Opinión

Hasta luego, Carmen Aristigui

Desgraciadamente las circunstancias apartan hoy de las ideas de libertad a una mujer que parecía estar destinada a ilustrar a la patria.

 El caso que nos ocupa, el de Carmen Aristegui es uno de esos raros casos en donde da la impresión que combate las verdades por resentimiento, y los principios por medio de los recuerdos de lo pasado, ella ha invocado con valor los excesos del poder público, contrajo el hábito de luchar en contra de los restos dolorosos del régimen revolucionario institucional, siempre en un tono despótico tanto en la verdad como en la disimulada mentira.

Ella no ha podido perdonar al Revolucionario Institucional de haberle desposeído de una porción de gloria imposible de ser reconquistada, su sagacidad era más poderosa que su atrevimiento. Siempre al filo del peligro ante una autoridad amenazante.

Tal vez ella tuvo solo un error acogerse bajo la sombra de una gran utilidad económica que le da la gran audiencia conquistada y aquella voz que otras veces se había hecho bajar del cielo, se puso a combatir en la tierra, abusando del medio del que fue contratada hasta el grado de romper la liga, perdiendo en esta batalla, 1.5 millones de pesos mensuales con los que combatía a los partidarios de la arbitrariedad con la arbitrariedad misma, cosechó un gran número de seguidores por demás incondicionales, como lo constatan las redes sociales.

Tal ha sido la gresca de este caso que la Secretaría de Gobernación se ha visto obligada a dar un comunicado “el Gobierno de la República ha respetado y valorado permanentemente el ejercicio crítico y profesional del periodismo, y seguirá haciéndolo con la convicción de que la pluralidad de opiniones es indispensable para el fortalecimiento de la vida democrática del país”. Me parece acertada esta declaración.

Lo que sucede es que Carmen Aristegui quiere tener la misma influencia que en el pasado, y como perdió esta supremacía de poder, en los tiempos de Fox y Calderón, creyó que los volvería a recobrar, porque siente que su opinión es parte esencial del orden social, y que para restablecer aquella supremacía ante los demás se valió de la redimensión de la noticia, dándole tintes alarmistas, que desembocaron en un ruptura eminentemente contractual, entre el patrón y la trabajadora. Dado que el problema se generó porque los reporteros Daniel Lizárraga e Irving Huerta hicieron uso indebido de la marca MVS sin conocimiento de la empresa y para la administración de la empresa era motivo suficiente para que dejaran sus puestos. Al margen de este conflicto, el clima laboral con la periodista no era el idóneo. Y de hoy en adelante veremos una feroz pelea entre MVS y la Aristegui sobre el contrato en donde una de las cláusulas estipula que debería recibir 30 millones de pesos en caso de despido.