Opinión

Dos tipos de cuidado en el Senado

Dios los cría, y ellos se juntan, dice el bien logrado refrán. Se refiere con cierta ironía a la inclinación natural que lleva a juntarse a los de un mismo genio y temperamento. 

Se aplica más bien a personas de conducta censurable, como los senadores Manuel Bartlett Díaz y Luis Miguel Jerónimo Barbosa Huerta, sendos representantes ante el Senado de la República. El primero por el PT y el segundo por el PRD. 

El PT continúa en su lucha cotidiana de arrebatar algún senador para formar una comisión y tener aproximadamente la cantidad de trece millones de pesos, que maneja libremente su coordinador. 

Motivo este por el que es tan importante  para Manuel Bartlet y para Barbosa que no le desajusten sus comisiones, llegando a los extremos siguientes: 

Manuel Bartlett inculpó a Miguel Barbosa el porqué había usado el adjetivo de “pepenador”, al mandato de Andrés Manuel de buscar perredistas para que se pasen al PT, recordándole al pepenador Barbosa que no se le olvide que debe su lugar en el Senado a los votos logrados por López Obrador a lo que inmediatamente Miguel Barbosa le respondió: 

“Solamente responderle a don Manuel Bartlett; él dijo que andamos en la pepena. Yo le digo que él deje de chillar; todos los días se le disuelve su bancada, va a chillar a Morena y desde Morena se la vuelven a reconstituir. ¿Qué culpa tengo yo de que ya nadie quiera tratar con él?”. 

Recordemos que en México el oficio de pepenador alude al que recoge basura o pepena basura en los basureros, verbigracia en los basureros políticos. 

Para terminar este ríspido encuentro en un diálogo entre risas y golpes fuertes en la espalda, Bartlett le dijo “Muy pobre eso”, a lo que Barbosa le espetó “Don Manuel, anda usted de chillón y el hijo de Andrés Manuel se la reconstruye” “Te voy a decir una cosa” “Anda usted de chillón y yo qué culpa tengo” “Tú provocaste” “Ándale don Manuel” ”Provocador”, le dice Bartlett y le dio una palmada en la espalda, “Nadie quiere tratar con usted. Nadie quiere tratar con usted en su bancada, nadie. Nadie quiere tratar con usted, nadie” le dijo Barbosa y se dirigió al salón de plenos. 

Hay que recordarle a estos dos personajes que el hombre es una de las pocas especies que ataca y destruye a sus congéneres, por eso el ser humano debe aprender y debe ser enseñado a no agredir ni psicológicamente ni verbal y menos físicamente a los otros miembros de su comunidad, la agresividad es natural en el hombre pero el hombre puede y debe aprender a convertir la fuerza de la agresividad en fuerza para la concordia, y no para la agresión.