El camaleón peripatético

Delmore & Lou

La muerte de Lou Reed —le digo al camaleón peripatético en el cuarto donde escribo— nos devuelve a un documento que ofrecemos a los lectores.

[Desde agosto de 1962 hasta poco antes de su muerte, en julio de 1966, el poeta estadunidense Delmore Schwartz dio clases en la Universidad de Syracuse. Era sobre todo el autor del libro de poemas y relatos por el cual perdurará: In Dreams Begin Responsabilities (1937). En Syracuse un grupo de estudiantes lo seguía “como al flautista de Hamelin”. Entre ellos estaba Lou Reed, para quien Schwartz fue su “padre espiritual”. Tiempo después Reed le dedicaría una canción, “My House”, incluida en The Blue Mask (1982). En enero de 1966, Schwartz dejó la Universidad de Syracuse, regresó a Nueva York y se aisló en un cuarto de hotel. Estaba muy enfermo, era depresivo y tenía brotes psicóticos. Muy pocos sabían dónde estaba. Uno de ellos, Lou Reed, fue a buscarlo un día. La siguiente escena, en un pasillo del hotel Dixie de Times Square, una mañana de marzo de 1966, pudo ocurrir así; pudo no ocurrir así; es muy probable que ocurriera así.]

Lou Reed (tocando a la puerta del cuarto): Delmore, ábreme. (Se oye la voz de Delmore Schwartz al otro lado.)

Delmore Schwartz: ¿Quién eres?

LR: Soy Lou Reed, Delmore. Ábreme.

DS: ¿Lou Reed? Claro, otro espía de Rockefeller.

LR: Soy Lou Reed, tu alumno de Syracuse.

DS: Ah, Lou. Qué tal, espía de Rockefeller.

LR: Delmore, ábreme. Estamos preocupados. Te fuiste de Syracuse sin decir nada. A nadie le avisaste.

DS: Syracuse. Para eso me ofrecieron Syracuse. Para que yo dejara Nueva York y Rockefeller tuviera su affaire tranquilo con mi esposa. Mi ex esposa, mejor dicho.

LR: Delmore, ábreme. No soy ningún espía de Rockefeller.

DS: Hasta Kennedy colaboró. Y el Papa. Ya déjenme en paz. Se llevaron a mi mujer. ¿Qué más quieren?

LR: Delmore, ábreme y lo hablamos. Yo no soy ningún espía de Rockefeller.

DS: Pruébamelo. ¿Traes la carta que me dejó T. S. Eliot antes de morir?

LR: ¿Cuál carta, Delmore? Ábreme.

DS: La carta de Eliot, espía de Rockefeller. Tenía información vital sobre el millón de dólares que estaba a mi nombre en Roma. Claro, antes de que el Papa se metiera para lamerle los huevos a Rockefeller. Más que mi puta esposa. Mi ex esposa, mejor dicho.

LR: Delmore, ahora tienes otra esposa. Está muy preocupada. Sigue interna. La dejaste de ver. Igual que a nosotros.

DS: Que se vaya también con Rocke-feller. Me quería matar.

LR: No te quería matar, Delmore. Está interna, en tratamiento, tuvo una crisis después de sus problemas contigo.

DS: Me quería matar. Me dejó un árbol de Navidad en mi puerta. Estaba lleno de cables con explosivos. Evité que explotara. Lo ahogué en la tina.

LR: Te dejó ese árbol de cariño. Delmore, ábreme.

DS: ¿Eres Lou Reed?

LR: Soy Lou Reed, Delmore. Ábreme.

DS: Eres Lou Reed. Poeta, ¿no? Y espía de Rockefeller.

LR: No soy poeta ni espía de Rockefeller. Soy tu alumno.

DS: Lou Reed el poeta. Si no eres espía de Rockefeller, dime la contraseña de los poetas.

LR: No me la sé, Delmore. Ábreme.

DS: “Los poetas, en la juventud, empezamos en la tristeza; por eso al final llegan el desaliento y la locura”. Esa era la contraseña.

LR: Es de Wordsworth, Delmore. Lo vimos en tu clase. Pero Wordsworth decía que los poetas empiezan en la alegría.

DS: Decía Wordsworth. Yo digo que se empieza en la tristeza.

LR: Delmore, ábreme.

DS: Vete. ¿Lou Reed, no? Poeta de rock music. Detestable. Si quieres algo popular, estudia a Glück: el canto de Orfeo ante la muerte.

LR: Ábreme y lo hablamos. ¿En qué va lo de la reina Isabel?

DS: Todos saben que fue a Oriente a aprender técnicas secretas de fellatio. Con hierbas exóticas en la boca. El primer beneficiario del aprendizaje de la reina fue el actor cómico Danny Kaye.

LR: Sí. Nos lo contaste.

DS: Te lo conté otra vez. Ahora vete.

LR: Estamos preocupados, Delmore. Ábreme.

DS: ¿Tú sabes de poesía, Lou Reed? ¿Sabes lo que es no poder amarrarse las agujetas de los zapatos?

LR: Ábreme y yo te amarro las agujetas, Delmore.

DS: ¿Me amarras las agujetas de mis zapatos?

LR: Te amarro las agujetas si me abres.

DS: ¿Las agujetas de mis dos zapatos?

LR: Las de los dos zapatos, Delmore.

DS: No puedes. Solo tengo un zapato. Perdí el otro zapato. En la calle. Un zapato perdido con las agujetas desamarradas.

LR: Ábreme, Delmore.

DS: Vete. Cuéntaselo a Rockefeller.

LR: Adiós, Delmore.

DS: Adiós es muy buena palabra. Dila otra vez.

LR: Adiós, Delmore.

DS: Adiós: muy buena palabra. La mejor: adiós.