El camaleón peripatético

Cómete tu galleta

En el comienzo hubo un libro de Samuel Smiles titulado 'Autoayuda', publicado en 1859; desde entonces se incluyen historias de hombres que triunfaron en casi todos los ámbitos del empeño humano, y desde entonces la prosperidad personal y el éxito profesional coinciden

En pleno Día del Libro andaba yo por un local cerrado —me dice el camaleón peripatético en el cuarto donde escribo—, y me di de golpe con la realidad editorial: la portada de Juventud en éxtasis, de Carlos Cuauhtémoc Sánchez, que apareció en los 1990, tiene en su última impresión un cintillo que dice: "2. 3 millones de libros vendidos". El gran best seller de la autoayuda entre nosotros. ¿Habría autor más envidiado?

—Curioso: leí hace poco (The New Yorker, 28/3/16) un formidable artículo de Louis Menand sobre los libros de autoayuda a partir de un best seller reciente escrito por Charles Duhigg, donde se revelan los secretos para ser productivo tanto en la vida como en los negocios. Van algunos momentos del artículo.

~Probablemente el libro más famoso de este tipo es Cómo ganar amigos e influir en las personas, de Dale Carnegie. Se publicó en 1936 y se sigue reimprimiendo. Ha vendido más de treinta millones de ejemplares. La lección del libro puede condensarse en una frase: Si eres amable con las personas, les caerás bien. (Ya le ahorramos al lector los 16 dólares que cuesta.) Pero lo que promete el libro de Carnegie no es decirnos cómo debíamos ser sino darnos herramientas para ser como ese "debíamos". Y tales herramientas no son más que teorías de dirección de empresas aplicadas a las personas. El de Carnegie y los libros que siguieron solo intentan resumir el pensamiento al uso en el mundo de los negocios respecto a "recursos humanos" y transmutarlos en un manual de automejoría.

~En el comienzo hubo un libro de Samuel Smiles titulado precisamente Autoayuda. Se publicó en 1859 (el mismo año que El origen de las especies, de Charles Darwin). Para Miles la clave del éxito, si uno quería ascender socialmente en la economía laissez-faire del capitalismo industrial, era la perseverancia. Desde entonces viene la inclusión de algo que no puede faltar en estos libros: los relatos ejemplares, historias de (en su mayor parte) hombres que triunfaron en casi todos los ámbitos del empeño humano. Y desde entonces la prosperidad personal y el éxito profesional coinciden. Los secretos de los negocios son los secretos del éxito en la vida. El motivo por el que cambia la naturaleza de los secretos es porque cambia la naturaleza del trabajo.

~Hace más de cien años la palabra "eficiencia" ya estaba de moda en la economía de la manufactura; su biblia era Principios científicos de la dirección de empresas (1911) y su autor, Frederick Taylor, decía cómo maximizar la velocidad en el trabajo. (Su mayor ejemplo tenía que ver con trabajadores del acero.) "Eficiente" pasó de ser un término de negocios a un tipo de personalidad.

~Hace cincuenta años, si tenías una agencia de publicidad ya no te importaba cuánto acero desplazaban tus trabajadores en una hora. En la economía de los servicios deseabas que tus ejecutivos de cuenta tuvieran personalidades ganadoras, capaces de relacionarse fácilmente y de convertir una transacción de negocios en un amistoso dando y dando.

~Hoy, si lanzas una compañía tecnológica contratas a quien se haga cargo de las relaciones con tus clientes. Quieres que tus empleados sean innovadores y flexibles; estimulas su creatividad haciéndolos sentirse socios invaluables de la empresa. Que "se apropien" del lugar de trabajo. Premias a tus mejores empleados con acciones de la empresa. Uno de los libros de autoayuda más famosos en esta, ya, economía de la información fue ¿Quién se ha llevado mi queso?, de Spencer Johnson, una alegoría de dos ratoncitos y dos liliputenses que buscan queso en un laberinto. La lección: quienes no están dispuestos al cambio, atrás se quedarán.

~El libro anterior de Charles Duhigg se titula en español El poder de los hábitos. Una frase (y le ahorramos al lector los trece dólares que cuesta en Amazon) puede condensarlo: reemplaza tus malos con buenos hábitos. Para ejemplificar, Duhigg recurre a un caso propio: interrumpía su trabajo todas las tardes para comerse una galleta con chispas de chocolate. Luego de un gran y concienzudo esfuerzo reemplazó tal hábito, indeseable a sus ojos, por otro productivo: intercambiar ideas con un colega. Duhigg se enorgullece (el adiós a la galleta lo disciplinó). Pero bien mirado es una historia tristona. Como para autoayudar, camaleón, al autor de autoayudas. Como para decirle: psst. Hey. Duhigg. Charles. Buen Charles. La vida es breve, Charles. Hey. Psst. Cómete tu galleta.