero preguntarle a un experto en Weston si Weston efectivamente estuvo ahí, en términos artísticos, antes de Cartier-Bresson, de modo que este último habría hecho una variante o una especie de homenaje a Weston. O en mis términos: Weston habría citado antes que nadie a López Velarde. Lo segundo: así haya sido que Martínez confundió los nombres, tampoco creo que deba enmendarse el descuido en una edición posterior. Al cabo de los años pienso que, junto con su HernánCortés, su edición de López Velarde es la gran obra de José Luis Martínez, y debe quedar como está, lunares incluidos. Y pienso otra cosa: de serlo, el de Martínez es un desacierto afortunado. Si Weston no tuvo una foto así, de algún modo debió tenerla; de algún modo la tiene ya. Si Martínez atribuyó mal, intuyó bien. El fin del recorrido diría en un vuelco que mucho antes de Weston y Cartier-Bresson, o entre Weston y Cartier-Bresson, o después de Weston y Cartier-Bresson, con ustedes, por una vez: López Velarde, fotógrafo.