Opinión

¿Qué pasó en Ajalpan?

El pasado 19 de octubre, el Estado de Puebla fue noticia una vez más por otro linchamiento.

¿Qué pasa con los habitantes de Ajalpan? Esta población llamada “Sobre la arena del agua” esta porción de tierra que se enclava en la entrada a la Sierra Negra de Puebla, Tehuacan, tierra que vio nacer al ahora ex presidente del Senado Luis Miguel Barbosa Huerta y de otros ilustres hombres, se vio de pronto envuelta en un acto vil, cobarde de los que no deben suceder, un acto que fue conducido por profesionales del activismo irracional en contra de estos hermanos encuestadores, mas no secuestradores ni siquiera les dieron oportunidad de declarar que hacían en esa, ahora, tierra señalada.

En lo conducente la Constitución en el “ARTICULO 17 dice: Ninguna persona podrá hacerse justicia por sí misma, ni ejercer violencia para reclamar su derecho.”

Si la autoridad constantemente falla y no brinda seguridad a sus gobernados, el Pueblo recurre a la violencia para reclamar su derecho. Sin lugar a dudas el linchamiento es una de las formas más deplorables de violencia. Si la violencia supone siempre el uso de la fuerza para dominar o conseguir algo, en el caso de los linchamientos la violencia exacerba lo más negativo del ser humano, ferozmente asistido del impulso instintivo de apropiación de la vida humana que se manifiesta disfrazado bajo las más variada e hipócrita manera, es una situación de abuso y absoluta desigualdad en la que se busca imponer un castigo físico multitudinario bajo el pretexto de ejercer la justicia y otros satisfactores que el Municipio no ha podido proveer.

Lamentables casos como el acontecido en  Ajalpan nos hacen admitir que, más allá de condenas, las interpretaciones psicológicas o antropológicas o sociológicas son necesarias ya que el debate resulta interminable, por ejemplo: ¿son los linchamientos el producto de un déficit de ciudadanía o de un proceso de construcción estatal inacabado? ¿O un llamado atávico a los habitantes? 

Es necesario contar con  instrumentos que ordenen los hechos para identificar y caracterizar varios aspectos del fenómeno, como es el contexto social, cultural, político y de conflicto de los lugares en donde ocurre, el suceso colectivo protagónico, la presencia de organizaciones radicales en los lugares que se presenta el fenómeno, y  los antecedentes, los indicios o cualquier tipo de manifestación de alguna práctica anormal en el lugar.

Instrumentar el Mando Único es la más acertada medida que tiene el estado para que inmediatamente cuando la autoridad municipal se encuentre en situación de peligro de linchamiento se emita un protocolo de respuesta inmediata que involucre a todas las fuerzas del orden, sobre todo en entidades con alta incidencia de este tipo de eventos, como lo es en algunos lugares del Estado, dándole vista inmediatamente a las comisiones Estatales y Nacionales de Derechos Humanos para que por su parte intervengan en la elaboración de recomendaciones a todos los involucrados así como para acompañar y asesorar a las víctimas y en su caso a sus deudos, inmediatamente el gobierno del Estado en compañía de las personalidades más destacadas de la comunidad, y de las ONGs interesadas implementarán talleres de reflexión sobre las causas del hecho tomando en cuenta programas educativos, tareas de  paz y concordia así como disculpas públicas.