Opinión

Cómo restaurar la credibilidad de nuestros gobernantes

Decía sabiamente Anatole de France: “No hay gobierno popular. Gobernar es crear descontentos.” Es común que los gobiernos democráticos registren un decremento en su aceptación popular, terminado el periodo de encanto con los candidatos electos se constata que el apoyo ciudadano declina y las grandes ilusiones y proyectos, a veces irrealizables, se ven frustrados al no cumplir con las expectativas, gracias también a una mercadotecnia electoral exageradamente costosa y desmedida o a un acto fuera de serie o de programa como el registrado en Iguala, Guerrero.

A partir de este cruel evento constatamos que, la política es una pelea cruenta y pertinaz entre gobierno y la oposición partidista, batalla que se disputa en la prensa hablada y escrita, en la televisión y redes sociales, y en el que toda clase de golpe bajo y de artimaña es válida, desde la crítica política hasta la descalificación personal, donde grupos de inconformes aprovechan  el río revuelto para alcanzar  algún lucro económico político, siempre dentro del anonimato.

La credibilidad de un gobierno se pierde por diversos motivos, como cuando las promesas electorales no se cumplen. Cuando la demagogia es aderezada con la contumaz mentira de los políticos. La impunidad y corrupción se da cuando el poder judicial y el ministerio público solapan la delincuencia. Y substancialmente la inconformidad y el “agandalle” de determinadas élites económicas alientan la insurrección para seguir en el estatus de impunidad.

Es necesario restaurar la credibilidad política y predicar con el ejemplo las líneas de conducta y actuación. La sociedad está muy sentida de esta clase política que sólo sabe practicar la simulación, el engaño y la mentira. El haber permitido la corrupción e injusticias consensuadas como deporte nacional, ha deshonrado a las instituciones y lesiona a la democracia, abriendo una gran rendija donde se ha filtrado y posesionado el crimen organizado, causando un gran daño, hace falta tomar una posición comprometida con los principios morales.

Ha llegado la hora que todos juntos, hombres, mujeres, jóvenes, viejos, todos los mexicanos tengamos el firme convencimiento de actuar dentro de las normas morales, éticas y cívicas, con una política real y humana, alejándonos de los intereses partidarios, haciendo que en el día a día se recupere la confianza, siempre y únicamente con el testimonio de la verdad.

Y aquellas autoridades y políticos que generen incertidumbre y actúen deshonestamente y se vistan con el traje de redentores del pueblo bueno, serán señalados por la sociedad como políticos mentirosos e irresponsables, pues ya es hora de un cambio para  el bien nuestro y de México.