El camaleón peripatético

Cuestión de tiempo

Serie de pasajes que nos muestran  diversas formas en las que los hombres organizan, utilizan, aprovechan y pierden el escaso recurso que nos otorga el dios Cronos.

Te dejo —veo un recado del camaleón peripatético en el cuarto donde escribo— unas breves entradas que son “Cuestión de tiempo”. Las he extraído del último número de la revista Lapham’s Quarterly (“Time”, otoño, 2014), y de un libro afín: Jacques Attali, Historias del tiempo (traducción de José Barrales Valladares, FCE, 1985. Primera reimpresión, 2001.) La entrada final de Fitzgerald la hube ya no recuerdo dónde.

Los quejosos. “Aquellos que hacen el peor uso de su tiempo son los primeros en quejarse de su brevedad”. ~Jean de La Bruyère, 1688.

Tres agendas del diario. I. John Milton, hacia 1660. 4 a. m.: Se despertaba pero seguía en la cama mientras un asistente (Milton era ciego) le leía la Biblia en voz alta; al terminar, redactaba versos de memoria. 7: Dictaba lo que había redactado; oía al asistente leerle de nuevo en voz alta. 12 p. m.: Almuerzo. 1: Caminaba alrededor del jardín. 4: Recibía visitas, una cena ligera, se fumaba una pipa. 9: A la cama. II. Wolfgang Amadeus Mozart, 1782. 6 a. m.: Se levantaba, le hacían un peinado. 7. Se vestía completamente. 7-9.: Componía música. 9-1 p. m.: Daba lecciones
de música. 1: Almorzaba o visitaba amigos para almorzar. 5: Componía música o iba a
un concierto. 9: Visitaba a su esposa y a su suegra. 11: Regreso a casa; componía música si previamente había ido a un concierto. 1 a. m.: A la cama. III. Honoré de Balzac, hacia 1830. 1 a. m.: Se levantaba, empezaba a escribir. 8: Siesta de hora y media. 9: 30: Seguía escribiendo, tomaba café. 4 p. m.: Una caminata, se lavaba, recibía visitas. 6: Cena ligera; a la cama.

Dólares por minuto. $ 13,293,981: Ventas del Black Friday en Estados Unidos (2013). $ 8,000,000: Espacio publicitario durante el Super Bowl (2014). $ 226,407: Pérdidas por apuestas en Estados Unidos (2013). $ 171,004: Ingreso bruto de ExxonMobil (2013). $ 2,834.86: Ingreso neto de Facebook (2013). $ 45.97: Costo de la Royal Penthouse Suite en el Hotel President Wilson, Ginebra (2014). $ 1.88: Salario promedio de un anestesiólogo en  Estados Unidos (2013). $ 1.05: Precio promedio de un boleto para vuelo del aeropuerto JFK al aeropuerto LAX (2013). $ 0.16: Costo de matrícula más estancia y comidas en Sarah Lawrence, la universidad más cara en Estados Unidos (2012-13).
$ 0.15: Salario promedio de un cocinero de comida rápida en Estados Unidos (2013).

   Por qué se llama campana. A partir del siglo IX, cada iglesia, cada monasterio, cada abadía fue adquiriendo poco a poco el hábito de anunciar al mundo circundante las horas canónicas gracias a sus campanas. La campana dicta el nuevo Tiempo de Dios. Desaparecen poco a poco las referencias al sistema del horario romano, para que no subsistan sino las horas canónicas, precisas, regulares, cómodas. La influencia de las campanas sobre el ritmo urbano y rural es enorme. La etimología que propone Jean de Garlande a principios del siglo XIII muestra bien la importancia de las campanas en la vida diaria de las poblaciones medievales: “las campanas (campane)”, escribe, “se llaman así por causa de los campesinos que habitan el campo (campo) y que no saben estimar las horas sino por el sonido de las campanas”.

Esperando a los Mets. Durante su primer viaje a la ciudad de Nueva York en 1964, Samuel Beckett fue a un doble juego en el Shea Stadium con su amigo Dick Seaver, quien le explicó lo que era el beisbol al escritor irlandés. Como a la mitad del segundo juego, Seaver preguntó: “¿Te quieres ir ya?”. A lo que Beckett respondió: “¿Qué, ya se acabó?”. “Todavía no”, dijo Seaver. Beckett, concluyente: “No nos vamos a ir antes de que acabe”. Los Mets ganaron ambos juegos, a diferencia de su doble derrota dos meses antes en lo que había sido el doble juego más largo en la historia de las Grandes Ligas, con nueve horas y cincuentaidós minutos.

Uñas y pelo. Las uñas de las manos crecen unos 4 cm al año. El pelo crece unos 15 cm al año.

Reloj de pulsera. Poco después de pasar bajo la arcada que decía EL TRABAJO DA LIBERTAD, Primo Levi recibió su número de prisión en Auschwitz: 174517. “Y por muchos días”, escribió Levi, “mientras la costumbre de la libertad aún me llevaba a ver la hora en mi reloj de pulsera, en vez de eso y de modo irónico aparecía mi nuevo nombre, un número tatuado en caracteres de color azuloso bajo la piel”.

Exactitud. Francis Scott Fitzgerald guardaba todos los relojes descompuestos, cada cual en su exacto instante detenido.