El camaleón peripatético

Cigarro y literatura

Hacia 1980 un británico de la compañía American Tobacco citó una frase de Oscar Wilde en una reunión de ejecutivos para estimular las ventas: “Un cigarro es el perfecto ejemplo del placer perfecto: siempre te deja insatisfecho”.

El artículo de Gerardo Herrera Corral “Donde se vive el sabor” —le refiero al camaleón peripatético en el cuarto donde escribo— sobre cómo la industria tabacalera fue metiendo mentiras-estadísticas en la publicidad (Laberinto, MILENIO, 4/6/16), me sugirió una serie de entradas sobre las relaciones del cigarro y la literatura. Van unas cuantas en orden alfabético.

Auden (W. H., 1907-1973) hizo en 1960 su último fallido intento por dejar de fumar. Logró disminuir su cuota. Ya fumó solo 15 mil cigarros al año. Un poco más de dos cajetillas diarias. Borges. No fumaba pero en un poema usó el humo del tabaco para medir la intemporalidad: “(…) y en ociosas canoas, de cara a las estrellas,/ el hombre mide el vago tiempo con el cigarro”. Camello y Gitana. Antes del éxito de su novela Catch 22, Joseph Heller era empleado de una agencia publicitaria. Suya fue esta frase para la marca Camel: “Caminaría una milla por un Camello”. Se la inspiró un anuncio de los cigarros Gitanes que aparece en La náusea de Sartre, anuncio que también jugaba con la marca y la palabra “gitana”: “Defense de fumer mème… une Gitane”. Delicados. “Es mi noche, mi cuarto, mi cigarro”, comienza un poema de Jaime Sabines; tanto él como Juan Rulfo fumaban Delicados pero-sin-filtro. Eliot (T. S., 1888-1965). No sé de otro que tenga tantas alusiones al cigarro en sus poemas. Adquirió el hábito durante una estancia en París (1910-1911), tanto que luego fumó toda la vida cigarros franceses. Casi. En los 1950 le prohibieron fumar cigarros; en cambio, el médico le permitió fumar un puro diario. Alguna vez Groucho Marx le escribió a su hermano Harpo que compartía tres cosas con Eliot: el gusto por los gatos, por los retruécanos y por los puros. Tiempo después Groucho le escribiría a Eliot: “Aunque sé que está muy enfermo, me da gusto que siga fumando esos grandes puros”. Gabo. Para 1983 Gabriel García Márquez llevaba catorce años sin fumar. Cuando se detuvo fumaba cuatro cajetillas de tabaco negro en catorce horas. Alguien le había calculado: de esas catorce horas malgastaba cuatro horas completas en sacar el cigarro, buscar los cerillos y encenderlo. Goethe dijo que los cigarros idiotizaban al fumador. Hall. Un verso del poeta estadunidense Donald Hall: “Al fumar, alabamos a la muerte; y al dejar de fumar”. Marloweboro Country. Para el dramaturgo inglés Christopher Marlowe, solo a los locos o a los idiotas podían no gustarles los muchachos y el tabaco. Meyrink (Gustav). Autor de la novela El Golem; menos conocida es El ángel de la ventana de Occidente, novela donde abundan las alusiones al cigarro. De un pasaje en ella obtuve este poema: “Si no es/ Con el humo/ Del cigarro/ Que sube al cielo,/ ¿Con qué otra cosa/ Darle un placer/ A Dios/ Desde la tierra?”. Paz. Una tarde de 1982 conocí a Octavio Paz en su departamento de avenida Reforma. Me ofreció café o una copa, y con la misma amabilidad me acercó un cenicero por si yo fumaba. Cuando saqué mis Del Prado y encendí uno me dijo que él había sido fumador hasta que los médicos se lo prohibieron. Me dijo que se dijo: “Voy a dejar de escribir” porque pensaba que sin fumar no podría hacerlo. Dejó el cigarro únicamente; de otro modo nos habríamos perdido, para empezar, ni más ni menos que Pasado en claro (FCE, 1975), el primer poema de Paz “libre de humo”. Raleigh. Nunca fumé cigarros de esa marca sino literariamente: los fumaba sin parar el joven personaje de José Agustín en la novela De perfil. Valéry. Uno de sus libros se titula Charmes: como hechizos o encantos. Pero también por carmen, poema o canción en latín, y tal vez pensaba también en Carmen, la gitana de la novela de Mérimée (y ópera de Bizet): el primer personaje de la literatura identificado con los cigarros. Para Paul Valéry (se fumaba sesenta cigarros diarios) habría sido “charmant” la marca mexicana La Carmencita. Victor Hugo prohibía de modo terminante que se fumara en su presencia. Wilde. Hacia 1980 un británico de la compañía American Tobacco citó una frase de Oscar Wilde en una reunión de ejecutivos para estimular las ventas: “Un cigarro es el perfecto ejemplo del placer perfecto. Siempre te deja insatisfecho”. Zeno. Es de Italo Svevo la gran novela sobre el tabaquismo. En La conciencia de Zeno el personaje trata de, esmeradamente, quitarse la adicción al cigarro; contrae así otra adicción: la de, esmeradamente, quitarse la adicción al cigarro.