El camaleón peripatético

Jibarización de un poema

En abono de mi versión (“Palinodia de Helena”) sólo digo que el tercer verso, por lo menos, pone algo en claro: es el poeta quien se retracta luego de haber seguido una “mentira”.

Pues dirás misa— me refuta el camaleón peripatético en el cuarto donde escribo— pero lo que has hecho es jibarizar un poema. Aclaremos que el verbo es por los indios jíbaros de la Amazonia, famosos por reducir cabezas. Así, tú con el poema del griego Estesícoro. De por sí el poema no era muy cabezudo; lo has dejado en una cabecita.

—No lo veas de ese modo, camaleón. Nada más lo convertí en un haikú; aclaremos que es la forma poética japonesa que consta de tres versos de cinco, siete y cinco sílabas respectivamente. Y sólo es una versión. Repaso y extiendo las otras versiones al español que tengo a la mano con el único fin de hacer constar que, salvo en la última entre las citadas (hecha por mí: una primera “jibarización” si así lo deseas), en ellas el poema (conocido generalmente como la “Palinodia de Helena”) está a buen resguardo en nuestro idioma, y que mi “intento” o reintento de ahora de ningún modo “atenta” contra los logros previos. Lo hago también para señalar un detalle al final del acopio.

~No, no es verdad aquella historia:/no fuiste en las naves con bancos,/no entraste al alcázar de Troya. (Juan Ferraté: Líricos griegos arcaicos. Seix Barral, Barcelona, 1968.)

~¡Vanidades! Exclamé y pasé a otro proemio. No es verdadero este discurso. Ni subsisten las naves de buenos bancos de remar, ni llegaste a la ciudad de Troya. (Bucólicos y líricos griegos. Versión directa del griego por Rafael Ramírez Torres, S. J. Editorial Jus, México, 1970.)

~No es cierta la leyenda,/ no fuiste en las naves de buenos bancos,/ni llegaste a los palacios de Troya. (Antología de la poesía lírica griega. Selección, prólogo y traducción de Carlos García Gual. Alianza Editorial, Madrid, 1980.)

~No te llevaron en las hondas naves./No estuviste jamás en Troya./Es mentira toda esa historia. (José Emilio Pacheco, Tarde o temprano, FCE, México, 1980.)

~No es verdadero este cuento: ni fuiste en las naves/ de buenos bancos, ni llegaste a las torres de Troya. (Rubén Bonifaz Nuño, Antología de la lírica griega, UNAM, México, 1988.)

~No es cierta esa historia,/no fuiste a bordo en las sólidas naves,/no entraste en las murallas de Troya. (Hermann Fränkel, Poesía y filosofía de la Grecia Arcaica. Traducción de Ricardo Sánchez Ortiz de Urbina. Visor, Madrid, 1993.)

~No estuviste en Troya./Paris no te raptó./Ya no mientas (Estesícoro). (Luis Miguel Aguilar, Las cuentas de laIlíada y otras cuentas, UAM, México, 2010.)

—El detalle. Creo que en todas las versiones hay un problemita si no se conoce antes el origen del poema: es como si Estesícoro al hablar de “historia falsa” o del “cuento” o del acto de “mentir” se refiriera a Helena, como una inventora de la historia o de su propia historia, y no al mismo poeta. Para abordar el asunto recurro a la antología de Marguerite Yourcenar, La Couronne et la Lyre. Poèmes traduits du grec (Gallimard, 1979), cuyas introducciones a los poetas que tradujo son pequeñas joyas. Apunta que de la obra de Estesícoro, quien vivió en el siglo VI a. de C. y compuso más de veinticinco libros de poemas, en su mayoría himnos religiosos y narraciones míticas, restan media docena de fragmentos de cuatro a cinco líneas y que se le conoce por esta leyenda: en uno de sus poemas insultó a Helena al hacer el relato de sus adulterios, culminando con su aquiescencia para ser “raptada” por Paris y desatar la guerra entre aqueos y troyanos que narra la Ilíada. Por tal ofensa a la belleza, representada como nadie en la figura de Helena, Estesícoro quedó ciego; recuperó la vista cuando escribió su “Palinodia”, o retractación, desdiciéndose en el poema conocido. De manera que en el poema se desmiente el mismo Estesícoro y descarga antes a Helena del “cuento” homérico.

—Antes de ver cómo lo jibarizaste, hay otra curiosidad respecto a esta leyenda de Estesícoro. En una nota al pie de su libro mencionado, Fränkel observa: “Posiblemente escribió Estesícoro en su palinodia: ‘siguiendo al ciego Homero, no te he reconocido (Helena) y me he quedado ciego; pero ahora veo de nuevo’. Y la posteridad lo entendió literalmente”. Pasemos pues a tu jibarización; de ningún modo habrá rebaja en el término aunque alegues tu recurso a la forma del haikú.

—En abono de mi versión sólo digo que el tercer verso, por lo menos, pone algo en claro: es el poeta quien se retracta luego de haber seguido una “mentira”. Va. “No te raptaron. /Nunca estuviste en Troya./Dejo de mentir”.