El camaleón peripatético

Infilmable

A Walter Mitty le ocurrirá algo similar a lo que en mayor grado o en mayor número de avatares cinematográficos les ha ocurrido a Don Quijote o Alicia o Gulliver, o Robinson Crusoe: no habrá nunca un equivalente en cine a la altura "del lector".

Aunque la estrenan hasta el 25 de diciembre de este año —le digo al camaleón peripatético en el cuarto donde escribo—, te anticipo que esa película no va a servir. —Comentamos el cable de Notimex (19/11/13) sobre la visita a México del actor Ben Stiller para anunciar su película The Secret Life of Walter Mitty basada, sin que el cable lo mencione, en un relato del escritor estadunidense James Thurber (1894-1961).

—Pues te anticipo a mi vez que por la índole camaleónica de su personaje el relato de Thurber es uno de mis favoritos. Y no sólo porque Walter Mitty asume el papel de varios héroes en sus ensoñaciones diurnas, sino porque también es una mímesis en esto: de sus fantasías heroicas su esposa lo devuelve a la realidad, que lo devuelve a sus fantasías, que lo devuelven a la realidad, que etcétera. 

—El relato y el personaje son un encanto, camaleón. Y literariamente son mucho más. Pronto hará tres años que aquí mismo (MILENIO, 16/2/11) escribimos: “El relato ‘La vida secreta de Walter Mitty’, sobre un ensoñador diurno que se abstrae de la realidad para imaginarse como el héroe en situaciones extremas, tiene 2 mil 83 palabras. Augusto Monterroso dijo memorablemente que el texto de Thurber era El Quijote en 6 cuartillas y media; El Quijote en 11,955 caracteres, que diríamos hoy”.

—Informa el cable que “en su nuevo largometraje, Ben (Stiller) encarna al joven Walter Mitty, quien trabaja como editor en una conocida revista. Su día a día es monótono y aburrido, pero gracias a la gran imaginación que posee, Walter se traslada continuamente a mundos divertidos y alejados de la realidad mundana”. ¿“Joven”? ¿“Editor de una revista”? ¿Y dónde quedó la esposa, sin cuyas “interrupciones” simplemente no hay relato en Thurber?

—Y peor aún, camaleón: en la película de Stiller “un día los sueños fantasiosos de Walter se convierten en realidad y el editor pasa a encarnar a un superhéroe a quien le encargan la misión de recuperar las joyas de la corona neerlandesa. En esta nueva vida conocerá a una chica hermosa a la par que misteriosa (Kristen Wiig) que tendrá más responsabilidad de la esperada en el cambio de  rumbo del protagonista”.

—Y peor que peor cuando Stiller abunda: “Lo que más me gustó, es que en otras encarnaciones de la historia (Norman Z. McLeod, estrenó su versión en 1947), el acercamiento fue pensando en otras personas, y en este, Walter tuvo una fantasía de ser la mejor versión de sí mismo, todas son versiones de él y para interpretarlo, eso me dio más claridad, porque solo trata de encontrarse a sí mismo, en lugar de ser alguien más, finalizó el histrión”. Si hubiera un Sindicato de Camaleones habríamos de oponernos: ¿cómo que “sólo trata de encontrarse a, y ser la mejor versión de, sí mismo”? Esto suena como a “la reinvención” de Walter Mitty. ¿“Autosuperaciones”, psicologemas “modernos” para el personaje de Thurber? (A Thurber le habría dado risa: desde 1929 escribió con E. B. White un libro llamado ¿Es necesario el sexo?) El cambio de adjetivo en el título como se distribuirá en México, supongo que para estímulo de taquilla, pasa de la vida secreta a la vida increíble de Walter Mitty. Pues sí. En todo caso,  veríamos mantas de protesta afuera de los estudios de Hollywood: “Devuélvanle su vida a Walter Mitty”. Y aunque, claro: uno se preguntaría si la película previa que Stiller menciona, la de Norman Z. McLeod, no sería mejor por ser también “más apegada” al original.

—No creo, camaleón. Recuerdo haber visto hace años algunas escenas de la película de McLeod en los canales televisivos que transmitían viejas películas y simplemente no tiene el encanto-Thurber. Me imagino que ahora van a reprogramarla. Pero quiere decir que el problema es otro: por más que la filmes (y no sé si haya otras versiones cinematográficas), “La vida secreta de Walter Mitty” es infilmable. Un caso de espejismo literario. Ahora que lo pienso, a Walter Mitty le ocurrirá algo similar a lo que en mayor grado o en mayor número de avatares cinematográficos les ha ocurrido a Don Quijote o Alicia o Gulliver, o Robinson Crusoe: no habrá nunca un equivalente en cine a la altura del lector. Pero, si se empeñan, el de Thurber será, a cada “encarnación” fílmica, el texto literario en verdad infilmable. O más que en ningún otro caso, como en el de Thurber, podrá decirse: qué bueno que han filmado La vida secreta de Walter Mitty; lástima que le añadieron una película.