El camaleón peripatético

Alegría ante el mal ajeno

En el "Diccionario de mexicanismos" leemos en la entrada "lero: “¡ ~ ~, (candelero)! EXPR. Se usa para alegrarse de un suceso negativo que padece alguien: ‘¡Lero lero, a mí me dieron vacaciones y a ti no!’”.

Pues por lo que leo —dice el camaleón peripatético en el cuarto donde escribo—, esa palabra y lo que nombra serían una especialidad o práctica muy al uso en las redes sociales.

—A ver, camaleón. La primera vez que leí (o supe de) la palabra alemana Schadenfreude fue en el poema de W. H. Auden “Ciudad sin muros”. La voz en el poema camina a las 3 a.m. por una muy peligrosa ciudad de Nueva York en los sesenta. El poema es una descripción crítica de la Megalópolis, las Tierras de Asfalto ocupadas por asaltantes, policías-ladrones, pandillas, tribus; maniáticos religiosos en un contexto donde “las máquinas desplazan a los bíceps” y las computadoras bien pueden expulsar al resto del mundo para que solo queden los más inteligentes. (El poema ya se refiere a una Gadgeted Age.)

—Es como el les advierto de un profeta moderno a la Jerusalén descarriada, pero también los dardos del poeta satírico a la Roma pútrida. De pronto en el poema irrumpe otra voz, entendemos que es otra voz dentro del mismo poeta, que lo increpa por lo que ha pensado en los versos previos. Una traducción: “Cómo te diviertes jugándole/ haciéndole al Jeremías-con-Juvenal”, y luego: “(Que caiga la) Vergüenza sobre ti por tu Schadenfreude”. ¿A saber? 

—Lo pensé al fin como “alegría ante el mal ajeno”. Sin embargo, nunca me abandonó del todo mi primera “interpretación”, debida también a mi cabal ignorancia del alemán. Freude, claro: alegría, pero me imaginé que Schaden tenía que ver con sombra (como el shadow en inglés), y por tanto: “dicha sombría” o incluso, “alegría negra”. También fue así por acordarme de una frase de Los miserables, luego de que Victor Hugo describe el triunfo de una mujer que acaba por arruinarle la vida toda al trágico personaje Fantine: “La señora Victurnien, cuando la veía (a Fantine) pasar por debajo de su ventana, notaba la miseria de ‘aquella criatura’, puesta gracias a ella ‘en su lugar’ y se felicitaba. Los malos tienen una felicidad negra”.

—Por eso guardaste un artículo de la escritora Ana Nuño en el suplemento cultural de El Nacional venezolano (7/7/13), titulado precisamente Schadenfreude. Vale la pena citar dos párrafos:

El peor rasgo de la naturaleza humana, decía Schopenhauer. Aristóteles le dio un nombre casi tan feo como lo que designa: epichairekakia, alegrarse de las desgracias. Y lo puso, con su manía de balancearlo todo, en el polo opuesto a phthónos: el dolor causado por la buena fortuna. O sea, la envidia. El polo opuesto de la envidia, pues, eso tan feo de alegrarse de las desgracias del prójimo, en alemán se dice Schadenfreude. Sentir placer, alegría, alborozo (die Freude) por el mal, el daño, el perjuicio (derSchaden)…

Primo Levi pensaría en los teutones que le tocó padecer, cuando en Los hundidos y los salvados justificó su rechazo de las ideas de Nietzsche por la cercanía de estas con la “alegría que procura el sufrimiento del prójimo”. Y señalando las religiones como fuentes nutricias de crueldad, Christopher Hitchens recuerda que Tertuliano, al no poder ofrecer a los primeros seguidores del cristianismo una descripción convincente del paraíso, “tuvo tal vez la inteligencia de optar por el denominador común más innoble posible y prometer que uno de los placeres más intensos de la otra vida sería el de contemplar infinitamente los tormentos de los condenados”.

—No sé, camaleón, si haya una palabra en español para Schadenfreude. O sí sé, aunque iría por este rumbo. Cierta vez en una sobremesa salió la palabra y para abreviar la ronda de definiciones, di con esto: “Es el lero lero”. La cantaleta que cualquier mexicano reconoce, incluso silbada en los estadios. En el Diccionariode mexicanismos (Academia Mexicana de la Lengua/Siglo XXI, 2010) leemos en la entrada lero: “¡ ~ ~, (candelero)! EXPR. Se usa para alegrarse de un suceso negativo que padece alguien: ‘¡Lero lero, a mí me dieron vacaciones y a ti no!’”. En los diccionarios de mexicanismos a mi mano extraño siempre que los lexicógrafos no incluyan el origen del vocablo (salvo en el Breve diccionario de mexicanismos, de Guido Gómez de Silva, pero ahí no viene el lero lero). ¿De dónde saldría el candelero? Mientras lo encuentro me doy la licencia de imaginar que en un principio se trató de un fabricante de velas al que se le incendió el local. Pero sobre todo y mientras tanto, mentalmente, en mi propio diccionario de mexicanismos hago esta entrada: “Lero lero. V. Schadenfreude”.