El camaleón peripatético

Editor de pan intonso

Ahora hay una oleada que tiene que ver sobre todo con destantear o apantallar al cliente mediante palabras inesperadas o pretenciosas en el contexto de un negocio.

No recuerdo nada igual —le digo al camaleón peripatético en el cuarto donde escribo— desde mediados de los años ochenta. Oh de aquel momento en que las peluquerías pasaron a ser “estéticas” y los tocadiscos “aparatos de sonido”. Ah tiempo en que a los primeros “reporteros viales” para informar por radio que en una avenida había mucho tráfico les dio por decir “denota densa carga vehicular”, y para referirse a que un accidente había dejado sangre en la calle hablaban de “derramamiento de líquido hemático sobre la carpeta asfáltica”. La lluvia derivó en “precipitación pluvial”; los grulleros se transformaron en “recuperadores de vialidades”. Y junto, los asilos de ancianos empezaron a ser “comunidades de retiro para mayores de edad aún activos”. (“Pobres viejos”, concluimos entonces, “ni ellos han escapado a la neojerga”.)

—Y qué me dices del futbol. La aparición del idioma futbolés puede fecharse en cuanto los entrenadores pasaron a ser “directores técnicos”. Aficionados como tú bromeaban entonces: ya el masajista debía llamarse “braceante linimentador de extremidades”; el aguador, “provisionero de líquidos recomponedores”, y el utilero, “ubicuo desplazador de avituallamientos”. Luego los comentaristas empezaron a hablar de “leer” la jugada. Cuando un equipo era defensivo se decía que “evolucionaba por detrás de la línea del esférico”. Tiempo más tarde el futbolés llegó hasta el cliniqués. Un día se informó que Rafael Márquez tenía esta lesión: “rotura fibrilar en el semitendinoso de la región de los isquiotibiales”. ¿Qué rayos era eso? Un vil desgarre.

—Pues ahora hay una oleada parecida. Esta vez tiene que ver sobre todo con destantear o apantallar al cliente mediante palabras inesperadas o pretenciosas en el contexto de un negocio. No sé si se deba a él o si pueda hablarse del idioma hipsterés o mileniañol, pero mientras más cunde la “gentrificación” más cunden también adjetivos que le “agregan valor” a la cosa. “Valor” y vaya que, y qué, precio. Que yo recuerde todo empezó con “orgánico” para comestibles pero supongo que hasta las persianas o los tapetes habrán soportado ya ese adjetivo.

—“Orgánico” aún rige pero ya irá dando de sí, lo mismo que “de barrio”. Ahora como que el asunto va por Tlapalería Autosustentable, Mueblería Plenamente Concernida Por Y Contra El Cambio Climático, Vidriería Donde Todo Ha De Volver Ecológicamente A La Arena Originaria, Miscelánea Biodiversa Mi Lupita y de Productos Absolutamente Biodegradables. Y en materia gastronómica, qué me cuentas de Le Couchon de Zitzipandacurie (carnitas). Y como que ya ponen casa el Bistró de la Taquèrie, la Sopería Delicatessen, la Huarachería Mediterránea, la Trattoria Nopalezziana, la Côte Tlacoyoá, la Maison de la Tlayude Minimaliste. Y La Gordita Bien Amigajonadita, que no se podría quedar así sino que tendría de subtítulo “Gestos, Actos de Maíz, Frijol et Fromage Altamente Dirimidos por Artistas Que Hacen del Concepto Una Experiencia Gustativa Papilar”.

—Pero lo de hoy, lo de hoy, es lo “artesanal”. Hay ya ropa artesanal, hotel artesanal, jocoque artesanal. Todo ante mí se vuelve artesanal.

—Pues en vista del éxito obtenido pienso incursionar en un negocio. Como la oleada “artesanal” viene del inglés “aplicado” en un principio al pan (artisan bread), de pan ha de tratarse. No ha sido fácil conceptuarme. Primero pensé en “curador”, palabra que empieza a imponerse. Antes, por ejemplo, un programador de música era solo eso; luego pasó a algo así como “ingeniero de contenidos musicales”. Hoy Apple Music ya le puso “curador” al ponesones. Pensé entonces en sacudirme la palabra vulguérrima de “panadero” llamándome, digamos, “Curador de harinas disímiles”. Lo pensé mejor y me decidí por una panadería de autor, muy gentry, y por el sustantivo “editor” que ya también anda dando realce a lo que antes por caso era tesero o verdulero (como en “editor de té” o de orgánicos). El adjetivo conceptualizante ha de ser “intonso”. El diccionario Moliner dice de “intonso”: “1. Se aplica al que no tiene cortado el pelo… 3. Se aplica al libro que se encuaderna sin cortar las barbas a los pliegos de que consta”. Entonces, todo aquí irá más allá de “rústico”, “verde”, “campesino”, “artesanal” en materia de panes. Nos dejaremos pedir 150 por cada pieza de 70 gramos. Busca próximamente en tu gentrificación más cercana EL CAMALEÓN PERIPATÉTICO. EDITOR DE PAN INTONSO.