El camaleón peripatético

1914

Para evocar el inicio de la Primera Guerra Mundial, recordamos dos poemas, uno de Alfred Lichtenstein y otro de Joseph Brodsky, que nos dan una idea de aquel inmenso horror.

Como esta semana se cumplirán cien años del comienzo de la Primera Guerra Mundial —leo un recado del camaleón peripatético en el cuarto donde escribo—, te dejo dos poemas sobre el asunto. Vienen en un libro de muy buena concepción editorial hecho por Peter Forbes: Scanning the Century. The Penguin Book of the Twentieth Century in Poetry (Nueva York, 1999). En efecto, se trata de escudriñar o examinar el siglo XX mediante una selección de poemas diversos y autores de todo tipo, pero scanning juega también con otra palabra que en inglés tiene el mismo origen latino que en español: escandir, medir las sílabas o los pies de un verso. El primer poema es “Profecía” del escritor alemán Alfred Lichtenstein; fue escrito en 1913, tiempo antes de la guerra y resultó ser una premonición de lo que vendría, incluyendo la muerte del propio Lichtenstein (23 de agosto, 1889-25 de septiembre, 1914) en el frente de guerra de Vermandovillers en Somme, Francia. El segundo poema, “1914”, es del ruso Joseph Brodsky (1940-1996) de su serie History of the Twentieth Century publicada originalmente en la Partisan Review (1986).

 Profecía

A veces ahí viene —tengo una premonición—

Una tormenta de muerte desde el norte distante.

En todas partes el hedor de cadáveres,

Comienza el gran asesinato.

El corazón del cielo se oscurece,

La tormenta eleva sus garras mortales:

Los humildes son arrojados al suelo,

Los actores explotan, las muchachas enloquecen.

De un estallido cae un establo,

Ni una mosca se salva.

Hermosos hombres homosexuales

Son echados de sus camas.

Paredes rajadas en todas las casas.

Los peces se pudren en los arroyos.

Todo llega a su propio fin viscoso.

Autobuses chirriantes quedan patas arriba.

1913

1914

¡Mil novecientos catorce! Ah del mil novecientos catorce.

Algunos años debieron estar siempre en cuarentena.

En fin, este es uno de ellos. Las cosas se ponen crudas:

En París, al editor del Figaro

Lo mata a balazos la esposa del ministro francés

De finanzas, por publicar las cartas tórridas de esta dama

sans merci, ¿añadiríamos?— a ¡ah, a quién le importa!

Y fue también el c’est tout para un pacifista

Y socialista de todos los tiempos, Jean Jaurês: aquel

Que agitó el puño en el Parlamento para que los intolerantes

Se calmaran, muere, mientras come, por la bala de un fanático

En un café. Ah: aquellos primerizos, aislados

Balazos de mil novecientos catorce. Ah, el dedo índice

De un asesino. Ah, las nubes de humo blanco en el acrílico azul.

Hay algo bucólico, más aún: idílico

Respecto a estos crímenes. Y lo hay respecto al enema irlandés

Que los británicos sufren de nuevo en Dublín. Y respecto

A la gran inauguración del canal de Panamá. O respecto

A aquel doctor y la cirugía a corazón abierto de su perro…

En fin, para que estas cosas desaparecieran por siempre,

El archiduque llega a Sarajevo; y ahí está

En la multitud ese joven tímido, sin rasurar

Con su pistola… (Continua)

Notas. Jean Jaurês: líder socialista francés (1856-1914) asesinado por un nacionalista fanático en vísperas de la Primera Guerra Mundial. “Ese joven tímido, sin rasurar…”: Gavrilo Princip, un anarquista serbio que asesinó al archiduque austrohúngaro Francisco Fernando el 28 de junio de 1914 en Sarajevo. Este evento precipitó el citado conflicto.